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¿Qué hay detrás de la muerte de Eduarto Frei Montalva?
Durante las últimas semanas la prensa burguesa ha inundado sus páginas refiriéndose al caso del asesinato del ex presidente democratacristiano Eduardo Frei Montalva en 1981 y presentarlo como una “víctima de la dictadura”, como un personaje que “pagó con su vida el defender los derechos humanos”.
Diversos representantes políticos de la gran burguesía han simulado ante las cámaras su “consternación” ante la noticia, y han recordado al “Frei demócrata”. Desde siempre se ha sabido, como un secreto a voces que la muerte de Frei Montalva no fue natural, sino un asesinato. ¿Por qué aparece ahora como noticia? ¿Por qué se intenta tras casi 30 años presentar a un títere del imperialismo yanqui como un amigo del pueblo? Quienes vivieron esos años, no recuerdan a Frei Montalva por ser un “defensor popular”, sino que, todo lo contrario, lo recuerdan por postrarse a los pies del gobierno norteamericano y reprimir furiosamente las luchas de las masas. Su muerte en realidad tiene poca relación con la defensa de la democracia burguesa, más bien fue el resultado de las pugnas interburguesas, el precio que pagó por pretender controlar algunos resortes del gobierno de la nación al servicio del imperialismo yanqui. Frei Montalva, representante de la burguesía burocrática fue presa de la ofensiva de la burguesía compradora, envalentonada por el respaldo que le daba el imperialismo yanqui, al que mostró siempre tanta fidelidad.
Detenerse a revisar los hechos que rodean al gobierno de Frei Montalva y su muerte nos permitirá reconocer cómo la burguesía tuerce la historia e intenta escribirla a su favor.
El carácter proimperialista del gobierno de Frei Montalva
a) Penetración de capitales imperialistas yanquis: Eduardo Frei Montalva pasó tristemente a la historia como uno de los personajes que más se esforzó por cumplir los mandatos impuestos desde Estados Unidos, extrayendo cantidades crecientes de plusvalía que fueron a parar a las arcas de los grandes monopolios norteamericanos. Según datos del periódico El Pueblo, Nº3, de junio de 1969, durante cuatro años de gobierno de Frei Montalva, la penetración de capitales monopolistas estadounidenses en Chile fue superior a los once años anteriores a 1964 (más de 220 millones de dólares en industrias y más de 200 millones de dólares en el cobre). Pero como la inversión imperialista no busca “crear empleos” ni “ayudar al desarrollo del país”, sino saquear las semicolonias. Solamente durante 1968 las empresas imperialistas yanquis se llevaron más de 400 millones de dólares en ganancias. Mientras tanto las masas obreras y campesinas de Chile eran presa de medidas que terminaron por elevar en varias veces el costo de la vida.
Frei Montalva cumplía así de forma excelente su rol de pelele del imperialismo yanqui: extrayendo jugosas ganancias que salían del sudor y sufrimiento del pueblo chileno para ir a parar directamente a las manos de los grandes monopolios y de los grandes terratenientes, quienes siempre han sido obedientes a los mandatos imperialistas y con quienes estos últimos refuerzan el carácter semicolonial y semifeudal de nuestro país.
b) Reforma Agraria a la medida de los grandes terratenientes: Durante la segunda mitad de los años 50 las luchas populares evidenciaron un ascenso. En las ciudades, los mítines terminaban casi siempre en enfrentamientos con las fuerzas represivas; los campesinos pobres, entre ellos los mapuche, se movilizan recuperando sus tierras y expropiándolas de forma directa.
Esta situación no era exclusiva de Chile, en toda Latinoamérica las masas se lanzaban a la lucha por tomar las tierras en manos de los grandes latifundistas y ponerlas en funcionamiento. Los campesinos pobres, por esta vía, exigían la implementación de una Reforma Agraria, entendida como acceso directo y control de la tierra.
El imperialismo yanqui, al ver que para inicios de los 60 la situación se les ponía cuesta arriba, lanza una nueva ofensiva: por medio de la Alianza Para el Progreso mandata a los gobiernos de América Latina que lleven a cabo una Reforma Agraria. Pero al contrario de lo que exigían las masas campesinas, la Reforma Agraria imperialista no soluciona las necesidades de los trabajadores, sino que más bien sirve de freno para la ascendente lucha; reestructurara el viejo Estado; perfeccionara la explotación en el campo, por considerarla como poco rentable y traspasa a la gran burguesía las políticas de crédito agrario y préstamos de fomento, que hasta ese momento eran controladas por los terratenientes.
La reforma agraria impulsada por el imperialismo yanqui se llevó a cabo en Chile desde 1962, bajo el gobierno de Arturo Alessandri y pasó a ser conocida como “Reforma Macetero” al no expropiar nada más que 491 predios que fueron repartidos entre los amigos de los funcionarios del viejo Estado.
Posteriormente, en 1965 Eduardo Frei Montalva, envía al Congreso un nuevo proyecto de Reforma Agraria, que será aprobado el 28 de julio de 1967. Pero esta nueva ley (nº 16.640) no incluía animales, máquinas, herramientas y bienes muebles dedicados al cultivo, todos ellos bienes que los terratenientes habían adquirido mediante la explotación de los campesinos a lo largo de años. Sin contar con los materiales mínimos para el trabajo y la subsistencia, los campesinos tuvieron que vender las tierras a los grandes terratenientes y volver a las funciones de jornaleros.
Tres años más tarde el gobierno de Frei promulga la ley nº 17.280, que según afirmaba, tendría la finalidad de corregir los vicios de la Ley nº 16.640. Mas en la práctica los mismos vicios siguieron existiendo, por una razón muy simple: porque la Reforma Agraria emprendida por Alessandri y luego por Frei no tenían por objetivo solucionar los problemas de las masas campesinas, sino que solamente cumplir con lo que la Alianza Para el Progreso había establecido.
c) Carácter de clase de la Reforma Agraria: El 3 de abril de 1970 los dirigentes de los terratenientes de Osorno se entrevistaron con Frei Montalva en Santiago, para quejarse sobre las constantes tomas de terreno que los campesinos llevaban a cabo. Al término del encuentro con Frei, los terratenientes declararon: “El Presidente de la República nos aseguró que aplicará la ley a los elementos que ocupen los fundos en la provincia de Osorno, ante una petición nuestra en tal sentido”.
El 7 de abril de 1970, el terrateniente Mario Momberg Soriano -presidente de la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno (SAGO)-, en una reunión de terratenientes de Cautín, Valdivia, Osorno y Llanquihue, daba a conocer parte de la reunión con Frei en Santiago de la siguiente manera: “El Presidente de la República condenó la violencia en los campos de Osorno y se interesó vivamente por los planteamientos que le formularon los representantes del sector agrícola. Conoció también todos los antecedentes del clima de agitación a que están enfrentados los agricultores de la zona como consecuencia de la escalada de ocupaciones ilegales de predios que vienen poniendo en practica las organizaciones de trabajadores agrícolas, instigados por reconocidos dirigentes políticos”.
Mientras tanto, ese mismo día, Frei Montalva se entrevistaba en Santiago con el diputado del parlamento de Alemania Occidental, Haut Freihers von Kuhlman Stumm, un reconocido explotador latifundista que poseía una propiedad de 400 hectáreas en Osorno, dedicadas a la ganadería, quien le exigió a Frei que diera garantías para la importación de capital en maquinarias y humano. Y por supuesto que Frei dio garantías, lo que demuestra una vez más el verdadero carácter de clase de la reforma agraria, hecha por los yanquis a la medida de los grandes capitalistas y terratenientes. Según reconocía el propio vicepresidente de la CORA, Rafael Moreno, los latifundistas chilenos habían aumentado sus inversiones en el campo en más de 120%, desde que comenzó la reforma agraria.
d) Garantías a la gran burguesía y los terratenientes: El ascenso de las luchas populares en el campo y la ciudad logró sobrepasar las políticas de Estado y desbordaron la legalidad de los sindicatos amarillos y las Juntas de Vecinos que levantó el gobierno para cooptar las organizaciones de masas. Las tomas de fundo que entre 1961 a 1965 contabilizaban ocho, se extendieron como reguero de pólvora, tanto así que sólo en 1968 ya habían sobrepasado las cuarenta. Lo mismo sucedía con las huelgas campesinas: en 1961 se produjeron tan solo 7, pero durante 1968 estas se habían multiplicado alcanzando un número de 647.
Este repunte en la lucha llevó a que los grandes capitalistas y terratenientes, aterrorizados, exigieran al gobierno reprimir toda manifestación popular. Las exigencias terratenientes tenían dos partes: una que el gobierno reprimiera a los campesinos y otra que consistía en que hiciera la vista gorda frente a los grupos de latifundistas armados que desde 1967 comenzaron a operar, especialmente, desde Talca hacia el sur.
Por su parte, el gobierno de Frei cumplía al pie de la letra estas exigencias y daba garantías a los latifundistas para poner atajo a la “insolencia” campesina.
Frei Montalva, que había levantado su campaña presidencial bajo el lema “Revolución en Libertad”, se quitaba la máscara “democrática” para empuñar las armas contra el pueblo de Chile. Para 1969 el gobierno ya había emprendido seis masacres al pueblo de Chile: la de El Salvador, la efectuada en el Paro Nacional de 1967, la de pobladores de Arica, la de Puerto Montt, la de la San Miguel y la de Copiapó. Masacres que sumaban más de dos docenas de asesinatos y miles de heridos a bala. Frei se encargó, además, de renovar totalmente el armamento del “Grupo Móvil” (hoy Fuerzas Especiales), incorporando a su arsenal nuevas armas mortales, incluyendo tanques. Con lo que superó en muchos aspectos al propio ejército.
La patronal, sin embargo, campeaba con sus grupos armados con la venia del gobierno. Los patrones de fábrica, junto al “Grupo Móvil” montaron la farsa de un incendio en “Saba”, encarcelando por un año a 19 obreros. Los latifundistas, al amparo de sus cuadrillas armadas, recorrían en sus autos y avionetas las tierras en conflicto, provocando a los campesinos y golpeando a los periodistas. El gobierno de Frei Montalva reforzaba este accionar movilizando a sus “Ministros en Visita”, que por medio de procesos arbitrarios, allanaba domicilios con órdenes amplias, encarcelaba a estudiantes, profesores y a sus familiares. Luego, mediante la tortura se les arrancaban confesiones al gusto del gobierno.
e) Planes imperialistas en la educación: Durante el gobierno de Frei Montalva se dicta la obligación de rendir la Prueba de Aptitud Académica (PAA) para todo quien quiera ingresar a la Universidad. Esta no es una medida que el gobierno haya tomado para implementar mejoras en la educación superior. Muy por el contrario, la implantación de la PAA (hoy PSU) es una copia de los test yanquis para ingresar a la educación superior. Con la aplicación de estas pruebas lo que se hace es cerrar la puerta de ingreso a las masas populares y así reducir los gastos estatales en educación.
Con la PAA el gobierno de Frei persigue dos objetivos: disminuir el gasto estatal en educación, cerrando el paso a las masas pobres e implantar oficialmente una forma de educación dogmática y memorística, que prepare a los estudiantes para solamente recibir y cumplir órdenes una vez egresados de la educación superior.
Dentro de los planes imperialistas, Frei impulsa también el proyecto de la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL) para la educación en Chile. El proyecto de la CEPAL actuaba como parte de los planes contrainsurgentes para frenar la lucha de las masas que mediante protestas venían exigiendo más y mejor educación, con medidas que buscaban aumentar la cobertura en la educación básica y media utilizando planes que tenían por único fin el aumentar la capacitación de la mano de obra.
Frei Montalva y el Golpe de Estado
a) Del apoyo a la Junta Militar Fascista a la “oposición”: Durante todo su gobierno Eduardo Frei Montalva se comportó como un excelente obedecedor de los mandatos norteamericanos, lo que le valió convertirse en el regalón de yanquilandia. Desde 1962 hasta 1973 la CIA entregó a la Democracia Cristiana más de 20 millones de dólares para que ésta implementara sus planes en Chile. En los últimos días del gobierno de Frei Montalva, durante la campaña electoral presidencial, la CIA llevó a cabo diversas acciones subversivas para impedir que Allende llegara a la presidencia. Según el ex director de la CIA, Richard Helms, tales acciones se llevaron a cabo bajo el conocimiento de Frei.
El imperialismo yanqui no iba a tolerar que Chile, su semicolonia, pasara a manos de la otra superpotencia imperialista, la Unión Soviética. Frei, teniendo conocimiento de ello, cumplía una vez más su papel de pelele de Estados Unidos y, al mismo tiempo, pensaba que mostrando fidelidad a sus amos y sacando a Allende del gobierno, los yanquis lo premiarían poniéndolo a él y a los suyos nuevamente en la presidencia.
Así fue como Frei no tardó en anunciar su júbilo ante el golpe de Estado y el fin del gobierno de la UP. En calidad de ex presidente, concurrió el 18 de septiembre de 1873 al Te Deum de la Junta Militar Fascista. Poco tiempo después, el 8 de noviembre de 1973, envía una carta al líder de la Democracia Cristiana Mundial, Mariano Rumor, donde da cuenta de lo que sucede en Chile y argumenta su apoyo a la Junta: “Las Fuerzas Armadas -estamos convencidos- no actuaron por ambición. Más aún, se resistieron largamente a hacerlo. Su fracaso sería ahora el fracaso del país y nos precipitaría en un callejón sin salida”.
En 1974, en su Prólogo al libro de Genaro Arriagada “De la vía chilena a la vía insurreccional”, declara: “La verdad es que las Fuerzas Armadas actuaron cuando ya se había extendido por el país una clara sensación de anarquía, cuando la Constitución había sido evidentemente transgredida, y cuando ellas mismas se sintieron amenazadas”.
Un año más tarde, en “Bases para una reconstrucción”, Frei Montalva sostiene: “En el mundo entero las Fuerzas Armadas juegan hoy un importante papel en la gran política del Estado... de manera que pueden realizar un aporte permanente no sólo en sus tareas profesionales relativas a la seguridad nacional sino también a otras, como la planificación, el desarrollo y el avance tecnológico.
Debemos reconocer que uno de los vacíos en el funcionamiento de nuestro sistema democrático fue no reconocer este hecho a tiempo y pensar que las Fuerzas Armadas podían permanecer ajenas a los problemas de la vida nacional”.
Durante este período, Frei Montalva se deshacía en alabanzas a la Junta Militar Fascista, hasta el punto de llegar a falsificar la historia con estupidez de que las Fuerzas Armadas de Chile tienen una tradición “democrática”. Estos golpecitos en la espalda eran expresión de las tentativas de volver a la presidencia –una vez que las Fuerzas Armadas “corrigieran la anarquía” – y, al mismo tiempo, representan los exámenes de buena conducta que Frei Montalva presentaba al imperialismo yanqui, diciendo “amén” a todo lo que éste dictara.
Pero a pesar de todas sus genuflexiones ante el imperialismo, los yanquis comienzan a desestimar el papel del Frei y su partido, pues a esa altura ya mantenían relaciones directas con la Junta Militar Fascista y deciden poner fin a las remesas a la DC. Esto provocó que Frei Montalva comenzara a buscar nuevos aliados.
Como nos evidencia la historia el giro dado por Frei Montalva frente al gobierno de la Junta Militar Fascista no surgió producto de una repentina “fiebre democrática”, sino de ver que mientras la Junta, representando a la facción compradora de la gran burguesía, se afianzaba en el gobierno, él y su sector de clase se quedaban abajo del carro.
Desde su impotencia, al ver que se alejaban sus posibilidades de volver al gobierno, Frei Montalva se contacta con algunos militantes DC para que se retiren del gobierno y así coordinar una “oposición” a los pinochetistas.
En 1977 Frei se “opone” tibiamente a la “Consulta Nacional” con la que el gobierno pretendía dar la imagen de “apoyo ciudadano”. Un año y medio más tarde Frei se reúne con los dirigentes del P“C” revisionista para buscar la forma de encontrar los puntos comunes desde los cuales impulsar un movimiento en contra del gobierno que terminara en una salida pactada y la “vuelta a la democracia”. En 1980 Pinochet convocaba a un plebiscito para aprobar su Constitución. En aquella ocasión Frei Montalva, desde una concentración en el Teatro Caupolicán, llamó a rechazar el plebiscito por considerarlo “ilegítimo”.
Ya como líder de la “oposición” Frei Montalva participa en distintos actos junto a los sindicalistas amarillos: Tucapel Jiménez y Manuel Bustos. Con el primero se reúne en agosto de 1981 en la Vicaría de Pastoral Obrera, donde se constituye el Comité Coordinador de Libertad Sindical. Para entonces la Junta ya tenía montada toda una estructura, con apoyo de la CIA, para eliminar a todos los líderes de oposición, dentro de los cuales ya se contaba Frei Montalva. Frente a la “oposición” de Frei Montalva, el Ministro del Interior, Sergio Fernández salió a decir que: “Aquellos que de una u otra forma estén comprometidos en esta campaña del marxismo… están siendo cómplices o coautores con el marxismo en esta materia y tendrán que sufrir las consecuencias”, quien se refería como ‘marxismo’ a casi toda la oposición al regimen de la Junta Militar Fascista. Ante las protestas de Frei por las declaraciones del Ministro, Pinochet salio a dar un espaldarazo a Fernández, diciendo que se tomarían medidas contra todos quienes fuera necesario, aunque se tratara de “grandes” y días después (21 agosto), agregaba que no se eximiría de responsabilidad a aquellos que: “habiendo sido opositores al marxismo, pactan con sus representantes”, en alusión a las componendas de Frei con el P“C”.
b) El asesinato a Frei Montalva: A mediados de noviembre de 1981 Frei Montalva sufría las molestias de una esofaguitis producida por una hernia en el hiato y decide internarse en la Clínica Santa María. Días después los médicos advirtieron que se habían presentado “complicaciones” y volvieron a operar el 6 de diciembre. Al otro día informaban que se había declarado un proceso infeccioso que motivó una nueva operación de urgencia. El equipo médico indico que al no poder poner fin al cuadro infeccioso se vieron obligados a volver a operar el 17 de diciembre. Un mes después (22 enero 1982) Frei Montalva fallecía.
El gobierno informó que el fallecimiento era producto de “causas naturales”, pero nadie creía en su versión. De inmediato surgieron las sospechas sobre el equipo médico y la versión del envenenamiento cobraba cada vez más validez. A pesar de que las sospechas sobre el asesinato eran creciente y se sumaban nuevos antecedentes, la exhumación del cadáver de Frei Montalva, sólo logró llevarse a cabo el 22 de septiembre del 2004 (después de 15 años de gobiernos de la Concertación).
Los estudios luego de la exhumación arrojaron como resultado que mientras estuvo hospitalizado se le aplicó “Transfer Factor” (factor de transferencia), producto que estaba en experimentación. La aplicación de Transfer Factor provocó que Frei alcanzara un nivel de endotoxinas superior a lo normal, ocasionando una descompensación que deprimió su sistema inmunológico.
La doctora Carmen Cerda, que analizó los restos de Talio y mostaza sulfúrica encontrada en el cuerpo de Frei Montalva, concluyó que estas sustancias: “No se corresponden ni con los alimentos ni con los medicamentos que recibió el señor Frei durante su hospitalización. Además, es posible establecer que ellas le fueron administradas, al menos, en tres ocasiones diferentes. Debido a ese tipo secuencial y simultáneo de suministro, el efecto de los productos se potenció, haciendo posible que, con menores dosis, el efecto final fuera igualmente mortal”.
A esto se suman otros antecedentes como los seguimientos de la DINA a Frei Montalva y la instalación de micrófonos en su hogar días antes de la hospitalización. Todo ello demuestra que el asesinato fue planificado y gestado por los organismos de inteligencia de la Junta Militar Fascista.
El gobierno yanqui, mediante la CIA, siempre tuvo noticias de los movimientos para asesinar a Frei Montalva, pero no intervino, por la simple razón de que pretendía que la Junta se mantuviera en el gobierno por un buen tiempo más y porque el desplazamiento de la burguesía burocrática del gobierno por parte de la burguesía compradora le daba buenos dividendos. Recordemos que un sector de la burguesía burocrática (parte de la DC y la UP) buscaban aliarse con el socialimperialismo soviético y eso era un escollo para el gobierno de Estados Unidos en sus planes de profundizar su penetración en Chile. A fin de cuentas a los yanquis poco les importaba si su control sobre Chile lo ejercían mediante un gobierno demoliberal o mediante un gobierno militar. Lo que realmente les importaba era que quien estuviera en el gobierno aplicara sus planes al pie de la letra y si para ello debían entenderse con una u otra facción de la burguesía era una cuestión secundaria. Una prueba de ello es que luego los yanquis apoyan la salida de la Junta Militar Fascista y la vuelta a los gobiernos demoliberales con Patricio Aylwin.
¿Por qué se saca a la palestra el asesinato de Frei Montalva?
Desde el principio se supo que la muerte de Eduardo Frei Montalva no había sido producto de “causas naturales”, sino que de un atentado. Pero a lo largo de los gobiernos de la Concertación no hubo esfuerzos serios por aclarar la situación. Es más, durante el gobierno de su hijo, Eduardo Frei Montalva, no se apreció ningún avance al respecto. Incluso, el mismo Eduardo Frei Ruiz- Tagle se encargó de traer a Augusto Pinochet para que no fuera juzgado en el exterior y una vez en Chile le aseguró una confortable estadía. Entonces, ¿por qué ahora desde el gobierno se moviliza a toda la maquinaria para poner el tema sobre la mesa?
Las respuestas a esta interrogante son las siguientes:
- El gobierno utiliza este tema para extender una cortina de humo sobre los reales problemas de las masas, para preparar nuevas arremetidas contra ellas en medio del nuevo ascenso de la lucha popular que se viene dando a lo largo y ancho de todo el país.
- Otra de las razones para sacar a la palestra el asesinato al regalón de yanquilandia se enmarca en la nueva táctica de generar la imagen de que los gobernantes, en su vida, sufren tanto o más que las masas trabajadoras. La Concertación ha visto como explotar la idea de que la familia Bachelet ha sido “víctima de la dictadura” le otorga a la presidente una supuesta identidad con las masas.
- Una tercera razón, es que según los mismos concertacionistas, Eduardo Frei Ruiz-Tagle es “aburrido” y tiene “poco que ofrecer”. En este sentido el presentarlo como “cercano a la gente” generaría una cierta empatía, un “plus” que lo ayudaría en su actual carrera presidencial.
- Sacando nuevamente el tema de la muerte de su padre, Eduardo Frei Ruiz-Tagle y la Concertación buscan inculpar directa o indirectamente a la “derecha” y con ello al candidato de la Alianza, Sebastián Piñera.
En resumen, puede afirmarse que las razones para que la muerte de Eduardo Frei Montalva sea hoy tema de portadas de diarios burgueses y noticiarios de la misma línea, son: tender una cortina de humo sobre los problemas reales de las masas y utilizar el asesinato a Frei Montalva como una artimaña para sumar votos en las elecciones presidenciales.
Realmente no existe siquiera la intención de aclarar el tema. Citemos, por ejemplo, que desde el gobierno no ha habido ni la más mínima palabra para referirse a las responsabilidades del imperialismo yanqui y más específicamente de la CIA en el asesinato; los líderes concertacionistas culpan de la muerte de Frei a lo que denominan como la “derecha civil”, pero al mismo tiempo se esfuercen por desmarcar a las Fuerzas Armadas del asesinato, diciendo que “no hay responsabilidades institucionales”.
Por otra parte, el que existan suficientes pruebas para comprobar el asesinato y aún así los inculpados en el caso hayan salido libres de polvo y paja, demuestra el verdadera red de protección con que hasta el día de hoy cuentan los funcionarios de inteligencia de la Junta Militar Fascista. Pero lo que es más importante, demuestra que los centros de justicia del Estado burgués-terrateniente están hechos para amparar los actos criminales cometidos por las clases monopolistas que lo controlan. Si hasta ahora los tribunales no han logrado dar con los principales responsables de la muerte de un representante de la facción burocrática de la gran burguesía, menos aún podrán aplicar la justicia para las masas populares.
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