| Nuevas medidas para reimpulsar el capitalismo burocrático en Chile
Ley de Mercado de Capitales III
Una profunda recesión que afecta a toda la economía mundial; quiebras y fusiones por doquier; perspectivas de crecimiento nada alentadoras para los siguientes años; cesantía que en nuestro país alcanza al 10% de la fuerza de trabajo según datos oficiales y cifras aún mayores en casi todos los países del mundo. Estos son los resultados -hasta ahora- de la última escalada de especulación financiera que terminó en la crisis subprime de 2007-2008 en el corazón del imperialismo, los Estados Unidos, y desencadenó una recesión mundial de la cual aún no se observan señales certeras de recuperación.
Pero este escenario de pesar e incertidumbre para la inmensa mayoría de la población mundial no ha mermado ni un ápice los afanes de riqueza de los dueños del capital financiero -grandes burgueses imperialistas y sus intermediarios en las semicolonias- quienes siguiendo sus mezquinos intereses de clase se vienen beneficiando de los burgueses que caen en desgracia concentrando y centralizando más capital, a la vez que planean desde ya su recuperación económica con una nueva escalada de especulación financiera a nivel mundial.
Un informe del Banco Mundial de junio pasado mostraba para el mundo un escenario nada alentador: se informó que la producción mundial podría reducirse hasta un 2,9% y el comercio mundial casi un 10% en 2009, en tanto que los flujos de capital privado podían caer de US$707.000 millones en 2008 hasta llegar a los US$363.000 millones en lo que restaba del año.
La alarma desatada por este informe no se divulgó por las cadenas de prensa, pero sí movilizó numerosos encuentros internacionales de gobernantes y ministros de economía convocados por las instituciones imperialistas. El catastrófico escenario que se figuraba terminó con las críticas públicas que algunos economistas burgueses seguían sosteniendo al sistema financiero mundial y puso en línea a los gobiernos de las distintas semicolonias con el plan imperialista de reimpulso al capital financiero. Con casi nula discusión pública, terminó por imponerse la necesidad de más control estatal para resguardar el mercado de capitales en los países imperialistas, al mismo tiempo que una nueva asonada imperialista para barrer con las “trabas” al movimiento de capitales en las semicolonias.
Bajo el impulso del amo yanqui y su “mayor reforma financiera desde los años 30”, las reuniones de G20 y otras vienen promoviendo con más ahínco la idea de la “reforma” a nivel mundial. Y como de costumbre, fueron los gobiernos lacayos de las semicolonias más leales en Latinoamérica los que en primer lugar aceleraron diversos proyectos de ley para mejorar aún más los negocios de sus amos imperialistas. En Colombia y Perú ya se promulgaron tales reformas; en México, Argentina y otros países se viene agitando el problema para ser resuelto en el próximo año. En Chile el gobierno de Bachelet terminó por presentar en septiembre el nuevo proyecto de Ley de Mercados de Capitales III (MK III), y espera sea aprobado antes de fin de año.
Una vez más la condición de semicolonia de nuestro país queda de manifiesto: la supuesta soberanía de Chile para definir sus propias leyes fue sobrepasada y se le obliga a seguir renunciando a su derecho de imponer impuestos, royalty y otros gravámenes a la actividad económica. Los intereses del pueblo son otra vez pasados por alto para dar curso a una iniciativa de legislar que proviene directamente de las instituciones internacionales del imperialismo.
Desarrollo del mercado de capitales en Chile
Todos los análisis económicos constatan que en las últimas tres décadas han sido el comercio y el sector financiero los que han tenido el mayor desarrollo en nuestro país. El sector productivo únicamente ha crecido significativamente en la extracción de materias primas y en menor grado en el desarrollo de productos de escaso valor agregado, mientras la industria nacional sólo se sostiene penosamente.
En términos de la economía política esto responde a la profundización del capitalismo burocrático, esto es, un capitalismo atrasado que únicamente existe para servir a las grandes potencias imperialistas como fuentes de materias primas y mercado para su producción industrial; un capitalismo subyugado al capital extranjero, a sus condiciones y a cada uno de sus vanos esfuerzos por revertir su irreversible tendencia a la disminución de la tasa de ganancia.
Utilizando sus aparatos de prensa la gran burguesía nacional -de naturaleza compradora- ha promovido sistemáticamente la profundización del capitalismo burocrático con propaganda demagógica sobre supuestos aportes de la inversión extranjera en empleo, crecimiento y desarrollo, no obstante un análisis de las cifras macroeconómicas demuestra que tras una cáscara de financiamiento se esconde un enorme saqueo. Sucesivas reformas legislativas y tratados comerciales han facilitado efectivamente la inversión extranjera en el país, profundizando nuestra dependencia semicolonial, extrayendo cada vez mayores riquezas en materias primas, agudizando la concentración y centralización de capitales, precarizando el empleo y empeorando la distribución del ingreso en el país.
Durante el gobierno de la Junta Militar Fascista se impuso el primer tratamiento de shock a la economía nacional para abrirla a los capitales imperialistas. Fue privatizada la banca y los fondos de pensiones al tiempo que el mercado de capitales se liberó de controles estatales. Esa primera experiencia fue breve, en pocos años la especulación a gran escala llevó a la bancarrota a la mayor parte del sistema bancario y a la cárcel incluso a algunas reconocidas personalidades de la economía. El estado debió salvar la situación haciéndose cargo de la administración de los bancos para luego de sanearlos volver a entregarlos a la burguesía compradora, vendiéndolos a precios irrisorios y con amplias facilidades de pago.
Ya con algunas regulaciones necesarias para evitar un nuevo colapso, entre 1980 y 1995 el desarrollo del mercado de capitales chileno fue gigantesco. Los volúmenes transados en bolsa, el patrimonio bursátil, los volúmenes de intermediación financiera, las colocaciones de bonos y los montos administrados por las AFP, fondos mutuos y fondos de inversión alcanzaron cifras nunca vistas. La “exitosa” economía chilena le hizo ganarse el título de “jaguares de América Latina”. Pero como se vería en un par de años, esto sólo era parte de una gran escalada especulativa centrada en los denominados “países en desarrollo”.
Pero ya antes de la crisis asiática el mercado de capitales comenzó a sufrir un serio estancamiento, el que fue atribuido principalmente al “excesivo reglamentarismo” de las leyes chilenas. Las duras consecuencias que la crisis de 1997-1998 y las nuevas imposiciones del imperialismo se tradujeron en demandas por reducir las barreras arancelarias al comercio y nuevas reformas económicas en beneficio de los dueños y administradores del capital financiero. Es así como además del compromiso a la libertad de movimientos y otros privilegios exclusivos entregados al imperialismo yanki en el TLC con EE.UU., en la última década se desarrollaron las denominadas Reformas al Mercado de Capitales I y II (MK I y MK II), la primera de las cuales fue aprobada por el Congreso en 2001 y la segunda en 2007.
El paquete de reformas de MK I, aprobada en noviembre del año 2001, buscaba mejorar la liquidez del mercado de valores por medio de extraer más plusvalía desde un sector de los asalariados por medio del ahorro previsional voluntario para la vejez. Se consiguió también mejorar los negocios del capital especulativo mediante la liberación del impuesto a las ganancias de capital para las empresas de alta presencia bursátil, esto es, para la gran empresa monopolista.
Por su parte el conjunto de reformas de MK II introdujo incentivos para el capital de riesgo por la vía de eliminar trabas para la formación de empresas, eliminar el impuesto a la ganancia de capital para ciertos fondos de inversión y otra serie de medidas que garantizan las inversiones de un grupo selecto de inversionistas, principalmente el sector bancario y las aseguradoras.
Como vemos, los gobiernos de la Concertación han venido adoptando con prisa cada indicación del imperialismo yanqui en materia económica, cumpliendo a cabalidad con sus requerimientos y mejorando con esto los negocios para el capital extranjero y para la gran burguesía nacional. Particularmente durante el gobierno de Ricardo Lagos la prestancia por satisfacer las demandas del sector comprador fue tal que el portavoz de los banqueros -Hernán Somerville- llegó a decir con honesta gratitud, “los empresarios aman a Lagos”. Sin duda con MK III, Bachellet y el paladín del entreguismo Andrés Velasco recibirán elogios similares.
Nuevas garantías y regalías para el capital imperialista El nuevo proyecto de ley de mercado de capitales ha sido una demanda de la gran burguesía desde poco después de aprobado el paquete de leyes MK II en 2007, pero sólo fue comprometido por Bachelet en su cuenta pública del 21 de mayo pasado, anunciándose que el proyecto de ley sería enviado en julio y esperando una rápida aprobación. Pero las exigencias establecidas en las sucesivas reuniones de los organismos imperialistas y las necesarias reuniones con los gremios patronales retrasaron su presentación.
Sólo el 8 de agosto Velasco hizo la presentación pública del proyecto ante los principales representantes de la burguesía compradora en el XIV Congreso de Finanzas y Negocios de ICARE. Un mes después fue presentado para la discusión por parte del Parlamento.
Más allá de la demagógica publicidad del gobierno que dice que el objetivo es “proteger al consumidor”, el texto legal tiene como objetivos de fondo el aumentar la liquidez del mercado financiero echando mano a mayores ahorros de los asalariados (provisionales, hipotecarios y otros) y a facilitar la concentración y centralización de capitales introduciendo en el negocio financiero a empresas de menor tamaño, más proclives a quebrar. Se crean también nuevos instrumentos de especulación basados en la deuda de los usuarios.
Entre las demandas de la burguesía compradora se encuentra también el terminar de barrer con los impuestos que gravan a los negocios especulativos, como el impuesto a la ganancia de capital y el impuesto a timbres y estampillas. Actualmente estos impuestos ya han sido eliminados en la práctica para el gran capital, pero desde el punto de vista de los requerimientos del gran capital, aún es insuficiente para convertir a Chile en una plataforma para impulsar aún más el capital imperialista hacia otros países que aún no adoptan todas las políticas de liberalización, lo que Velasco eufemísticamente llama “transformar a Chile en exportador de productos financieros”.
Pequeñas diferencias frente a un objetivo mayor:
servir al imperialismo
El único aspecto de la nueva ley que provoca ciertas diferencias entre sectores de la gran burguesía chilena son las medidas para ampliar la competencia en el mercado de los créditos. El proyecto contempla ampliar las facultades para que las cajas de compensación, aseguradoras y principalmente a los bancos extranjeros puedan vender directamente créditos a las personas y a las pequeñas y medianas empresas.
Frente a este aspecto los banqueros han polemizado con el gobierno, profundizando las diferencias que se dieron tras la negación de éstos a rebajar el costo de los créditos a pesar que la tasa de interés interbancaria se mantiene en un mínimo durante varios meses. Hernán Somerville, presidente de la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (ABIF), criticó estos contenidos, principalmente el denominado “crédito universal” (un crédito estandar que permitiría comparar entre distintas ofertas) indicando que con esto “más bien buscan dar respuesta a la coyuntura y no a lo que el país necesita con miras al largo plazo”.
Efectivamente el establecimiento de un “crédito universal” no significa ningún aporte para el mercado financiero, menos aún para el pueblo. Pero lo que está detrás de las palabras de Somerville es el deseo de los banqueros chilenos de mantener al menos ciertas regalías que la actual legislación les entrega, y que les han permitido generar utilidades enormes en detrimento de las micro, pequeñas y medianas empresas, forzadas a pagar altísimas tasas de interés para obtener créditos. Pero estas diferencias no han alcanzado gran revuelo, y esto es porque aunque los banqueros presionarán por algunas concesiones, en último término su esencia compradora -de servidores del capital imperialista- terminará por imponerse para aceptar la aprobación de esta ley.
Sin duda que Somerville y los sectores que representa están suficientemente concientes que su existencia como clase dependen estrechamente de alargar lo más posible la vida del agonizante imperialismo, tanto como los comunistas estamos concientes que la lucha de clases que éste atiza lo condenan a su inevitable muerte, sean cuantas sean las leyes que intenten levantar para auto protegerse.
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