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Tras ocho años de invasión
los imperialistas pierden Afganistán (Segunda parte)
En el número anterior de Nueva Democracia vimos como luego de ocho años de invasión a Afganistán, las tropas USA/OTAN, lejos de liberar a la población de dicho país, buscan someterla aún más al hambre de las potencias imperialistas, para extraer del pueblo hasta la última gota de sudor y sangre. En el número actual veremos como para ello los imperialistas y los gobiernos locales lacayos recurren a sus viejas tácticas (guerra contra las masas y elecciones) para lograr su objetivo.
Guerra contra las masas
Bajo el subterfugio de combatir a los “terroristas talibanes” el imperialismo yanqui y las tropas de la OTAN han desatado desde el 2001 una guerra indiscriminada en contra de las masas afganas, la que se ha extendido a Pakistán en el último tiempo. Desde el primer día de declarada la “guerra al terrorismo” las tropas USA/OTAN han arrojado poderosos misiles, bombas de fragmentación y bombas de fósforo, los que cubren una amplia zona, por lo que es imposible sostener que la guerra es sólo contra “Al Qaeda” o que persigue acabar selectivamente con los talibanes.
Los imperialistas vienen repitiendo constantemente en sus declaraciones que para sus ataques militares cuentan con armas de precisión -como los drones (aviones no tripulados), misiles teledirigidos, GPS, etc.- con los que se reducen los daños colaterales (masacre a las masas). No obstante, los hechos han demostrado que estas armas tan tecnológicas se utilizan como complemento de las bombas de alta destrucción y las arremetidas militares para masacrar a las masas. Veamos algunos hechos ocurridos desde fines de agosto hasta los últimos días de octubre.
A fines de agosto las fuerzas imperialistas bombardearon en la zona de Kunduz dos camiones cisterna con combustible, donde se encontraba un grupo de personas alrededor. La OTAN dijo que el bombardeo provocó la muerte de 54 personas; el presidente títere afgano contabilizó 90 muertos; Washington Post hablaba de 125 y la agencia local Pahjowk contabilizó 150. Inmediatamente después del bombardeo los soldados del ejército afgano y tropas canadienses de la “Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad” (ISAF) acordonaron el lugar y dijeron que se había liquidado a un grupo de talibanes. El comisario de la policía local Basharyar Parwani dijo que: “los insurgentes estaban tratando de escapar con los camiones que habían robado en una autopista por la noche”. Pero los hechos fueron bien distintos. Los testigos dijeron que había sólo lugareños y que los camiones fueron robados con el fin de obtener un poco de combustible. Según declaró un testigo: “Los lugareños corrieron al camión con cualquier recipiente que encontraron, incluso bidones de agua y recipientes de cocina”. Esto no es más que el resultado de la extrema pobreza en que la ocupación yanqui ha sumido a las masas afganas, donde el pueblo de un país rico en combustible debe robar gasolina para sobrevivir.
Durante el bombardeo, el coronel a cargo de las tropas alemanas declaró que las imágenes tomadas desde un avión caza F15 de Estados Unidos -donde se identificaban a los “insurgentes” con un sistema de huellas térmicas- eran poco claras y no permitían ver si las víctimas del bombardeo llevaban armas o no, pero que un informante le dijo por teléfono que todos eran combatientes talibanes, por lo que se tomó la decisión de lanzar dos misiles contra los camiones con petróleo. Finalmente salió a la luz que los muertos eran niños y civiles que sólo querían combustible y si habían soldados talibanes, éstos abandonaron esas posiciones. Ante tan irrefutables antecedentes, los voceros de la OTAN salieron declarando que “creían que en la zona había sólo insurgentes”.
Tres días después, los soldados imperialistas de la décima división de montaña de Estados Unidos, sedientos de sangre irrumpieron en un hospital de Kabul, sacaron a los pacientes de sus camas en busca de “insurgentes”. En medio del allanamiento advirtieron a los médicos que deben pedir la autorización a los oficiales norteamericanos para tratar a los pacientes, el personal del hospital respondió que no acataría tan criminal dictado.
El 3 de octubre la cadena de noticias EFE informó que la ISAF y las tropas afganas habían acabado con las vidas de varios insurgentes en distintas operaciones efectuadas en las últimas horas. Según sus propias declaraciones, la principal acción tuvo lugar en la provincia oriental de Paktika, “donde las tropas mataron a varios ‘supuestos’ talibanes durante una redada que tenía como fin desarticular la actividad insurgente de la red Haqqani, una de las organizaciones más activas”.
El 11 de octubre la misma cadena de noticias informaba de una ofensiva militar de tropas comandadas por la OTAN en una montañosa zona de la provincia oriental de Kunar. Según la OTAN, “más de una docena de ‘supuestos’ talibanes habrían perdido la vida durante los combates”. Ese mismo día la cadena AFP agregaba la detención de un “presunto” rebelde.
Tres días más tarde se daba a conocer, mediante un comunicado de Interior, que las fuerzas internacionales y las tropas afganas habrían dado muerte a 30 talibanes en la zona de Uruzgan y que otros 20 “presuntos” insurgentes habrían resultado heridos en los combates provocados por el arribo de las tropas imperialistas en el distrito de Chora.
El 14 de octubre un alto mando militar de Pakistán (país a donde se ha extendido la guerra) dio a conocer una operación en la zona de Waziristán del Sur, que definió como “un intenso bombardeo y donde se alcanzaron escondites (de los talibanes)”. En esta operación, al igual que en las otras, más que atacar los “escondites talibanes” se atacó una zona geográfica, donde es imposible distinguir quienes son o no talibanes. Al otro día se aplicó la misma receta en la zona de Waziristán del Norte. Ese mismo día eran detenidas en Turquía “57 personas ‘presuntamente’ vinculadas con la red terrorista Al Qaeda y que se sospecha podrían haber planeado atentados contra instalaciones de la OTAN en Turquía”.
El 16 de octubre la cadena EFE publicó que fuerzas militares imperialistas combinadas con la policía afgana lanzaron una operación “contra un edificio utilizado por insurgentes ‘supuestamente’ relacionados con ataques armados”. Los imperialistas dijeron sentir disparos y respondieron con ráfagas hacía el edificio, pero cuando entraron sólo vieron a una mujer y a su hija muerta producto del ataque. La misma cadena noticiosa daba a conocer que paralelamente, en la provincia de Maydan Wardak “varios ‘supuestos’ insurgentes murieron hoy en una operación contra un cabecilla talibán”.
Al otro día se dio inicio a una ofensiva terrestre en Pakistán, que según el gobierno de este país tiene por objetivo “eliminar a los extremistas”. Pero el objetivo era otro: provocar una evacuación masiva de la zona para así poder controlarla fácilmente. Objetivo que se logró en parte con el traslado de más de 100 mil personas desde Waziristán del Sur. 24 horas después de lanzada la ofensiva militar terrestre la cadena EFE informaba que “al menos 60 ‘supuestos’ insurgentes han perdido la vida en la ofensiva militar lanzada ayer por el Ejército de Pakistán en la demarcación tribal de Waziristán del Sur”. El 19 de octubre “18 ‘supuestos’ insurgentes” se sumaban a la lista de muertos en Pakistán.
Cinco días después EFE daba a conocer que, en una nueva operación en Waziristán del Sur “24 supuestos insurgentes” habían muerto en las últimas 24 horas y que el número de desplazados ya ascendía a 130 mil.
El 25 de octubre el canal de televisión Geo comunicaba que las fuerzas de seguridad pakistaníes lanzaron un ataque en la zona de Momi Karam, en el que otros ocho “terroristas” resultaron heridos. En dicha operación se anunció que el objetivo era la captura de la población de Koktai. Para esa fecha los desplazados ya sobrepasaban los 250 mil.
Como se observa, y como lo publican las mismas cadenas de la prensa burguesa, los llamados ataques a los bastiones terroristas no son más que propaganda imperialista y falsedades. Lo que realmente llevan a cabo las tropas imperialistas y los lacayos locales no es una guerra contra los talibanes ni contra Al Qaeda, sino que en contra de las masas de Afganistán y Pakistán. Esto es tan incuestionable, que cada ataque al pueblo afgano y pakistaní es disfrazado con palabras como golpes a “supuestos talibanes” y “presuntos rebeldes”, “sospechosos de terrorismo”, etc. Los ataques de las tropas imperialistas son tan indiscriminados que, según distintos informes militares, hasta los ataques suicidas de los talibanes son más selectivos que sus bombardeos. Hoy las tropas USA/OTAN lo que hacen es reeditar su vieja y derrotada política reaccionaria de guerra de destrucción total, donde queman todo, arrasan con todo y matan a todos. Todo lo demás es simple propaganda imperialista.
Elecciones fraudulentas
Las elecciones bajo el imperialismo son siempre un instrumento de dominación y engaño a las masas. En el caso de Afganistán, donde la presencia militar imperialista pretende controlar cada centímetro del territorio, este hecho se hace aún más evidente.
Bajo la teoría de la “democratización” y de que “el pueblo afgano escoja su destino”, el imperialismo yanqui y los gobiernos miembros de la OTAN montaron el 20 de agosto la farsa de elecciones presidenciales, las que muchos antes de iniciarse fueron calificadas por las masas afganas de fraudulentas.
El Partido Comunista de Afganistán (Maoísta) había repartido antes de las elecciones un folleto donde denunciaban: “La participación en esta elección significa que se aprueba la ocupación del país por los imperialistas reaccionarios extranjeros y también se aprueba la norma del régimen títere...”.
“En particular- continuaba el comunicado- un llamamiento a los trabajadores del país y los campesinos: ¡no participar en las elecciones del régimen! Este régimen es el promotor y defensor de un grupo de explotadores feudales y capitalistas. Uno de los objetivos principales de esta elección es la de mantener y fortalecer las cadenas de la explotación que te atan de pies y manos. Su participación en esta elección no significa nada, pero políticamente sirve a su enemigo de clase. ¡No servir al enemigo!”.
Y agregaba: “no participar en la elección del régimen títere es parte de la resistencia contra los ocupantes imperialistas y traidores a la nación. ¡Vamos a demostrar al mundo que la inmensa mayoría de nuestro pueblo participa en la resistencia!”.
Estas conclusiones de los camaradas afganos demostraron ser totalmente correctas. Los hechos posteriores así lo confirmaron.
Las elecciones se llevaron a cabo bajo el control de la Policía Nacional Afgana y de las tropas invasoras, acompañadas por sus “consejeros” estadounidenses. Se organizáron en torno a los locales de votación con dos anillos de seguridad, desde donde los soldados imperialistas lanzaban misiles Milan contra las posiciones de los rebeldes, lo que demuestra que el circo electoral cumple el papel de complemento de la invasión militar.
Una vez iniciados los escrutinios, las sospechas de fraude se convertían en una realidad. Según informaba un corresponsal de la BBC en Kabul, hubo personas que depositaron más de un voto, se obligaba a sufragar a menores de edad, funcionarios electorales eran expulsados de los locales de votación por los representantes de los candidatos y por si fuera poco, las urnas fueron rellenadas con papeletas marcadas con anterioridad. Una vez que finalizaron las elecciones, los antecedentes de fraude se hacían más patentes; pasaban los días y la publicación de los resultados se retrasaba, sin dar a conocer si el vencedor había sido el actual presidente títere Hamid Karsai o su “oponente”, el ex Ministro Abdulá Abdulá.
A fines de septiembre el representante especial de la ONU para Afganistán, Kai Eide, salió a dar un espaldarazo a tan triste espectáculo, diciendo: “Hoy, una vez que se conozca el resultado final de las elecciones de ese país asiático, deberá de ser respetado por todos los candidatos y sus seguidores”. El gesto fue devuelto de inmediato por la embajadora adjunta de EE.UU., Rosemary DiCarlo, quien expresó su apoyo a la Misión de la ONU en Afganistán (UNAMA), a la que calificó como “indispensable” (para los planes imperialistas, claro está).
Sin embargo, para el primero de octubre se demostró que los votos de al menos 447 locales no eran válidos. Cuatro días después, ante el evidente fraude, la ONU se vio forzada a respaldar una comisión que ordenó un recuento parcial del 10% de las papeletas. En la provincia de Helmand se registraron 134.804 votos, de los cuales 112.873 fueron para Karzai, en circunstancias que en dicha zona no votaron más de 5.000 personas. En la provincia de Paktika la Comisión Electoral “Independiente” contabilizó 212.405 votos, donde 193.514 eran para Karzai, pero los organismos internacionales demostraron que cuanto más habían votado 35.000 personas. En Kandahar las cifras oficiales hablaban de 252.886 votos válidamente emitidos, 221.436 para Karzai, aunque según la ONU solamente votaron 100.000 personas.

Aún ante todos estos antecedentes, el portavoz de Naciones Unidas en Kabul, Dan McNorton, pidió prudencia y declaró que: “La información de que disponen son unos primeros datos en bruto sin comprobar”. Los primeros conteos que daban a Karzai como vencedor con el 54,6% de los votos, ya no tenían la menor validez. Distintos organismos abogaban por realizar un nuevo conteo de los votos, pero los partidarios del gobierno de Karzai se oponían fuertemente a ello. De no demostrar que éste hubiera alcanzado más del 50% debía celebrarse, necesariamente, una segunda vuelta o formar entre ambas partes un gobierno de coalición.
Una semana después, Barack Obama sostenía la posibilidad de poder aceptar a los talibanes, cumpliendo algún rol político en Afganistán y en el futuro gobierno, bajo el argumento de que el movimiento de los talibanes está demasiado arraigado en la cultura afgana. Este coqueteo con las fuerzas talibanes por parte del imperialismo yanqui surge por tres razones: primero, porque los islámicos feudales (clase a las que representan los talibanes), si bien combaten a las fuerzas de ocupación, no representan una salida revolucionaria a las masas; segundo, porque algunos sectores de los talibanes no participaron en las elecciones, con lo que se restó parte importante de la población y tercero, porque los talibanes en el último año han logrado extenderse a lo largo de varios puntos de los que pretende acceder Estados Unidos en el Asia Central.
Mientras tanto el conteo de los votos y las investigaciones seguían. De esta manera, el 19 de octubre la Comisión Electoral “Independiente”, pidió invalidar los resultados de varios otros cientos de locales de votación donde se volvieron a encontrar pruebas claras y convincentes de fraude. Para ese día salió a la luz que durante las investigaciones existieron muchos intentos por engañar a los investigadores y que los fraudes en algunas zonas del país ascendían al 90% de los votos, por lo que se debía celebrar una segunda vuelta. Por su parte Karzai reconoció descaradamente la existencia de fraude, pero agregó que “no habían sido a gran escala y no era necesaria la celebración de una segunda vuelta”.
El imperialismo yanqui y la Unión Europea coincidieron en celebrar la segunda vuelta en el menor plazo posible (para el 7 de noviembre). Esta decisión se tomó por el hecho de que alargar el plazo conlleva el riesgo del fracaso de la elección, producto de que las tropas invasoras están perdiendo la guerra. El diario Washington Post informaba que las papeletas para las segunda vuelta ya se habían impreso en Londres y se encuentran en poder de la ONU, desnudando una vez más la mano imperialista en las elecciones afganas.
Intentando tapar el sol con un dedo y temiendo una hecatombe electoral para la segunda vuelta, el enviado especial de Estados Unidos para Pakistán y Afganistán, Richard Holbrooke, salió a decir el 23 de octubre que “el hecho de que se haya convocado una segunda vuelta demuestra que el sistema funciona”. Y aunque nada garantizaba que en la segunda vuelta las cosas fueran distintas, Holbrooke, dijo a continuación que “es razonable pensar que habrá menos irregularidades”.
El 24 de octubre los militantes talibanes declararon que lanzarían ataques para evitar que las personas acudieran a votar y calificaron a las elecciones como un “proceso estadounidense fallido”; advirtieron además que cualquiera que acuda a votar “cargará con la responsabilidad por sus acciones”. Ese mismo día los tres principales miembros de la Comisión Electoral “Independiente” fueron acusados de no ser imparciales (corruptos), pero al mismo tiempo se dijo que era imposible reemplazarlos.
Seis días después el jefe de la oficina electoral, Daud Ali Nayafi, declaró que la mejora de la seguridad en el sur de Afganistán posibilita abrir nuevos centros de votación. Ante esto, varios funcionarios declararon que el aumento de locales de votación solamente acrecentaría las acciones fraudulentas y agregaron que aún no existen garantías de seguridad suficientes para abrir nuevos locales. Por su parte Karzai se comprometía ante el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, con mejorar las medidas de seguridad para los miembros de la ONU en Afganistán (tan sólo dos días antes había sido atacada una casa con funcionarios de la ONU en Kabul).
El primero de noviembre Abdulá declaró desde la sede de la Loya Jirga: “Las acciones equivocadas del Gobierno y de la Comisión Electoral afgana me llevan a no participar en las elecciones del 7 de noviembre”. Ante la renuncia de Abdulá a presentarse en segunda vuelta, el vocero de Karzai, Waheed Omar, sostuvo que el retiro del ex ministro “no afectará a las elecciones” (las leyes afganas permiten la elección con un solo candidato).
Tras su renuncia, Abdulá dijo que las puertas están abiertas para dialogar con Karzai, lo que provocó aún más sospechas sobre el proceso electoral afgano. Al parecer el fraude no se restringía tan sólo a la falsificación de votos, sino que además la participación de Abdulá no pasaba de ser un mero acompañamiento para dar la impresión de contienda contra Karzai quien ya había sido nombrado presidente antes de la elección.
La bajada de Abdulá le vino como anillo al dedo al imperialismo yanqui y a la OTAN, quienes de inmediato declararon que Karzai era el “digno vencedor” y por lo tanto presidente de Afganistán. Sin segunda vuelta se evitaban un violento boicot a los comicios y una escalada en la resistencia afgana.
El dos de noviembre, Ban Ki Moon aseguró que la comunidad internacional “caminará junto al nuevo Gobierno y el pueblo de Afganistán”. La comisaria europea de Relaciones Exteriores, Benita Ferrero-Waldner, iba más allá, al declarar que “lo que es más importante es que el pueblo afgano cuente con un Gobierno comprometido, porque sólo un Gobierno comprometido podrá cooperar con la comunidad internacional, que tiene el compromiso a su vez de trabajar en el campo de la estabilidad, la seguridad y el desarrollo económico”. Durante la noche, Barack Obama telefoneó a Karzai para pedirle que mejorara la eficacia del gobierno y agregó además estar “complacido porque el resultado final se ha determinado de acuerdo con la ley afgana”.
Siguiendo la misma lógica, el tres de noviembre, El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen felicitó a Karzai por el resultado y aseguro que “la OTAN seguirá trabajando en apoyo del Gobierno y el pueblo de Afganistán para ayudarles a construir un futuro más seguro (para el saqueo imperialista deberíamos agregar)”. Estas declaraciones por parte de los representantes imperialistas demuestran que el gobierno de Karzai tiene la única función de ser un simple títere de los gobiernos imperialistas que desde ocho años han sumido a Afganistán en una de las guerras de ocupación más cruentas que ha visto la historia.
Karzai devolvía el gesto dando garantías que bajo su gobierno se hará lo posible por seguir impulsando la penetración del capital imperialialista. Desde el Palacio Presidencial de Kabul, el pelele Karzai decía “Vamos a asegurarnos de que los deseos de los afganos se hacen realidad hacia un Gobierno limpio, efectivo y legal, y también de que el dinero de los contribuyentes y de otros países es gastado sabia y correctamente”.
El 29 de octubre el New York Times hacía pública una noticia que ya era un secreto a voces: Ahmed Wali -cabecilla del negocio de la droga y hermano del títere Hamid Karzai- recibe financiamiento de la CIA desde el 2001, año en que el imperialismo yanqui inicia su invasión a Afganistán. Entre sus tareas, la principal ha sido reclutar fuerzas paramilitares bajo la dirección yanqui en la provincia de Kandahar.
Todos estos antecedentes dejan en claro que las elecciones presidenciales son complemento de la invasión militar contra las masas de Afganistán, que tiene por objetivo: controlar la producción y tráfico de los derivados del opio, monopolizar la extracción y distribución de petróleo y gas en el Asia Central y, principalmente, controlar militar y políticamente la zona del Asia Central. Afortunadamente, las rapiñas no han logrado sofocar la resistencia. Más aún, los mandos militares de las tropas USA/OTAN se quejan constantemente de que las políticas implementadas no dan resultado y que si no se hace algo rápido tendrán que volver de Afganistán con el rabo entre las piernas.

El imperialismo es derrotado en el campo de batalla
Octubre del 2009 ha sido calificado por los mandos militares imperialistas como el peor mes desde el inicio de la invasión a Afganistán. La escalada de resistencia y los ataques cada vez más certeros contra las tropas de ocupación, son prueba indesmentible de ello. Veamos a continuación algunas de las acciones que demuestran como el pueblo afgano y paquistaní conquistan nuevas victorias en su lucha de resistencia contra las rapiñas imperialistas.
El 3 de octubre unos 200 insurgentes atacaron un puesto militar conjunto de Estados Unidos y Afganistán en Nuristán, donde murieron ocho soldados yanquis más tres efectivos afganos.
El 8 de octubre el gobierno afgano informó mediante un comunicado la muerte de un agente policial en una explosión frente a la embajada de la India. Dos días después dos soldados de la ISAF murieron en el este de Afganistán, sin que la OTAN quisiera dar a conocer las circunstancias. Ese mismo día un militar yanqui falleció producto de las heridas sufridas en un ataque con explosivos en el sur afgano. Tres días más tarde los representantes de la ONU se dirigieron al gobierno alemán para pedirle, con desesperación, que hiciera todo lo posible por enviar más tropas a Afganistán.
El 12 de octubre se vivió una nueva escalada de ataques a las tropas imperialistas. En el distrito de Shangla, cuatro miembros de las fuerzas de ocupación murieron en un atentado explosivo contra un convoy militar. Ante la escalada de ataques a las tropas de ocupación, Barack Obama declaró que estudia la posibilidad de enviar a Afganistán 40 mil soldados más, siguiendo las recomendaciones del comandante de las tropas USA/OTAN en Afganistán, Stanley McChrystal, quien la primera semana de septiembre emitió un documento donde manifestó que de no recibir grandes refuerzos, se corre el riesgo de fracasar y ser derrotado en Afganistán.
Tres instalaciones policiales fueron atacadas coordinadamente el 15 de octubre, cobrando la vida de 16 policías. Paralelamente, el Viceministro japonés de Defensa, Akihisa Nagashima, anunciaba que en enero pondrá fin a su misión en el Océano Indico para el restablecimiento en combustible y agua para los soldados de las tropas USA/OTAN, lo que vino como un balde de agua fría para los mandos de los países imperialistas involucrados en el conflicto.
El 16 de octubre The Toronto Star publicó que las tropas canadienses estarían pagando a los talibanes una especie de impuesto para que no atenten contra sus vidas. La misma situación era dada a conocer en el The Times de Inglaterra respecto a los soldados italianos. Aunque los gobiernos canadiense e italiano negaron rotundamente dichas noticias, distintas cadenas noticiosas nacionales e internacionales en Afganistán ratificaron el hecho.
El 17 de octubre las tropas de ocupación en Pakistán se encuentran con una férrea resistencia. Un mando militar en Peshawar declaró que los talibanes cuentan con armas pesadas y que en todos los rincones las tropas están hallando resistencia. En Kalkola, una bomba detonada por control remoto, causó la muerte de un soldado imperialista y dejó heridos a otros tres; un segundo soldado fue muerto en Waziristán del Norte. Ese mismo día el gobierno yanqui recalcaba la prohibición de hacer públicas las fotografías de bajas militares imperialistas como de automóviles dañados por el enemigo. Una clara manifestación de no querer hacer público el hecho de que están perdiendo su guerra de rapiña y pillaje.
Tres soldados murieron y otros dos quedaron heridos al estrellarse un helicóptero militar MI-17 en Bajaur el 26 de octubre. Sobre este hecho no se entregaron más antecedentes, la ISAF indicó “razones sin confirmar”. Al otro día los mandos militares dijeron que la cantidad de soldados muertos ascendía a siete, más tres agentes de la DEA (agencia “anti-drogas” yanqui) y que los helicópteros siniestrados fueron tres y no uno. Aunque la OTAN diría luego que todo fue accidental, los talibanes aseguraban haber derribado los helicópteros mediante un ataque con armas pesadas y agregaban haber matado a 24 soldados extranjeros. Con estas nuevas bajas la cifra de soldados imperialistas durante el año ascendía a 436, de los cuales 267 son de origen estadounidense.
El 27 de octubre un ataque a una patrulla en vehículos blindados provocó que siete soldados yanquis resultaran muertos y otros gravemente heridos en lo que la comandancia estadounidense calificó como ataques múltiples y complejos llevados a cabo con artefactos de fabricación casera. Un octavo soldado yanqui terminaría muerto cuando realizaba un patrullaje en un vehículo militar. Por si fuera poco, ese mismo día, se hizo pública la renuncia del civil con mayor rango militar en Afganistán, Matthew Hoh, quien dijo que al parecer la guerra sólo está propiciando la insurgencia. En la carta de renuncia del 10 de septiembre, Ho redacta: “He perdido la comprensión y la confianza en los propósitos estratégicos de la presencia de Estados Unidos en Afganistán”. Por su parte, el representante especial del gobierno yanqui para Afganistán y Pakistán, dijo que no estaba de acuerdo en que no valia la pena la lucha en la guerra, pero que coincidía en gran parte con el análisis de Hoh.
El descalabro al interior de las tropas invasoras es tan devastador que el mismo 27 de octubre el Presidente del Comité del Senado sobre Servicios Armados de Estados Unidos, Carl Levin, anunció que se pondrá en práctica una nueva cláusula en la nueva Ley de Defensa que consiste en pagar a los talibanes que renuncien a combatir, además de ofrecerle un puesto en el gobierno y amnistía. Al otro día el gobierno yanqui autorizó una primera partida de 1.300 millones de dólares para dicho objetivo.
El 28 de octubre una sede de la ONU en Kabul fue atacada con explosivos, resultando muertos al menos ocho funcionarios de este conglomerado imperialista. Durante este mismo ataque, la embajada española en Kabul (a 200 metros de la sede de la ONU) recibió varios impactos de bala producto del fuego cruzado. Los talibanes se atribuyeron el atentado, mediante su vocero Zabiullah Mujahid, quien dijo que el objetivo eran los miembros de la ONU que residían en la sede que cumplía las funciones de centro de actividades electorales. Este ataque fue un duro golpe a las fuerzas de ocupación, ya que, según señalara Aljazeera el 29 de octubre, el recinto de la ONU se encuentra en una zona cercana a varios ministerios del gobierno que se supone se encuentran bajo las más altas medidas de seguridad. Más que por las bajas provocadas, el ataque derrumba moralmente a los imperialistas, quienes no se sienten seguros en ningún rincón de Afganistán. Producto de esto el gobierno yanqui decidió la retirada de todo el personal “no esencial” de Afganistán.
El 29 de octubre la cadena IAR daba a conocer que los talibanes y la resistencia han pasado a controlar más del 70% del suelo afgano, en contraposición a las fuerzas de ocupación que cada día van perdiendo más terreno. Sin ir más lejos, ese mismo día el imperialismo yanqui se vio forzado a replegarse, retirando sus tropas de las cuatro bases principales en Nuristán. Según informaron los mandos militares yanquis la medida obedece a “las condiciones invernales”. Sin embargo, la verdad es que la retirada se produce a consecuencia de la ofensiva de la resistencia y a la incapacidad de seguir defendiendo dichas posiciones. A esto se agregaban las palabras de la Secretaria de Estado yanqui, Hillary Clinton, que advertía la posibilidad de que Pakistán cayera por completo en manos de los talibanes y que se provoque la desintegración del Estado pakistaní. Por su parte el gobierno pakistaní salió a reconocer la incapacidad para detener a la resistencia y a los “numerosos extremistas que están en todas partes”.
Ante tal desesperación, el 30 de octubre, Barack Obama envió a Afganistán un nuevo refuerzo de al menos 13 mil soldados. Pero lejos de detener la resistencia, ésta no ha arreciado, provocando nuevas bajas a las tropas imperialistas. De hecho, al día siguiente, un explosivo activado por control remoto provocó la muerte de siete soldados imperialistas y dejo a otros 14 heridos.
Estas son sólo algunas de las acciones que de forma contundente, machacan la derrota de las tropas imperialistas durante el mes de octubre, el cual ha sido calificado como el mes más fatal para las tropas de ocupación.
Los mismos mandos militares yanquis se quejan del poco personal militar y de lo inevitable de la derrota en suelo afgano. Ya durante los primeros días de noviembre salieron algunos a decir que Afganistán se podría tragar a 200.000 soldados y eso es lo que ha estado sucediendo. El poder inagotable de las masas provoca una derrota tras otra a las fuerzas imperialistas que han caído en la más completa desmoralización. Para salir del atolladero, los imperialistas porfían en enviar más y más tropas, en inyectar más dinero y armas de última tecnología, con lo que esperan poner fin a la resistencia. Pero en la práctica sucede todo lo contrario, el envío creciente de tropas imperialistas sólo demuestra cuan cerca están estos de perder la guerra y todo el aparataje de armas de última generación sólo sirve para acelerar el fracaso imperialista. El pueblo afgano y paquistaní no tarda en capturar todo ese armamento y ponerlo en funcionamiento para expulsar a las tropas USA/OTAN.
Prueba de esto es que para controlar los territorios e impulsar las inversiones imperialistas en el país, deben utilizar destacamentos de hombres armados. Y es allí donde el imperialismo está sufriendo su más rotunda derrota, demostrando una vez más que en una guerra el factor determinante no son las armas de última tecnología sino los hombres y la estrategia que estos aplican. La lucha de las masas en Afganistán y Pakistán es un ejemplo más que el Imperialismo es un tigre de papel, cuando estas se levantan en lucha.
Saludamos la heroica resistencia de los pueblos afgano y paquistaní en contra de las tropas imperialistas. Resistencia que sólo podrá avanzar firmemente a la victoria si las masas afganas, conducidas por comunistas, logran sobrepasar a la dirección feudal de los talibanes y dar el salto a convertir la lucha de resistencia en guerra popular.
¡YANQUI GO HOME!

Premio Nobel de la Paz para Obama
Durante estos meses en que los imperialistas dan sus manotazos de ahogado y hacen lo posible por ahogar en sangre a la población afgana, Obama fue condecorado con el Premio Nobel de la Paz 2009. El premio va acompañado de una medalla de oro y 1.400.000 dólares que se le entregarán el 10 de diciembre.
Esta decisión de entregar el Nobel de la Paz al sucesor de Bush fue apreciada por muchos como una contradicción. Sin embargo, la contradicción no existe, ya que el Premio Nobel de la Paz ha sido siempre es premio a la paz de los cementerios, a la paz de las bayonetas que impone el imperialismo. No por nada este premio lleva por título el nombre de uno de los grandes monopolistas de la industria petrolera (Ver: ND N°31, Las enseñanzas de la crisis de V. I. Lenin). Es por esto que quienes han recibido este “honor” son criminales, señores de la guerra y capituladores. Solamente considérese que uno de los candidatos con los que competía Obama por el Nobel es nada menos que el mafioso, fascista y degenerado sexual, Silvio Berlusconi.
El carácter de clase de este galardón quedó de manifiesto una vez más al hacerse público que Obama era el ganador. De inmediato vinieron las felicitaciones por parte del Primer Ministro Británico, Gordon Brown; la Canciller alemana, Angela Merkel; el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy y el títere afgano Hamid Karzai, todos socios en la invasión a Afganistán y criminales de guerra.
Ya no quedan dudas, este es el Premio Nobel de la Guerra.
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En la actual guerra de resistencia que llevan adelante los pueblos de Afganistán y Pakistán los revisionistas cumplen su papel histórico: combatir a las masas y prestarle sus servicios al imperialismo.
Desde los inicios de la invasión a Afganistán, los gobiernos imperialistas han contado con el concurso de soldados lacayos nepaleses, conocidos con el nombre de gurkhas. En Nepal, tras diez años de guerra popular los prachandistas declararon el fin de los conflictos y se sumaron al gobierno del viejo Estado. Esta traición revisionista no sólo fue un duro golpe a las masas nepalesas que durante largas luchas ofrendaron sus vidas para poner fin al sistema de opresión bajo el que viven, sino que además atentó duramente en contra de los pueblos de los países vecinos, especialmente de Afganistán, que hoy ven como los revisionistas, siguiendo la vieja política genocida aumentan el envío de gurkhas a la zona. En una carta abierta enviada por el Partido Comunista de Afganistán (Maoísta) a los revisionistas nepaleses se sostiene:
“Recientemente conocimos… que el nuevo gobierno de Nepal ha acordado contribuir con contingentes armados a las “misiones pacíficas” de la ONU”.
Y agregaban: “El nuevo gobierno de Nepal y sus componentes… no sólo no se han opuesto a la presencia de lacayos nepaleses armados en Afganistán, sino que toleran además una expansión adicional de estas fuerzas y prácticamente permiten que esto ocurra”.
Como demuestran los camaradas afganos, el revisionismo es la avanzada burguesa al interior del movimiento obrero. La obligación de todos los comunistas es desenmascararlo ante las masas y combatirlo implacablemente. Solamente así se garantiza el triunfo sobre el imperialismo.
¡ABAJO EL REVISIONISMO! ¡VIVA EL MAOÍSMO!
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