ND40 - Mayo 2010
 

Composición del equipo de gobierno de Sebastián Piñera
El gobierno de la facción compradora
de la gran burguesía chilena

El nuevo gobierno lleva ya casi dos meses en ejercicio tratando de reordenar su programa de gobierno tras las consecuencias del desastroso terremoto del 27 de marzo.

En estas semanas los cuestionamientos por las promesas incumplidas, la tardanza en la ayuda para los damnificados, la torpeza en abordar importantes los problemas y emitir declaraciones, la demora de un plan de ayuda y las polémicas designaciones de los cargos de confianza han ocupado las páginas de la prensa burguesa.

Pero poco a poco el nuevo gobierno venía ajustando su equipo de trabajo y revisando su programa de gobierno. El 14 de abril finalmente presentó su propuesta de “reconstrucción” que lejos de resolver el problema de las amplias masas que lo perdieron todo, apunta a asegurar el punto central del programa económico de Piñera: conseguir para la facción compradora un crecimiento de 6% mediante diversas medidas que incluyen mayor flexibilidad laboral y mayor sometimiento a las potencias imperialistas.

Por veinte años los sucesivos gobiernos de la Concertación -representantes de la facción burocrática de la gran burguesía chilena- consolidaron los planes económicos del imperialismo en nuestro país. En este periodo en la permanente colusión y pugna inherente a las dos facciones de la gran burguesía predominó la colusión mediante la “democracia de los acuerdos” y la facción compradora lejos de verse excluida obtuvo grandes beneficios.

En la campaña electoral de Sebastian Piñera se aludía también a que en su gobierno primaría la colusión entre las dos facciones de la gran burguesía bajo el eufemismo de un “gobierno de unidad nacional”. Pero en el gobierno de Piñera la facción compradora tuvo la oportunidad de colocar a sus representantes directos y no ha desaprovechado la oportunidad y en las primeras semanas de gobierno tal gobierno de “unidad” burguesa no se ha dado. Más al contrario, se viene marcando la hegemonía de la facción compradora, perspectivándose una mayor agudización de las contradicciones interburguesas.
¿Quiénes constituyen el nuevo gobierno?
La historia del Sebastian Piñera como miembro de la facción compradora de la gran burguesía chilena es a esta altura bien conocida (ver al respecto ND35, diciembre 2009). Pero dar un vistazo a los vínculos que sus ministros y subsecretarios tienen con las grandes familias monopolistas nos permite hacernos de una imagen más completa del carácter de clase del nuevo gobierno. Esto es particularmente notorio en la columna vertebral del gobierno, su gabinete económico, todos con estudios en economía en las universidades de Chicago y Harvard y amplia experiencia en administrar los negocios de la burguesía compradora y el imperialismo.

Piñera ubicó en el Ministerio de Hacienda a Felipe Larraín, con amplios vínculos con el imperialismo estadounidense que a través de su consultora Felipe Larraín y Asociados, ha prestado servicios al Banco Mundial, el BID, el Fondo Monetario Internacional y ha asesorado a varios gobiernos de América Latina a implementar las políticas de estos organismos.

Juan Andrés Fontaine está a cargo del ministerio de Economía. Se desempeñaba en la consultora en economía Fontaine y Paúl Asociados, además de investigador asociado del Centro de Estudios Públicos (CEP) y como miembro del consejo directivo del Instituto Libertad y Desarrollo, think tank que desarrolla las propuestas políticas y económicas de la UDI.

Trabajó como director de la empresa matriz del grupo Luksic -Quiñenco-, del Banco Santander y del grupo Mall Plaza. Resguardaba también sus negocios financieros como presidente de la Bolsa Electrónica de Chile desde 2007.

Laurence Golborne se encargará de servir a los monopolios mineros desde la cartera del ramo. Golborne es conocido por trabajar más de ocho años como mano derecha del principal monopolista del retail chileno, Horst Paulmann. Fue bajo la dirección de Golborne que Cencosud se expandió como uno de los principales holdings de retail en Latinoamérica, con operaciones en Chile, Argentina, Perú, Colombia y Brasil, y cuyos ingresos superan los US$10.000 millones anuales.

Como ministro de Agricultura se desempeña José Antonio Galilea, militante de Renovación Nacional, quien fue diputado entre 2002 y 2006, representando a los terratenientes y a los monopolios forestales de la región de la Araucanía.

Por su parte el ministerio del Interior Rodrigo Hinzpeter proviene del directorio de la sociedad SMU, la cual controla el conjunto de las empresas del monopolista Álvaro Saieh, dueño del consorcio periodístico de Chile COPESA y controlador de Corp Banca.

Joaquín Lavín Infante, actual Ministro de Educación proviene de trabajar con los Edwards como parte del equipo directivo de El Mercurio S.A.P. que edita en Santiago los periódicos El Mercurio, Las Últimas Noticias y La Segunda, así como otros 25 periódicos regionales. Jovino Novoa, presidente de la UDI es también asesor jurídico de la empresa de este monopolio de los Edwards.

Magdalena Matte Lecaros, ministra de Vivienda y Urbanismo, es uno de los vínculos de la familia Claro con el actual gobierno. Proviene del directorio de Cristalerías Chile, accionista y directora ejecutiva de Papelera Dimar, y fue directora de Compañía Papelera del Pacífico, Recupac y Corrupac.

El instituto Libertad y Desarrollo, reducto ideológico de la UDI y portavoz de la facción compradora en las comisiones desarrolladas durante los gobiernos de la Concertación es también fuente para numerosos cargos de confianza de la presidencia. Rosanna Costa, directora de Presupuestos ha trabajado en los últimos años en Libertad y Desarrollo como directora del programa económico. El futuro ministro de la Secretaría General de la Presidencia Tomás Flores trabajó también en LyD.

Para el pueblo paulatinamente se derrumban las esperanzas en el nuevo gobierno

Este nuevo gobierno pro-patronal aún no muestra completamente su verdadera cara, pero ya ha venido demostrando su desfachatez para manejar los asuntos de Estado a conveniencia de los grandes grupos económicos. La adjudicación sin concurso público de la provisión de todos los materiales de construcción para las viviendas de emergencia a los tres principales monopolios ferreteros es sólo un ejemplo de esto.

Tras la primera encuesta de popularidad el gobierno de Piñera resolvió zanjar la discusión del alza tributaria determinando un incremento paulatino a las grandes empresas y propiedades por los siguientes dos años, con la esperanza de desprenderse de su etiqueta de “gobierno patronal”. Pero no pasará mucho tiempo para que quede demostrado que en último término el peso de la reconstrucción se viene cargando ya únicamente sobre las espaldas del pueblo.

Las grandes empresas desenvuelven innumerables prácticas para evitar el pago de impuestos, todas ellas muy ajustadas a sus propias leyes. Y en último término el dinero recaudado por esta contribución adicional les será devuelto en la compra de las materias primas y productos para la reconstrucción, a los precios de monopolio que ellos mismos determinen.

Ya la tardanza en la entrega de ayuda ha provocado airadas protestas en la séptima y octava regiones. El desempleo y la crudeza del invierno sin duda agudizarán estas luchas espontáneas. Poco a poco se irá evidenciando que el nuevo gobierno es más de lo mismo.

Cada vez más amplios sectores de nuestro pueblo rechazan seguir siendo gobernados como lo han sido hasta ahora y desenvuelven luchas por mejorar sus condiciones de vida. La misma derrota electoral de la concertación y la apuesta por el gobierno de Piñera es resultado de que aún el pueblo no conoce otra salida distinta a las vanas esperanzas que les presenta la democracia burguesa. Los oportunistas desalojados del gobierno lo saben y buscarán nuevamente cabalgar sobre las masas populares para recuperar el gobierno perdido. Los revisionistas también explotarán el descontento generalizado para trazar nuevos pactos electoreros a fin de aumentar su cuota de participación en el viejo Estado.

Por otra parte entre la creciente protesta popular y las pugnas interburguesas que se agudizan a las clases dominantes se le irá haciendo cada vez más difícil seguir gobernando como lo han venido haciendo hasta ahora. Esto determinará cada vez mejores condiciones objetivas para la revolución.

 
 
 

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