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Masivas protestas en Copenhague
Decenas de miles de manifestantes se congregaron durante varios días en la Plaza de Christiansborg, frente al parlamento danés para exigir medidas para la protección del medio ambiente a los representantes de los gobiernos imperialistas y de sus semicolonias que se congregaron en la ciudad de Copenhague, convocados por las Naciones Unidas.
Los manifestantes mayoritariamente llevaban pancartas contra el “cambio climático”, mientras algunos con mayor grado de conciencia política exponían en sus lienzos “Cambiemos al capitalismo, no al clima”
El 13 de diciembre unas 30.000 personas se congregaron en las inmediaciones del Bella Center de la capital danesa, lugar donde se desarrolla la cumbre. El 16 de diciembre alrededor de 10.000 manifestantes marcharon hacia el Centro de Convenciones.
Los manifestantes denunciaban la fuerte represión policial que recibieron, con la utilización de gas pimienta en espray y el uso violeto e indiscriminado de bastones policiales. Con respecto a la utilización del gas represivo un manifestante reclamaba “quema como fuego, pero lo peor es que uno comienza sufrir otras reacciones orgánicas, no se puede recuperar el aliento y se experimenta una especie de pánico”. Otro manifestante denunció que los policías realizaron persecuciones con perros y muchos detenidos fueron trasladados hacia unas jaulas-conteiner habilitadas en las inmediaciones del evento mundial, con las manos esposadas a la espalda con amarras plásticas. En total, unos 1.500 manifestantes habían sido detenidos por las fuerzas represivas, sin embargo, la protesta no declinó.
Luego de 15 días finalizaba la cumbre climática sin lograr acuerdos vinculantes para los países imperialistas, cosa que no debiera extrañar. En un documento que no expresa más que buenas intenciones, los gobernantes se “comprometieron” a reducir las emisiones y a una limitación al aumento de temperaturas máximas en dos grados centígrados.
Para los comunistas, si bien los problemas ambientales son algo importante a considerar en la construcción de una nueva sociedad, el problema de fondo lo encontramos en el modo de producción capitalista y su carácter predatorio. El problema ambiental no escapa de la lucha de clases pues son los grandes monopolios imperialistas los que más contaminan y contra ellos debe ir dirigida nuestra lucha (al respecto ver ND11, “Calentamiento global ¿Somos todos culpables?”). Y en Copenhague los afanes imperialistas por reflotar la economía a cualquier costo quedaron en evidencia al desestimarse cualquier medida que pudiera frenar sus esfuerzos por revivir al capitalismo agonizante.
También durante la cumbre se pusieron de manifiesto una vez más las contradicciones entre los países imperialistas y las semicolonias. Esta vez fueron los gobernantes africanos los que sacaron a la luz que no está en los planes imperialistas detener la política de agresión y saqueo, que no está en los planes imperialistas invertir para industrializar a los países dependientes y menos aún que sus escazas industrias sean menos contaminantes.
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