| Socialfacistas unidos
Con Arrate el revisionismo le junta votos a la Concertación
El Juntos Podemos Más, la nueva coalición de revisionistas y socialfacistas enmascarados, ha levantado como su candidato a Jorge Arrate Mac-Niven. Según la costumbre es presentado como un “candidato popular”, “de izquierda” y “ciudadano”.
Algunos que quieren ver un poco más allá han denunciado que Arrate no es más que un concertacionista que ahora quiere aparecer como “popular” al representar al “sector de izquierda”. Más allá de lo que este candidato o quienes los respaldan digan sobre sí mismos, nos interesa develar los intereses de clase que éste representa.
El Partido Socialista, cuna de Arrate
El día 14 de enero de este año Jorge Arrate puso fin a una militancia de más de cuatro décadas en el Partido Socialista, al que ingresó en el año 1963 cuando fue candidato a la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile.
En muchas ocasiones el propio Arrate ha señalado que su historia está marcada por el ideario del Partido Socialista: “soy uno de los muchos que se siente identificado con la historia del Partido Socialista, la que viví y también la que hice mía sin haberla vivido, la que de ser memoria ajena pasó a prestada y luego a creerse casi memoria propia”, decía en una columna del periódico El Mostrador en 2006. ¿Cuál es este ideario y esta historia?
En su página web el PS reconoce sus raíces en la República Socialista que Marmaduke Grove, Eugenio González Rojas, Oscar Schnake y Rolando Merino instauraron por 12 días en junio de 1932 mediante un levantamiento militar encabezado por la aviación, hecho histórico que también es reivindicado por amplios sectores del revisionismo.
La junta militar que encabezó esta República Socialista, lejos de tener ciertas inclinaciones marxistas como algunos intentan atribuirle, expuso públicamente su profundo carácter anticomunista y se constituyó como parte de las asonadas militares de la época que buscaron salvar al Estado de las lucha de las masas que venían llevando a cabo importantes huelgas, protestas y movilizaciones, en un contexto social marcado por el ejemplo que la Revolución Rusa y por el descrédito del Capitalismo a partir de la crisis de 1929. El golpe encabezado por Grove es en realidad expresión en Chile del naciente socialfascismo que por esos años se desarrollaba en Europa.
En 1934, un año después de esta República Socialista se funda el Partido Socialista a partir de la unión de tres grupos: la Orden Socialista, el Partido Socialista Marxista, Nueva Acción Pública y Acción Revolucionaria Socialista. Pero más allá de lo que nos puedan sugerir los nombres de estos grupos que dan origen al PS, en sus documentos partidarios queda en evidencia su carácter socialfascista: con la misma lógica fascista de plantearse como “tercera vía”, más allá del capitalismo y del comunismo, el PS de entonces adhiere al “socialismo revolucionario”, con una política electoralista aunque no desconoce el uso de la violencia; en economía descarta la planificación económica y adhiere a medidas que potencian el capitalismo de Estado, el cual pretenden transformar en un organismo técnico que “coordine los procesos económicos y los servicios públicos de acuerdo a los planes de los trabajadores organizados en las distintas funciones sociales”, es decir, patrones y trabajadores corporativizados, sin lucha de clases, trabajando bajo al coordinación del Estado burgués-terrateniente. Estas son las ideas del PS a las cuales adhiere Arrate también desde su actual candidatura.
Su mejor intento por implementar esta política vino con la elección de Salvador Allende en 1970, expresión de la ligazón del PS con los socialimperialistas soviéticos, que se habían hecho del poder en la URSS tras la muerte de Stalin. El gobierno de Allende, en el cual Arrate participó como Vicepresidente Ejecutivo de Codelco y Ministro de Minería (en carácter interino), lejos de ser la manifestación o la expresión de la lucha popular fue un contendor para las luchas populares que venían desarrollándose con fuerza en nuestro país desde la década del 50 y se perfilaban aún con más fuerza en los 60. (Sobre el carácter de clase del gobierno de Allende ver ND 21). Hoy Jorge Arrate quisiera fundirse en la imagen de “presidente del pueblo” que el revisionismo ha construido en torno a Allende, traficando así con las legítimas aspiraciones populares e intentando cooptar a algunos sectores de la base social del revisionismo que tienden a desbordar frente al evidente oportunismo del PC y sus pactos electorales.
Como se observa, el ideario y la historia del PS a los cuales adhiere Arrate están marcados por un programa socialfascista, cuya principal característica es la cooptación del movimiento popular por medio del corporativismo. En la década de 1930 los máximos representantes del corporativismo se encuentran en el fascismo italiano y en el nacional socialismo alemán, fieles servidores de sus propias burguesías imperialistas. En el caso chileno -en su condición de semicolonia- los sectores fascistas y socialfacistas representarán siempre a imperialismos extranjeros. El primer ejemplo lo encontramos en uno de los integrantes de la Junta Socialista de 1932, Carlos Dávila Espinoza, que luego se hace del gobierno derrocando a Grove. Dávila será un fiel representante del imperialismo yanqui en nuestro país, propugnando el “Socialismo de Estado” que no es otra cosa que socialfascismo. El actual candidato del revisionismo, Jorge Arrate MacNiven, quien es su sobrino político, no sólo tiene lazos familiares con Dávila sino que continuará su legado político en el PS manteniendo primero una cercanía con el socialimperialismo soviético durante el gobierno de la UP y luego con el imperialismo yanqui junto a la Concertación.
Jorge Arrate “renovado”
Tras el golpe de 1973 Arrate vive el exilio en Alemania, allí fue Secretario Ejecutivo de la “Izquierda Chilena en el Exterior” y de “Chile Democrático”. Entre 1975 y 1977 fue Secretario de Relaciones Internacionales del PS en ese mismo país. Desde el extranjero Arrate participó del proceso de “renovación socialista” que él mismo ha definido como “revisar y revitalizar el pensamiento socialista”.
En 1979 se produjo la más larga división en la historia del PS, entre un sector que se identificaba con Carlos Altamirano y otro sector que seguía a Clodomiro Almeyda. En 1987 Arrate vuelve al país, para impulsar la reunificación al interior del PS, posteriormente en 1990 fue designado Presidente del PS en el “Congreso de Unidad Salvador Allende”.
El mismo Arrate comenta lo que se discutió en ese congreso: “se debatió la reinserción socialista en la débil democracia que renacía y la participación en la Concertación y en el gobierno.” Lo que se tradujo en el expurgo de cualquier idea que oliera en demasía al discurso con que el PS históricamente buscó atraer a las masas, ideas que sonaban a “izquierda” o “revolucionarias”, incluyendo la utilización oportunista del marxismo. Es decir, lo que se buscaba era dejar el discurso demagógico hacia las masas populares, hacer conducta para incorporarse al proceso en que el PS junto a otros partidos debían parecer lo suficientemente eficaces a los ojos de la gran burguesía para realizar un eficiente control de las luchas de masas, ya que éstas habían desbordado en protestas populares desde el año 1983. Con esto los partidos perseguidos durante la dictadura militar fascista de Pinochet daban pruebas de su capacidad de sustentar la gobernabilidad que los militares ya no daban. Cambiando el “socialismo revolucionario” por el “socialismo renovado” el PS dejó el programa socialfascista para abrazar las formas demoliberales, ganándose así un cupo en el cambio de gobierno.
Con el PS incorporado plenamente al gobierno, y sin mayores conflictos ideológicos, Arrate será uno de los líderes del PS que se benefició con algunos de los mejores cargos en el Estado burgués-terrateniente dirigido ahora por el conglomerado de la Concertación. Fue ministro del Trabajo, de Educación y de la Secretaría General de Gobierno en los gobiernos de Patricio Aylwin (DC) y Eduardo Frei (DC) y embajador en Argentina en el gobierno de Ricardo Lagos (PS).
El rol de Arrate en el Estado burgués-terrateniente
Es ampliamente sabido que los cargos de ministro y embajador son cargos de confianza política y se debe responder directamente al Presidente de turno, por lo que cada vez que Arrate jabonosamente quiere desvincularse de su “pasado concertacionista”, lo hace retorciéndose por tener que hacerse cargo de lo que ahora dice criticar, debe hacer ingentes esfuerzos por explicar lo inexplicable. Ante esto es legítimo preguntarse: ¿Por qué ahora dice estar por la educación para el pueblo y permitió que los privados lucraran con la educación? ¿Qué rol cumplió hacia los trabajadores cuando fue Ministro del Trabajo?
Para intentar responder estas preguntas lo primero que debemos plantear es que cuando la concertación se jacta de haber ampliado la cobertura educacional para las amplias masas, lo que no reconoce al mismo tiempo es que este proceso que se inicia con Pinochet se llevó a cabo a partir del ingreso al “negocio de la educación” de los capitales monopólicos no estatales. La Constitución de Pinochet le asigna la responsabilidad educativa a los “sostenedores educacionales” imponiendo las dos puñaladas al derecho a la educación: la desmunicipalización y la “libertad de enseñanza”. Lo que hace la Concertación posteriormente es profundizar este proceso. Por ello, bajo el gobierno de Aylwin se le hicieron modificaciones al marco legal para el sistema de sostenedores. En 1993 cuando se incorpora la figura del financiamiento compartido o copago de la familia en la educación subvencionada por el Estado, se da la posibilidad a todo establecimiento subvencionado de cobrar a los padres un costo adicional a la subvención, la que se reduce de manera proporcional según el tramo que cancelan las familias. Estos cambios se introducen a través de reformas tributarias que incluyen la Ley de donaciones de las empresas con fines educacionales. Arrate comanda este proceso desde su flamante rol de ministro de Educación. Podemos ver así cuan falsas e inoficiosas son sus explicaciones cuando es increpado por este hecho.
Años después cuando era Ministro del Trabajo de Eduardo Frei se produjo el cierre de la mina de Carbón de Lota, en esa oportunidad Arrate declaró: “si bien las apreciaciones de los técnicos es que pudieran aplicarse nuevas tecnologías para abrir nuevos frentes de producción, ellas son de altísimo costo y además requiere de un ajuste muy severo en las medidas de seguridad.” (Las Últimas Noticias 17-04-1997). En esa ocasión más de 1000 trabajadores del mineral viajaron a Santiago, donde recibieron el amplio respaldo de estudiantes y trabajadores, se organizaron diversas marchas y movilizaciones en contra del cierre de la mina, pues se temía por el destino de la ciudad tras el cierre de su principal fuente laboral.
Como Ministro del Trabajo, Arrate se desempeñaba evidentemente alineado con Eduardo Frei, por ello, era parte de la estrategia con que el gobierno enfrentaba el descontento social que producía el cierre. En ese sentido Arrate señaló: “descartó absolutamente una posible reunión con los dirigentes de Lota, aún cuando éstos la soliciten, ‘ya que según lo dispuesto por el Gobierno, el presidente de Enacar [Empresa Nacional del Carbón] y el subsecretario del Interior son los que deben negociar’.” (La Tercera 1997)
Tras masivas y variadas movilizaciones los trabajadores fueron violentamente reprimidos. Felipe Sandoval, Vicepresidente de Corfo hizo promesas: “No habrá depresión económica en Lota. Esto es lo mejor para los trabajadores, para Lota y para el país”. Agregó que los proyectos para la zona tienen cuatro grandes ejes: actividad industrial, servicios y comercio, la “consolidación de su vocación turística” y la “transformación del puerto”.
Consultado por la prensa burguesa acerca de la incredulidad de los habitantes de la región respecto de la existencia de nuevas oportunidades de trabajo en la zona, Jorge Arrate -quien acompañó a Frei durante su visita a Lota - fue tajante al manifestar que la propuesta elaborada por el Gobierno era un planteamiento absolutamente satisfactorio y que lo sería para cualquier trabajador chileno en términos de “protección social”. Declaró: “Quiero asegurarle como ministro del ramo que se ha puesto especial cuidado en que ningún trabajador quede desprotegido, sin trabajo o sin ingreso y, particularmente, en que Lota pueda seguir progresando a través de un plan de inversiones que ya se quisiera cualquier comuna de Chile.” (La Tercera 1997)
Estas declaraciones evidencian que Arrate como ministro actuó a un alto nivel de gobierno, aplicando la política que éste defiende y que hoy dice criticar, en realidad no sólo apoyo la estrategia de desgastar a la lucha de masas que se generó tras conocerse el cierre de Lota, sino que formaba parte de un gobierno que traspasó al capital monopólico no estatal de varios yacimientos mineros de Codelco. Es tristemente conocido que hoy Lota es una comuna con una de las más altas cesantías del país.
Su participación en el gobierno la complementó con negocios particulares, como en la Corporación Universitaria ARCIS, donde participó de la sociedad junto a los ex MIR Max Marambio, Andrés Pascal Allende y Patricio Rivas. En este empresa una recua de revisionistas usufructúa del lucrativo negocio de la educación con un discurso cargado de demagogia de “izquierda”. En junio de 2006 cuando los estudiantes de la Arcis se enteran que el nuevo rector designado era Jorge Arrate, quien tenía por principal mérito ser dueño de la universidad, apelan a la libertad y a la critica que se prometía en el discurso de la universidad y rechazaron la designación de Arrate, exigiendo la democratización de la universidad. En respuesta se les argumentó que debido a la LOCE no se podían elegir a los rectores, entonces los estudiantes procedieron a la toma de la universidad. Así Arrate tuvo que dejar su lugar a Carlos Margotta Trincado, abogado de presos políticos, quien haciendo gala de su oportunismo impulsaría más tarde la creación de un sindicato paralelo cuando los trabajadores de Arcis iniciaron una justa movilización a finales del 2006.
Nueva reedición de un pacto electorero
En una farsa de primarias Arrate se impuso con el 80% de los 1.548 sufragios de la “Asamblea de la Izquierda” a su único adversario, el empresario Tomás Hirsch, representante del Partido Humanista y ex candidato del mismo pacto electorero en la presidencial anterior. El tercer competidor, era el presidente del falso Partido Comunista, Guillermo Teillier, quien con pacto por omisión con la Concertación en mano declinó su opción a favor de Arrate.
En el pacto electorero Juntos Podemos Más - Frente Amplio (JPM-FA) participan militantes del falso PC, la Izquierda Cristiana, La Surda, Izquierda 21 y los Socialistas Allendistas. El pasado 26 de abril de este año Jorge Arrate fue proclamado en el Teatro Caupolicán como candidato presidencial de dicho conglomerado.
Pero la relación entre los dos principales grupos del comando de Arrate es compleja, ya que mientras el falso “PC” privilegia la alianza con la Concertación para ocupar un sillón en el congreso y apura el apoyo a Frei en segunda vuelta, los socialistas allendistas presionan por pelearle votos a la concertación y no desinflar a su abanderado. El sector del falso “PC” está encabezado por el jefe político del comando, Juan Andrés Lagos, mientras que el otro sector es dirigido por el ex PS Esteban Silva.
Estas pugnas al interior del comando reflejan la contradicciones de intereses entre estos grupos, un dirigente del comando declaró: “El PC tiene su meta de llegar al Congreso después de más de 20 años excluido del Parlamento. Nosotros creemos que es muy bueno que se rompa esa exclusión, pero ese negocio con la Concertación privilegió el objetivo comunista [del P”C”] y no sumar para Arrate, porque redujo las candidaturas parlamentarias de izquierda a sólo 12 distritos. Hay otros 48 en los que no llevamos candidatos y en la práctica eso significa que en ellos no hay estructura promocionando a Arrate. Además, muchos de nosotros venimos saliendo de la Concertación y sentimos que el PC nos lleva de vuelta.” (Ciper nov. 2009)
Esta situación llevó a que para contrarrestar la ausencia de candidatos que hicieran campaña por Arrate en los 48 distritos donde no van candidatos del Juntos Podemos Más, el comando tomó la decisión de apoyar a lo menos a 12 postulantes concertacionistas a la Cámara. buscaron candidatos que según ellos tuvieran llegada en el voto duro “izquierdista”.
Este acuerdo entre la Concertación y el falso P”C” y la Concertación fue presentado como un “pacto contra la exclusión”. En la firma del documento estuvieron presentes el presidente del PS, Camilo Escalona, el del P”C”, Guillermo Teillier, y los candidatos Eduardo Frei y Jorge Arrate, además de varios parlamentarios de la concertación. Escalona presentó el acuerdo evocando a Salvador Allende y Eduardo Frei Montalva destacando que “éste no es un acuerdo más, es un acuerdo de una trascendencia decisiva”. La trascendencia de este acuerdo tiene que ver con reconocer el apoyo que el P”C” le ha brindado a la Concertación en las elecciones presidenciales, como dirá el propio Arrate: “Mal que mal, no hay que olvidar que Ricardo Lagos y Michelle Bachelet han sido presidentes gracias a los votos de toda la Izquierda. Cada vez que nos unimos, derrotamos a la derecha”. (La Nación Domingo abril 2009)
Patricio Palma, miembro de la Comisión Política del P”C” y uno de los encargados de la campaña electoral de ese partido reconoce que desde 1989 el P”C” se limitó a “hacer una política que lo mantuviera vigente”. Señala que ese período terminó con la candidatura de Gladys Marín a la Presidencia en 1999, cuando ella “hizo los primeros esfuerzos, infructuosos, para sumar fuerzas con la Concertación a objeto de tener un pacto parlamentario que asegurara una mayoría en el Congreso, ahora, diez años después, esa política se concreta en este pacto parlamentario con la Concertación.” (Ciper nov. 2009)
Como va quedando de manifiesto, la candidatura de Arrate representa las aspiraciones de revisionistas y oportunistas; representa las aspiraciones del socialfascismo que en distintas vertientes ha sido sostenidos por el PS y el P”C”. Esta candidatura representa a una desesperada concertación en pugna con la derecha por hacerse del control del Estado y así poder seguir usufructuando de los beneficios que les trae ser lacayos del gran capital.
La principal preocupación de personajes como Arrate es salvar al Estado burgués terrateniente, lo que en última instancia es servir a la gran burguesía y al imperialismo. Con tal de maniobrar la lucha de clases a favor del gran capital se puede valer del “socialismo revolucionario”, la “renovación”, el “pacto contra la exclusión” o cualquier otra estratagema que busque negar o conciliar la lucha de clases.
Con claridad podemos ver que el candidato de “izquierda” no tiene nada bueno que ofrecerle a la clase obrera y al pueblo, sólo más de lo mismo o a lo sumo nuevas formas de opresión y explotación.
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