ND34 - Noviembre 2009
 

Tras ocho años de invasión los imperialistas pierden Afganistán
Primera parte

Afganistán es un país con 18 millones de habitantes. Se ubica en el Asia Central, zona estratégica para las potencias imperialistas que se disputan el control del continente, hecho que lo ha convertido en terreno de conflicto por más de un siglo, durante el cual las masas afganas se han llevado la peor parte.

Pero no obstante los largos años de invasiones y guerras de rapiña -primero por el gobierno inglés, luego por el socialimperialismo soviético y hoy por el imperialismo yanqui y la OTAN- el pueblo afgano nunca ha sido doblegado, aunque tampoco nunca ha podido coronar la lucha de resistencia con la conquista del Poder para el proletariado y las masas. La ausencia de una organización revolucionaria fuerte ha permitido que en muchas ocasiones un sector de las masas haya sido empujado por una potencia imperialista para combatir a otro. Y como hemos visto a lo largo de toda la historia, combatir en nombre de un país imperialista para derrotar a otro, no libera a las masas del yugo de la explotación y la miseria, sino que cuanto más sólo representa un cambio en el bastón de mando. Esta idea de aliarse con un imperialismo para combatir a otro es tremendamente contrarrevolucionaria y criminal. Primero, porque como ya dijimos, no representa una verdadera liberación; segundo, por esa vía las masas se desgastan en una guerra que no les es propia y sea cual fuere el resultado su suerte será la misma: más opresión y más miseria; tercero, porque intenta engañar con la propaganda de que hay imperialistas buenos e imperialistas malos; cuarto, porque pretende inculcar en el pueblo la idea de que el imperialismo es demasiado poderoso y no se puede vivir sin él y quinto, porque pretende llevar a los pueblos a la renuncia a una verdadera revolución, es decir a la capitulación.

Esta teoría contrarrevolucionaria de buscar el apoyo de uno o más Estados imperialistas para desplazar a otros es la misma que hoy en día plantean los gobiernos bolivarianos de Venezuela, Cuba, Bolivia y Ecuador, quienes pretenden desplazar de la zona al imperialismo yanqui abriendo sus puertas a los Estados imperialistas de Rusia y China, principalmente. Los auténticos comunistas y revolucionarios debemos desenmascarar y combatir estas tentativas imperialistas vengan de donde vinieren y demostrar con guerra popular la justa ley de que todos los imperialistas y reaccionarios son tigres de papel. Para los pueblos del mundo no hay liberación sin derrotar y expulsar al imperialismo. Esa es una ley científica.

Antecedentes históricos de Afganistán

En el siglo XIX el gobierno de Inglaterra toma el control de Afganistán, imponiendo a punta de bayonetas un Estado feudal y colonial. Después de dos guerras contra Inglaterra el rey Amanullah Khan declaró la independencia de Afganistán en 1919. Sin embargo, tal independencia sólo se limitó a abrir las puertas al capital extranjero de otras potencias imperialistas y a tibios intentos por reformar el feudalismo, situación que provocó que una década más tarde los ingleses expulsaran a Khan y reconquistaran su hegemonía en el territorio mediante la oposición feudal.

A fines de la década del 50 del siglo pasado, con Inglaterra debilitada luego de la II guerra imperialista, el gobierno afgano estableció estrechas relaciones con los gobernantes del socialimperialismo soviético -que luego de la muerte del camarada Stalin restauraron el capitalismo en la Unión Soviética- pero al mismo tiempo mantenía relaciones con Estados Unidos. Esto hacía de Afganistán un campo de disputas constantes de las dos superpotencias imperialistas.

En 1978 los revisionistas pro soviéticos del Partido Democrático Popular (PDP), representantes de la burguesía burocrática, dieron un golpe de Estado y tomaron el control del gobierno. El PDP estaba integrado por dos facciones, Parcham (bandera) y Khalq (pueblo), las que fueron turnadas en el gobierno, según las órdenes de los socialimperialistas soviéticos. Durante el gobierno títere del PDP miles de revolucionarios y auténticos comunistas fueron encarcelados, torturados y asesinados. El gobierno de la URSS, por su parte, invadía militarmente Afganistán tal como lo hace hoy en día el gobierno yanqui.

Durante la ocupación de los imperialistas soviéticos, los sectores más pobres de las masas emprendieron una fuerte resistencia. Pero, la ausencia de una organización revolucionaria fuerte hizo imposible que estos innumerables esfuerzos revolucionarios del pueblo pudieran dar el salto a nuevas alturas y desarrollarse como guerra popular contra el imperialismo, el capitalismo burocrático y la semifeudalidad. Esto facilitó que los elementos reaccionarios tomaran el control de cada zona. Como declara el Partido Comunista de Afganistán (PCA) en su documento Principios Básicos: “Durante la guerra la principal palanca del poder político permaneció en manos de los pashtos, pero al mismo tiempo importantes regiones habitadas por las nacionalidades oprimidas cayeron en manos de fuerzas locales, acabando con el poder directo de la clase dominante pashto”.

El imperialismo yanqui, luego de 1978 organizó grupos armados de campesinos pobres comandados por caudillos feudales, que bajo la propaganda religiosa del Islám, iban siendo acuartelados en Peshawar (Pakistán) a la espera de la orden de entrar en acción. Estos grupos armados anti soviéticos y pro yanquis fueron conocidos con el nombre de mujaidines (hermanos musulmanes).

La resistencia del pueblo afgano contra el socialimperialismo soviético se hizo fuerte, tanto que las tropas de la URSS debieron abandonar Afganistán en 1989, aunque el gobierno pro soviético de Najibullah duró hasta 1992.

Luego de la derrota de los revisionistas pro soviéticos Afganistán fue un río revuelto de donde los gobiernos de Arabia Saudita, Irán y Pakistán, más otros países expansionistas de la región pretendían sacar su tajada. Los mujaidines no lograron tomar el Poder en Afganistán. Así, en coalición con algunas fuerzas del anterior gobierno pro soviético derrocaron a Najibullah y declararon la “revolución islámica”. De ahí salió un gobierno representante del sistema semifeudal y semicolonial de Afganistán. El nuevo gobierno emprendió de inmediato en contra de las masas afganas y especialmente contra las mujeres a quienes hasta el día de hoy se les somete a los más horrendos vejámenes. El gobierno afgano concentró aún más las tierras en manos de los grandes terratenientes.

Los talibanes (estudiantes de teología) solo aparecen paulatinamente en la historia reciente de Afganistán. Estados Unidos, en 1980 le entregó a los talibanes 30 millones de dólares, cifra que aumento a 630 millones de dólares en 1987 y que se mantuvo hasta 1989, con el objetivo de que debilitaran la presencia soviética en la zona. Tras el derrocamiento de Najibullah, el Servicio Secreto Paquistaní (ISI) y la CIA le asignaron a Mullah Omar (líder talibán) la misión “antidrogas” de controlar las carreteras.

El explosivo crecimiento de los talibanes se debió por una parte al apoyo financiero y militar entregado por el gobierno pakistaní y por el imperialismo yanqui y, por otro lado, a la deserción de varios mujaidines que fueron a engrosar sus filas. Su carácter de clase es el de representantes de las fuerzas feudales y del chovinismo pashto (nacionalidad de Afganistán que oprime a las demás nacionalidades).

Después de que Najibullah fue derrocado los reaccionarios encontraron en los talibanes a sus representantes, quienes perpetraron su arremetida en Kabul bajo la furia chovinista pashto, agrediendo a los miembros de las demás nacionalidades y llevando a los seguidores religiosos a una guerra de masas contra masas.

En 1995 los talibanes emprenden su ofensiva en Kabul y un año más tarde logran ocuparla y controlarla completamente. Una vez en el Poder instauran como ley la Sharia, ley islámica propia de la fracción sunita de los musulmanes. Basados en la Sharia los talibanes emprendieron sus ataques contra las masas de Afganistán, representando los intereses feudales. Su control sobre la zona se extendió hasta el 2001, año en que las tropas comandadas por el imperialismo yanqui comienzan una nueva ocupación.

Los talibanes, como todos los sicarios, sirvieron directamente a su amo imperialista hasta que éste dejó de financiar sus actividades. Luego de ello declararon la guerra a la “impiedad” occidental y han reivindicado algunos atentados contra las masas de los países imperialistas como Estados Unidos, Inglaterra y España, así también como otros ataques en la zona central de Asia. Los talibanes hoy combaten a sus antiguos mecenas yanquis, no por una posición antiimperialista, sino porque bajo la propaganda religiosa pretenden quedarse de forma exclusiva con los dividendos económicos que entrega la explotación a las masas afganas. En medio de los actuales combates, los imperialistas USA/OTAN han visto la posibilidad de negociar con los talibanes una salida al conflicto. Ante tales tentativas lo más probable es que los talibanes acepten la negociación con sus antiguos amos. Si no lo hacen es exclusivamente, como dijimos, porque ven la posibilidad de controlar por sí solos la opresión y explotación del pueblo afgano o de llevar a cabo negociaciones más rentables con otras potencias imperialistas.

Las mentiras y las verdaderas razones para invadir Afganistán

Así como en Irak, en Afganistán la guerra desatada por el imperialismo yanqui y las tropas de la OTAN fue llevada a cabo bajo pruebas falsas y excusas que no resisten el menor análisis. En el caso afgano se dijo que el ejército yanqui comandaría la invasión para detener a Osama Bin Laden y desarticular al grupo fundamentalista islámico Al Qaeda, a quienes se les sindica como ejecutores del atentado del 11 de septiembre de 2001.

El 7 de octubre pasado se cumplieron ocho años de la invasión a Afganistán, una invasión de rapiña y pillaje comandada por el imperialismo yanqui, hoy continuada por el gobierno de Obama. Por su parte, el pueblo de Afganistán ha resistido heroicamente una nueva invasión imperialista, conquistando nuevas victorias. Los baños de sangre que las tropas imperialistas provocan en Afganistán, en lugar de atemorizar al pueblo lo vuelven aún más fuerte y atiza cada vez más el odio hacia el imperialismo.

El gobierno de George Bush prometió capturar al corto plazo a Bin Laden y “hacerles pagar” por el atentado al Wall Trade Center. Incluso algunos personeros del gobierno yanqui hablaban de que la captura de los talibanes era una cuestión de horas. Sin embargo, el tiempo se iba extendiendo y los soldados yanquis no daban con Al Qaeda. Cuando la ocupación ya se acercaba a cumplir un mes, Washington Post publicaba: “La guerra no está dando resultado. Los talibanes no han cedido territorio. No se ha matado o capturado a un solo líder importante y ninguno ha desertado... El estado mayor se sorprende ante la tenacidad del enemigo”.

El problema de fondo no estaba en la captura de Bin Laden. Esta era nada más que una excusa para la ocupación que tenía como fin hacerse del control de Afganistán, con lo que se cumplirían tres objetivos:

1. Controlar el negocio de la droga: en el tráfico de heroína se transan aproximadamente 150 mil millones de dólares al año, siendo uno de los negocios más rentables. De hecho la misión “antidrogas” que se le asignó a los talibanes tras la caída de Najibullah era en realidad todo lo contrario, lo que realmente hicieron los talibanes fue asegurar militarmente las rutas de la droga. Una prueba de ello es el explosivo crecimiento del tráfico de heroína durante la década de los ‘90, bajo el control de los talibanes.

Un año después de la invasión USA/OTAN a Afganistán, la producción de heroína en dicho país alcanzó niveles record, llegando al 93% de la producción mundial. Un gran número de expertos dicen tener pruebas de que la CIA, mediante el gobierno de Karzai, estaría subcontratando la producción y el procesamiento de la heroína, que sería evacuada por vía terrestre en las rutas a Pakistán, Irán y Tayikistán y por vía aérea mediante aviones militares estadounidenses. Esto no es nada extraño, ya en los ‘60 la producción y el tráfico de drogas financió parte de los gastos militares en Vietnam y en los ‘80 el negocio de la cocaína reportó ingentes ganancias que fueron a parar al financiamiento de los contras en Nicaragua.

Según informo el canal de televisión ruso Vesti, la heroína sale de Afganistán en aviones militares yanquis directamente desde las bases de Ganci en Kirguistán, y de Inchirlik, en Turquía. El diario yanqui The Guardian ha publicado que frecuentemente la heroína afgana llega a Estados Unidos a bordo de aviones militares, en ataúdes que en lugar de cadáveres llevan droga.

El periodista norteamericano Dave Gibson, de la cadena NewsMax, citando una fuente anónima de los servicios de inteligencia yanqui, ha dicho: “La CIA siempre ha estado involucrada en el tráfico mundial de drogas, y en Afganistán simplemente llevan a cabo su negocio favorito, como hicieron durante la guerra de Vietnam”.

El periodista estadounidense Eric Margolis escribió para el Huffington Post. “Lo sucedido en el pasado en Indochina y América Central indica que la CIA podría estar implicada en el tráfico de drogas afganas en mayor medida que la que ya sabemos. En ambos casos, los aviones de la CIA transportaban drogas al extranjero en nombre de sus aliados locales, y lo mismo podría ocurrir en Afganistán. Cuando la historia de la guerra se haya escrito, la sórdida participación de Washington en el tráfico de heroína afgana será uno de los capítulos más vergonzosos”.

Por su parte, Antonio Maria Costa, director general de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), en una entrevista al semanario austríaco Profil declaró: “El narcotráfico es la única industria en crecimiento. Las ganancias son reinvertidas sólo en parte en actividades ilegales, el resto del dinero se coloca en la economía legal mediante operaciones de blanqueo. No sabemos cuánto, pero el volumen es impresionante. Esto significa la entrada de capital de inversión. Hay indicios de que estos fondos también acabaron en el sector financiero, que está bajo presión evidente desde la segunda mitad del año pasado”. Lo que es igual a decir que parte del dinero de la producción y el tráfico de drogas se ocupó para inyectar liquidez y paliar en parte la crisis y actual recesión financiera, que ha tenido su epicentro en Estados Unidos.

2. Monopolizar la producción y distribución del petróleo y del gas: el segundo objetivo del imperialismo yanqui para invadir Afganistán es asegurar el control de la ruta para el oleoducto Turkmenistan-Afganistán-Pakistán-India (TAPI). Con ello el imperialismo yanqui aseguraría el monopolio de la producción y distribución del petróleo y del gas, consiguiendo jugosas ganancias. Según estimaciones de la US Geological Survey del 2006 y del Ministerio de Industria y Minas afgano, en el norte de Afganistán habría más reservas de petróleo y gas de las que se creía inicialmente. Pero lo más probable es que ya antes de iniciada la invasión a Afganistán el gobierno yanqui ya conociera esta situación y que la haya mantenido en reserva hasta pensar que el control de la zona estaba en sus manos. Más aún, las licitaciones para adjudicarse los proyectos de explotación ya fueron decididas aún antes de la invasión.

Por su parte, el ministro adjunto de industria y minas afgano, Mohammad Akram Gheyasi, declaró a la agencia de noticias Bakhtar News: “De acuerdo a hallazgos previos, las provincias del norte, Balkh, Jozjan, Faryab y Sare-e-Pol, tienen 6 campos de petróleo, y 120.000 millones de metros cúbicos de petróleo han sido identificados. Hay 45 millones de toneladas de reservas geológicas y 14,5 toneladas de potencial petróleo que puede ser extraído. Los recursos desconocidos de gas y petróleo del norte de Afganistán podrían ser mayores. Los hallazgos muestran que de media el norte de Afganistán tiene 1.600 millones de barriles de crudo 15.600 millones de pies cúbicos de gas natural”.

Con el oleoducto TAPI, Estados Unidos frenaría la competencia de Irán y desplazaría las exportaciones de Rusia al Asia Central. Sabido es que Asia y África son ricas en petróleo (recurso no renovable) y que quien logre controlar su producción y distribución estará en condiciones de controlar varios resortes de la economía a nivel internacional.

El problema que se le presenta actualmente al imperialismo yanqui en estos planes es la presencia de los talibanes en Pakistán, quienes podrían sabotear las construcciones del oleoducto TAPI. Esa es una de las razones de la política a dos bandas que lleva a cabo el gobierno yanqui, que por una parte ha concentrado tropas en Pakistán y bombardeado las “posiciones talibanes” y por otra parte, coquetea con ofrecerles negociaciones a estos mercenarios feudales.

3. Erigirse como la única potencia imperialista en Asia Central: el control del oleoducto TAPI es nada más que una parte de una estrategia mayor de los afanes imperialistas yanquis, que es la de hacerse del control de la zona de Asia Central. Según varios analistas militares, el plan estadounidense es atenuar lo más posible la presencia de otros Estados imperialistas, especialmente de China y Rusia. Sobretodo después del 11 de agosto del presente año, día en el que el gobierno chino movilizó a 50.000 hombres en ejercicios militares en territorios “poco familiares”, lejos de sus bases de entrenamiento. Sin duda que esta maniobra militar no es un simple ejercicio de rutina, sino que una señal, mediante la cual el socialimperialismo chino le muestra los dientes al imperialismo yanqui y le dice: ¡ojo!, esta zona tiene dueños y nosotros movilizamos de un día a otro 50.000 soldados, si quieren conquistarla deberán contar con nuestra participación.

La ubicación de Afganistán, en el corazón del continente asiático, la convierte en una zona estratégica para los Estados imperialistas. El imperialismo yanqui, que aún sueña con erigirse como el único gendarme del mundo, no ha escatimado en gastos (la guerra le cuesta a Estados Unidos más de 100 millones de dólares al día) como tampoco en llevar a cabo las más cruentas maniobras contra las masas para coronar sus planes con éxito. Sabido es que si las tropas USA/OTAN despejan el camino para un control total estadounidense de la zona, el gobierno yanqui se encontrará en inmejorable posición respecto a China y Rusia, ya que podrá vigilar de cerca todas sus acciones y además podrá lograr un objetivo que ya se había propuesto antes del 2001: flanquear a Irán militarmente sin la necesidad de trasladar gran cantidad de tropas, puesto que las tendrá concentradas de antemano en Afganistán.

Pero lo que más ha dificultado el éxito de la invasión imperialista a Afganistán no son las contradicciones con las otras potencias imperialistas, que durante ocho años han tomado palco esperando un desgaste del imperialismo yanqui para después intervenir sin mayores costos y llevarse una victoria rápida, tal como hicieron los yanquis en la II guerra imperialista. Lo que realmente ha provocado el fracaso de ocho años de invasión es la resistencia del pueblo afgano. Para doblegar esta tenaz resistencia las tropas USA/OTAN han desatado una cruenta guerra en contra de las masas y ahora último, haciéndolas de democráticos montaron el triste show de elecciones presidenciales, que ya antes de efectuarse demostraron ser un tremendo fraude.

Ninguna de estas dos maniobras (guerra contra las masas y elecciones) logró el objetivo de someter a las masas afganas a los mandatos imperialistas yanquis. Sobre estos puntos nos referiremos en el siguiente número de Nueva Democracia.

 

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Los comunistas en Afganistán

Los comunistas afganos, aunque pequeños en cantidad, han cumplido una gran labor en la resistencia. Primero, a través de la Organización de la Juventud Progresista (OJP) que luchó activamente contra el revisionismo jruschovista, el socialimperialismo soviético y el parlamentarismo, sosteniendo que el Poder político nace del fusil. Luego, bajo los bombardeos de los imperialistas soviéticos y la represión islámica (pro yanqui), a mediados de los ‘80 se formó la Célula Revolucionaria de Comunistas Afganos (CRCA). En 1990 la CRCA se unió a la Unión de Marxista-Leninistas de Afganistán para formar la Organización de Comunistas Revolucionarios de Afganistán, que devino en 1991 en el Partido Comunista de Afganistán, al que luego se uniría el Comité de Agitación y Propaganda del Marxismo-Leninismo-Pensamiento Mao Tsetung.
El PCA, en su documento Principios Básicos, declara: “La estrategia del PCA para la toma del poder político es el inicio y avance de la guerra popular, una guerra prolongada basada en la inmensa mayoría del pueblo, especialmente el campesinado, bajo la dirección del proletariado a través de su partido de vanguardia. Hasta el inicio de la guerra popular, todas las luchas del Partido servirán a su preparación, y una vez iniciada la guerra popular, todas las formas de lucha y la fuerza combativa del Partido servirán a su avance y victoria”.
El maoísmo se extiende paulatinamente entre el pueblo afgano en lucha contra el revisionismo. Los días de los reaccionarios en Afganistán, como los de los reaccionarios de todo el mundo, están contados. Las masas dirigidas por los comunistas se foguean en las luchas preparatorias para llevar la lucha antiimperialista a su nivel más alto: la guerra popular.

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Colusión y pugna interimperialista

El Pentágono considera a China como la mayor amenaza potencial y de hecho el gobierno chino ya ha ido conquistando (saqueando) mercados en Oriente Próximo, África y América Latina, zonas que el imperialismo yanqui las considera como propias.
Los imperialistas rusos no se han quedado atrás. Mendeneiev ha declarado respecto a la presencia de las tropas USA/OTAN en Afganistán y en las regiones del Caspio: “Se trata de una región clave, una región en la cual están teniendo lugar diversos procesos y en la cual Rusia tiene trabajo crucialmente importante que realizar para coordinar nuestras posiciones con nuestros colegas y para ayudar a encontrar soluciones comunes a los problemas más complejos”. Lo que en palabras simples significa: el gobierno ruso no se opone abiertamente a la presencia yanqui en la zona, sí se opone a su control absoluto y si los yanquis quieren ocuparla por un largo plazo, no podrán hacerlo sin los rusos. Es más, el gobierno de Rusia ya ha comenzado a acelerar negociaciones con el gobierno títere de Karzai, pasando por alto al gobierno yanqui, cosa que probablemente no haría si los yanquis estuvieran ganando la guerra.
En el campo militar las potencias imperialistas de China y Rusia ya se han coludido para disputarles a los yanquis el control de las semicolonias. Por ejemplo, en junio del 2001 se crea la Organización de Cooperación de Shangai (OCS), liderada por China, que agrupa a Rusia, los gobiernos de Asia Central y quizás integre a Irán. La OCS tiene además planes de integrarse en el futuro con la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), liderada por Rusia, que planea extenderse hasta Europa Oriental y el Cáucaso. Si esto se llegara a materializar, esta alianza militar sería una competencia directa para la OTAN, liderada por el gobierno norteamericano. Esto es una muestra más de como las distintas potencias actúan en colusión y pugna. Se coluden para oprimir a los pueblos del mundo, al mismo tiempo que pugnan por desplazarse unas a otras.

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