ND26 - Marzo 2009
 

Editorial: La actividad de los comunistas se pone a prueba

Todas las instituciones del poder burgués-terrateniente comienzan a abandonar su careta de neutralidad. Bachelet, demagoga y falsa demócrata no ha trepidado en mandar contra el pueblo las fuerzas policiales para reprimir la justa protesta popular. En este afán el gobierno reaccionario, en la persecución al movimiento mapuche, ha violado la misma Constitución que dice defender.

La cacareada reforma laboral ha sido una farsa más. El llamado poder ejecutivo dirigido hoy por la facción burocrática, asume funciones legislativas que anulan con sus dictámenes cualquier conquista que el pueblo haya alcanzado con sus luchas y que el parlamento diera forma de ley tras prolongadas, dilatadas e inútiles discusiones, informes, consultas y entrevistas. Es así como la reforma laboral nace muerta.

Los otros así llamados poderes del Estado, supuestamente independientes, también contribuyen a luchar contra la clase obrera y el pueblo. El poder judicial, engendro de falsa justicia, es un laberinto para que los trabajadores se pierdan. Sin embargo, se vuelve en extremo expedito cuando se trata de defender los intereses del capital monopolista estatal o no estatal o para perseguir y encarcelar a los luchadores populares.

Diputados, senadores, ministros y diversos monigotes invocan derechos y libertades y se niegan al pueblo en la realidad.

Por otro lado, la crisis económica viene profundizando la crisis general en que se debate hace décadas el capitalismo burocrático en nuestro país. La reacción (gobierno, oposición y todos los aparatos del Estado burgués terrateniente) no tiene rumbo claro y no es capaz de agruparse en torno a un programa, que no sea más subordinación a algún imperialismo.

El gobierno, tratando de enfrentar la recesión económica, planea crear más de cien mil empleos de emergencia. ¿Pero que implicancias tiene esto desde el punto de vista político? Los empleos de emergencia son una medida transitoria que tiene como objetivo disminuir el descontento y la explosividad de las masas. No son empleos estables y las faenas en que son utilizados no presentan ninguna perspectiva productiva que implique un verdadero plan de desarrollo económico.
En pocas palabras, lo que la reacción prepara para contener el aún lento pero sostenido avance del movimiento popular es migajas y represión.

Pero todo esto no apartará a las masas de la lucha, y esto generará mayores conflictos hacia el interior del frente contrarrevolucionario. La misma recesión golpeará más al pueblo y atizará la hoguera de la lucha de clases desarrollando favorablemente las condiciones para devolver los golpes con violencia revolucionaria.

Dos campos antagónicos se perfilan cada vez más nítidamente: por un lado está el campo reaccionario y contrarrevolucionario; en el lado opuesto está el campo progresista, popular y revolucionario.

La actividad de los comunistas en este contexto se pone a prueba. La propaganda de las ideas comunistas, la propaganda del marxismo-leninismo-maoísmo, la paciente labor de explicar a las masas la necesidad de conquistar el poder por vía revolucionaria, la persuasiva y persistente tarea de educar a las masas en la necesidad de que las luchas por mejoras en las condiciones de vida se liguen a la lucha de clases como preparación de la guerra popular. Es necesario hacer mayores esfuerzos por unir el movimiento revolucionario al movimiento de masas; todas estás tareas constituyen un desafío de gran envergadura para la revolución.

Indudablemente que todas estas tareas, traducidas en una intensa actividad deben tener como eje la política estratégica para constituir un verdadero partido comunista, primero como centro embrionario del movimiento revolucionario, para luego convertirse en el “Estado Mayor” de la clase y el pueblo. Entre la situación actual de los maoístas en Chile y la construcción de un Partido de nuevo tipo reconocido como vanguardia efectiva de las masas revolucionarias, mediará la construcción en torno suyo de un ejército popular y un frente del pueblo.

Pero militantes y activistas aún permanecen desligados de las masas. El salto se producirá cuando se comience a dirigir la lucha de las masas. Pero una lucha ya no sólo por una reivindicación específica (salario, empleo, recursos, tierra, vivienda, etc.) sino por el poder. Esto implicará en primer lugar ligarse a las masas un paso en este sentido es la propaganda, la que debe mantenerse siempre.

Pero si queremos comprender bien lo que significa organizar, movilizar y politizar a las masas tendremos que, en segundo lugar, pasar a formar parte de sus organismos (sindicatos, comités de cesantes, centros de estudiantes, comités de allegados, comunidades, etc.) transformándolos en organizaciones de lucha; si las masas están desorganizadas deberemos organizarlas y movilizarlas a la lucha. Unidas la actividad propagandística y la misma lucha permitirán hacerles comprender la reivindicación política fundamental: la conquista del poder. No basta con unirse a las masas, participar de sus organismos u organizarlas, hay que educarlas en la política revolucionaria.

Muchos revolucionarios y activista aún creen que participando de organizaciones de masas u organizándolas ya se cumplió la tarea, que la politización se dará en algún momento “cuando las masas estén listas o preparadas” o “cuando hayan condiciones”. Mientras tanto la política se reserva para el núcleo de militantes o activistas. Nada más falso y erróneo. Las experiencias revolucionarias internacionales enseñan justamente que las masas están ávidas de una política que las interprete. La labor educativa consiste en que desde el primer momento hay que plantear el problema político.

Decíamos que la actividad de los comunistas se pone a prueba, porque los vínculos con las masas hoy son insuficientes, sino ínfimos. Debemos urgentemente revertir esta situación. Para ello la acción del activista hay que orientarla permanentemente, explicándole los objetivos, los fines, los planes, el programa. No es posible suponer que éste los adivinará, o bien, le caerán del cielo las respuestas. Tampoco se trata de entregar todo digerido. Hay que apuntar a que la conciencia política se desarrolle. Para esto es necesario que el activista al participar de las campañas involucre a muchos. Esto permitirá acumular una mayor “experiencia política”. En este sentido la agitación y propaganda no conforman tan sólo un contenido teórico sino que una experiencia política práctica.

 
 
 

Destacamos...

Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo
de Vladimir Ilich Lenin

Nuevo texto de
ediciones MLM




Ir a Archivo Revolucionario Comunista

 
  ¿Quieres saber cómo?
Haz click aquí...