ND38 - Marzo 2010
 

Frente a las desastrosas consecuencias del terremoto entre nuestro pueblo
Comunistas, revolucionarios: tomar la iniciativa

2 de marzo de 2010

Chile ha sido golpeado por un gran terremoto y tsunami. Todos los centros urbanos del centro-sur del país tienen severos daños; prácticamente todos los poblados rurales entre Santiago y Los Ángeles están en gran medida destruidos. Cientos, tal vez un millar de hermanos ha muerto por los derrumbes o las grandes olas.

Nuestro país está emplazado en una zona sísmica, cercado por el océano pacífico y una larga cadena de volcanes activos. Cada tanto tiempo ocurren grandes sismos y erupciones, en cada invierno grandes lluvias inundan alguna zona del país. Sabemos que estos eventos no pueden ser controlados, pero los enormes sufrimientos que acarrean a nuestro pueblo no se pueden atribuir únicamente a las fuerzas de la naturaleza. No todas las viviendas caen demolidas en los sismos sino principalmente las viviendas populares construidas con materiales de mala calidad; no todas las poblaciones se inundan con las lluvias, sino principalmente las poblaciones populares que carecen de adecuados sistemas de desagüe. Si las construcciones de adobe aún existen no es por un especial amor a las casas viejas, sino porque las masas no pueden costear construcciones de buena calidad; si las familias no cuentan con ahorros y recursos para sobrellevar la destrucción no es por su falta de previsión, sino porque deben vivir el día a día con lo justo.

Hoy nuestro pueblo sufre, y la angustia es mucho más aguda entre los más pobres, los que lo perdieron todo, quienes no tienen techo ni propiedades ni ahorros, los proletarios y semiproletarios que en las ciudades y el campo venían desde hace tiempo sufriendo el endeudamiento, la cesantía y la carestía causada por la recesión imperialista, y que ahora sin techo deben sobrevivir con lo puesto y enfrentar los despidos masivos que se producirán en las empresas dañadas; los artesanos, pequeños productores y comerciantes que a duras penas sostenían talleres o almacenes bajo la presión de los monopolios y que ahora destruidos, sin ahorros, están forzados a tomar créditos usureros para reponer sus pocos capitales; los campesinos pobres que se endeudaron con los bancos para producir en sus pocas tierras y que ahora están en peores condiciones de conseguir precios aceptables para sus cosechas dañadas; los pescadores artesanales que venían sufriendo las restricciones en sus cuotas de pesca y que ahora además perdieron sus casas y embarcaciones. Los comunistas y revolucionarios compartimos este sufrimiento, nos debemos a nuestro pueblo y tenemos enormes tareas que desenvolver entre las masas, particularmente entre estas masas más pobres, las que no tienen ya nada que perder más que sus cadenas, las que necesitan más que nunca la revolución.

El terremoto es causado por la naturaleza, pero la catástrofe es causada por las miserables condiciones en que vive de la inmensa mayoría de nuestro pueblo; no es la naturaleza sino la opresión del imperialismo, la semifeudalidad y el capitalismo burocrático lo que convierte la tragedia natural en la catástrofe que hoy presenciamos.

Comunistas, revolucionarios: más de medio país debe ser reconstruido. Sabemos que no podemos esperar nada de este viejo Estado, ningún beneficio para nuestro pueblo. Sabemos que proteger los intereses del pueblo no es el objetivo del gobierno -ni del que sale ni del que entra- ni del congreso, ni de las intendencias ni de los municipios, tampoco de los jueces, la policía ni el ejército. Ellos se deben únicamente a los mezquinos intereses de clase del imperialismo, los grandes burgueses y terratenientes, concentran sus fuerzas civiles y militares en defender la gran propiedad mientras el pueblo, como siempre, debe arreglárselas como pueda. Nosotros podemos y debemos tomar la iniciativa en organizar a las masas. Como parte del pueblo, tenemos la ineludible tarea de promover la organización para resolver nuestros problemas inmediatos de alimentación, vivienda y reconstrucción y para defender los intereses de la inmensa mayoría de los chilenos contra las arremetidas que ya preparan los explotadores nacionales y extranjeros.

Aún cuando seamos muy pocos, aún cuando nos encontremos solos, debemos desenvolver sin demora nuestra actividad entre las masas más pobres. En cada lugar en que nos encontremos debemos impulsar brigadas populares de ayuda mutua orientadas en un principio a resolver los problemas inmediatos, pero teniendo en perspectiva la movilización política de las masas, única forma de asegurar la solución de nuestros problemas.

En las poblaciones hay que organizar a los vecinos para la remoción de escombros y la reparación de las viviendas; los sindicatos deben también preocuparse por las condiciones de vida de sus asociados; estudiantes de educación superior deben organizar equipos técnicos que evalúen las viviendas, las instalaciones de electricidad y agua y apoyar también las tareas de limpieza y reparación; los profesores de enseñanza media pueden colaborar organizando a los estudiantes secundarios para que sean parte de las brigadas de trabajo; los profesores de enseñanza básica pueden apoyar realizando actividades con los niños pequeños durante las faenas; los trabajadores de la salud pueden organizar campañas de atención médica a las zonas más alejadas y educar en el manejo de enfermedades que se derivarán de las precarias condiciones sanitarias en que será forzado a vivir nuestro pueblo. No sólo las viviendas deben ser reparadas, entre los campesinos pobres debe también organizarse la reparación de acequias, pozos y canales y la colaboración mutua en las tareas de cosecha y en la realización de huertas colectivas para cubrir las necesidades de alimentación en los meses siguientes; entre los pescadores artesanales se debe además organizar la reparación de embarcaciones, redes y muelles.

Debemos sumar a todos quienes estén dispuestos a desenvolver estas tareas bajo el principio de utilizar principalmente nuestras propias fuerzas y no pidiendo, sino exigiendo recursos del viejo Estado, que no es sino exigir que se restituya lo que éste toma de nosotros.

Al mismo tiempo estas brigadas deben preparar las necesarias luchas contra las arremetidas de la gran burguesía, los terratenientes y los imperialistas que aprovecharán la mayor precariedad del pueblo para reimpulsar sus tentativas reaccionarias. La reconstrucción intentará ser cargada a las espaldas de las masas. Habrá que resistir a las embestidas del gran capital que especulará con los precios de alimentos y energía; habrá que resistir a la usura de los bancos en los créditos para la reconstrucción; habrá que resistir a la flexibilidad laboral y la precariedad que se intentará imponer en los empleos; habrá que resistir a los bancos también en sus intentos por arrebatar las tierras de los campesinos pobres que se vean impedidos de pagar sus hipotecas. Y habrá que exigir la pronta habilitación de albergues y viviendas de emergencia; la urgente reparación de los hospitales, postas y consultorios; la disponibilidad de ropa, alimentos y combustibles a bajo costo.

Debemos construir las brigadas de ayuda mutua bajo la orientación de nuestra línea de masas, sirviendo de todo corazón al pueblo, practicando el centralismo democrático y resolviendo los problemas de cara a las masas promoviendo la crítica y la autocrítica. Nuestras tareas de propaganda y agitación política deben desarrollarse simultáneamente. Debemos sostener una permanente denuncia a los explotadores que intenten aprovechar la situación de nuestro pueblo, a su viejo Estado que defiende sus intereses, como también a los revisionistas y toda clase de oportunistas que intentarán sacar sus habituales prebendas electoreras. Debemos demostrar a las masas que la organización bajo una línea democrática y revolucionaria es el único camino beneficioso para nuestro pueblo.

El país necesita reconstruirse y no será el viejo Estado ni los grandes patrones quienes lo hagan, será el trabajo de todo nuestro pueblo ¿permitiremos que nuestro trabajo sirva nuevamente a la gran burguesía y los terratenientes? ¿O bregaremos porque esta reconstrucción sea un impulso en el camino de la revolución chilena? Comunistas, revolucionarios: recuperarnos de la actual devastación tomará mucho tiempo y será muy duro para nuestro pueblo. Tenemos inmensas tareas por delante. No cejemos en impulsar la reconstrucción mediante la unidad del pueblo en nuevas formas de organización de las masas, organizaciones amplias y flexibles que permitan aunar a todos los elementos democráticos y revolucionarios que paulatinamente irán reconociendo la necesidad de impulsar la revolución y en consecuencia se dispondrán a colaborar decididamente en las tareas políticas de reconstitución del Partido y de preparación de la guerra popular.

Comunistas, revolucionarios: tomar la iniciativa.
¡Trabajar codo a codo entre las masas!
¡Promover la unidad del pueblo de Chile!
¡Organizar brigadas populares de ayuda mutua!

UNIÓN DE REVOLUCIONARIOS COMUNISTAS (MLM) DE CHILE

 
 
 

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Declaración Conjunta con motivo del 1º de Mayo
¡La Revolución Proletaria Mundial, hoy más que nunca una necesidad histórica!

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