| Respuesta a un lector
Sobre la propaganda comunista y las tareas de los activistas revolucionarios
De: Ghico
Mensaje:
Compañeros quisiera hacerles un alcance en la mas buena onda y ojalá asi lo tomen. Hace unos dias me llego su periódico “Nueva Democracia” a mis manos y lo lei, me llamó la atención su forma de escribir, por que era como estar leyendo textual los libros del pelao [Lenin], y la lejanía del discurso con la población. ¿Cómo pretenden que un obrero de la construccion pueda entender la ensalada de conceptos que predican? Yo creo que la crítica va por el lado de aterrizar un poco el vocabulario... o a lo mejor yo me equivoco y el periódico va dirigido a la elite intelectual revolucionaria...
Saludos, desde las poblaciones de Temuco. De: URC (MLM) de Chile
Para: Ghico
Compañero, agradecemos sinceramente su mensaje. La crítica que nos plantea la hemos recibido también de otros compañeros y lectores, y creemos que es una oportunidad de profundizar en comprender el origen de esa “distancia” entre la propaganda comunista y las amplias masas populares.
Se refiere usted con cierta irreverencia al camarada Lenin, para exponer su crítica; al parecer le ha leído. Eso es bueno, pues fue precisamente Lenin quien se ocupó de resolver el problema de fondo que usted plantea -el problema de cómo fundir el socialismo científico con el movimiento obrero- resolviéndolo exitosamente hasta conducir la primera revolución proletaria y la construcción del primer Estado socialista en la historia. Para responderle, entonces, citaremos sus enseñanzas.
Lenin, siguiendo a Marx, reafirmaba que el socialismo, como doctrina, tiene sus raíces en las relaciones económicas actuales. Lo mismo que la lucha de clases del proletariado, ambos surgen de la lucha contra la miseria y opresión en que están sumidas las amplias masas populares, miseria y opresión que el capitalismo sostiene.
Comprendiendo que la ideología proletaria no surge espontáneamente entre las masas, Lenin combatió duramente a aquellos sectores de la socialdemocracia rusa que, desconfiando de las capacidades de las masas, promovían encerrar al movimiento obrero en un marco artificialmente restringido de “literatura para obreros”, de textos “digeribles” que se limitan a relatar el orden de cosas y rumiar lo que ya se conocía desde hacía tiempo.
Si no se promueve concientemente la ideología proletaria -argumentaba Lenin- entonces se promueve su opuesto, la ideología burguesa. Las tareas prácticas de la revolución debían entonces estar también orientadas concientemente por la ideología del proletariado, lo cual implica estudio y preparación: sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario -concluía. El obrero revolucionario, -sostenía Lenin- si quiere prepararse plenamente para su trabajo, debe convertirse también en un revolucionario profesional, lo cual exige manejar la teoría revolucionaria, tener un profundo conocimiento de la historia y un manejo práctico de la política en la tormenta de la lucha de clases. Estos cuadros revolucionarios habrían de forjarse en la teoría y la práctica de la lucha revolucionaria. Pero cierto es también, claro, que no todos entre las masas serán cuadros revolucionarios, sino que éstos serán los menos. ¿Cómo entonces elevar la conciencia política de toda la clase?
Como más tarde profundizaría el presidente Mao, entre las amplias masas existen, en general, tres categorías de personas: las relativamente activas, las intermedias y las relativamente atrasadas, las que a su vez tienen distintos grados de conciencia política. La labor de los comunistas es unir al pequeño número de activistas en torno a la dirección el programa y línea política general y, apoyándonos en ellos, elevar el entusiasmo de los elementos intermedios y ganarse a los atrasados. La propaganda revolucionaria desarrollada por los comunistas tiene como misión elevar el nivel de conciencia política de las clases revolucionarias en general, y no descender al nivel de conciencia actual de las amplias masas, pues hasta ahora ese nivel de conciencia está fuertemente influenciado por la ideología burguesa imperante. Atendiendo al desarrollo desigual de la conciencia de clase entre las masas, la propaganda debe preocuparse particularmente de aquellos elementos más activos y concientes. Esta es la labor que hoy asume el periódico Nueva Democracia.
Comprender nuestra sociedad y su lugar en la economía imperialista, caracterizar el estado y la política de los reaccionarios chilenos, caracterizar las clases sociales que se enfrentarán en la guerra popular es lo único que permitirá definir correctamente la línea política general y el programa para la revolución chilena. Esto implica estudiar profundamente nuestra realidad a la luz del socialismo científico y saber aplicarlo correctamente a las particularidades de nuestro país. Nueva Democracia se ha aventurado a desarrollar estas tareas y exponer los resultados ante las masas, particularmente ante sus elementos más activos, para servir de guía política y recoger sus experiencias de lucha, materia prima para el consecuente desarrollo de la teoría y la práctica revolucionaria.
Teniendo en cuenta todo lo dicho, si actualmente la propaganda de nuestro periódico se siente “lejana” entre las masas -lo cual es una gran verdad- no debemos concluir equivocadamente que lo que hay que hacer es “simplificarla” rebajando sus contenidos o cambiando los conceptos precisos por otros más difusos sólo porque éstos sean más “conocidos”, sino que significa que los activistas revolucionarios, aquellos que ya tienen cierto manejo relativo de la teoría revolucionaria, deben profundizar aún más su actividad entre las masas para educarlas políticamente en medio de la lucha de clases y partiendo del nivel de conciencia de éstas.
Para esto la propaganda local es ineludible: los volantes y hojas de denuncia, los rayados, los dípticos llamamientos y boletines locales y principalmente la propaganda oral, por sus características pueden abordar oportunamente ejemplos y problemas puntuales que en nuestro periódico mensual sería imposible recoger, y mediante los cuales se puede elevar paulatinamente el nivel de conciencia de las masas, las que indefectiblemente demandarán más teoría para orientarse en sus problemas prácticos. Es, por tanto, la actividad política de los activistas entre las masas la única forma de “aterrizar” la teoría revolucionaria a la realidad inmediata de las masas, siempre y cuando se haya barrido el prejuicio pequeñoburgués de considerar que una temporera o un obrero de la construcción son incapaces de entender qué es la plusvalía o reconocer en su vida diaria el choque entre fuerzas productivas y relaciones de producción.
La ideología del proletariado tiene un único gran objetivo, servir al pueblo como una guía para la acción revolucionaria. En último término, entre nuestra ideología y las masas no existe distancia alguna, pues ésta sirve a sus intereses.
Pero indudablemente hoy, cuando aún los activistas revolucionarios estamos relativamente distanciados de las amplias masas, nos parece que existe una distancia abrumadora. Únicamente nuestra decisión a llevar adelante la línea de masas podrá revertir esta situación y hacer que nuestra actividad se encamine en preparativos serios para iniciar la guerra popular. De mantenerse tal distancia sólo significará que estamos considerando el estudio del socialismo como un simple autocultivo intelectual, al estilo de las élites a las que usted se refiere, en cuyo caso no mereceríamos siquiera el nombre de comunistas.
Esperamos, compañero, nos hayamos dado a entender en esta respuesta. Por favor vuelva a escribirnos.
Un abrazo afectuoso.
Comité de Redacción
Nueva Democracia
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