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Editorial
Desechar las ilusiones,
unirnos para demoler al viejo Estado
Es importante insistir en la necesidad histórica de la revolución. Sin embargo, en torno a esta idea fundamental son cientos los activistas que aún sostienen ilusiones electorales, ilusiones constitucionales. Piensan que la táctica electoral es un “espacio”, “una forma de lucha”, que “forma parte de la etapa previa, pues ahora las masas están atrasadas”. Incluso llegan a afirmar que luchar contra las elecciones no es necesariamente revolucionario y que participar en ellas no es contrario al camino revolucionario. Esta ambigüedad es justamente la ilusión que la contrarrevolución y el sistema electoral buscan provocar en las masas ¿Quiénes son los realmente confundidos? ¿Quiénes están verdaderamente confundidos?
Es más, con cierta claridad se llega a plantear que Piñera o Frei son lo mismo. Sin embargo, reconocen que en el caso de que Piñera resulte presidente, parte de la Concertación, que aún permanece en el gobierno, pasaría a la oposición y desde ésta comenzaría a impulsar el movimiento de masas. Ahora, bajo la lógica de la posición antes descrita, las cosas deberían marchar hacia una gran convergencia de todas las fuerzas izquierda, realización de una asamblea constituyente, eliminación del sistema binominal, restablecer el capital monopolista estatal, todo en nombre de “la táctica, la táctica”, olvidándose del carácter genocida de las fuerzas armadas y de orden, olvidándose -si es que alguna vez las sostuvieron- de las leyes de la lucha de clases en nuestro país.
Sostener en el siglo XXI la táctica electoral no es sólo un anacronismo, sino que también es claramente una manifestación de una línea oportunista de derecha entre los sectores revolucionarios que abrigan esta ilusión. Junto al oportunismo de izquierda, es decir, a la acción anarquista y/o “insurreccionalista”, constituyen las dos caras de una misma moneda. En el primer caso se rezagan respecto de las masas y en el segundo se separan de ellas pretendiendo ir más adelante. Con estos sectores consideramos necesario debatir y polemizar.
Distinto es el caso del revisionismo y el oportunismo de la camarilla Tellier-Carmona, así como el oportunismo desembozado del engendro PS-PPD, o del PDC y del PRSD o también de la ambigüedad de otras agrupaciones revisionistas menores (especialmente en sus direcciones), independientemente de las tendencias socialcorporativistas y socialfascistas que predominan hoy en estos partidos. Con respecto a todos ellos, no cabe duda respecto a su ubicación en el campo contrarrevolucionario, la táctica electoral se ha constituido para ellos en su estrategia para la acumulación de fuerzas en el marco de la defensa del viejo Estado chileno (dictadura de grandes burgueses y terratenientes).
Nosotros hacemos un llamado a reivindicar las tradiciones de lucha del pueblo chileno, llamamos a los elementos honestos y democráticos del pueblo a unirse a los sectores revolucionarios, a retomar su lucha contra el varias veces centenario atraso del país, a retomar la lucha contra las causas profundas que provocan la miseria del pueblo, es decir, a retomar la lucha contra el caracter semifeudal y semicolonial de Chile; los llamamos a retomar la lucha anti-imperialista consecuente (contra los yanquis principalmente pero no únicamente), los llamamos en definitiva a luchar por la conclusión de la Revolución Democrática (o Revolución de Nueva Democracia) mediante la Guerra Popular en marcha ininterrumpida hacia la revolución socialista y comunista. ¿Qué cosa sino todo esto ha estado en el fondo de las luchas estudiantiles, las huelgas obreras, la lucha por recuperar la tierra del campesinado pobre mapuche, en la protesta juvenil?
Pueblo chileno:
¡Unámonos para demoler el viejo Estado burgués-terrateniente chileno y expulsar al imperialismo yanqui!
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