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Editorial
De acuerdo al cronograma establecido por la gran burguesía y tal como manda el imperialismo que se desenvuelvan los sistemas de gobierno, una vez más las elecciones municipales se han llevado a efecto. Sin embargo como tantas otras veces en la historia republicana de Chile, las elecciones pasan y la superexplotación, el desempleo, la crisis de la salud pública, la opresión nacional, el despojo al mapuche, los abusos y atropellos contra el pueblo quedan.
Las elecciones no tienen como tarea cambiar las condiciones de vida de las masas, sino sembrar la ilusión de que éstas podrían eventualmente mejorar mediante el voto y no mediante una revolución, la cual es imposible según declaran reaccionarios y oportunistas de todas layas. Pero las masas en su infinita sabiduría poco a poco van percibiendo el papel del sistema electoral y cómo se les intenta engañar. Es por ello que una rápida ojeada a las elecciones y sus resultados nos permite evaluar el agotamiento del sistema político y la importancia que comienza a recobrar entre más sectores del pueblo la necesidad de la lucha revolucionaria.
Veamos una aproximación a las cifras y su magnitud. Las personas en edad de votar son casi 12 millones, del total de estos, son poco más de 8 millones los que están inscritos en los registros electorales. Al momento de producirse las elecciones el 26 de octubre cerca de 4 millones de personas en edad de votar no se encontraban inscritos. Por otro lado, las abstenciones llegaron a ser algo más de un millón 500 mil personas, de las cuales se excusó de acuerdo a la ley cerca de un tercio. Es decir, más de un millón de personas se abstuvieron y no justificaron. Si se suman el total de las abstenciones más los no inscritos, los nulos y blancos la cifra se eleva a cerca de 6 millones de personas. Esta cifra prácticamente iguala a los votos válidamente emitidos; al compararla con elecciones anteriores la tendencia es que aumente la abstención y la no inscripción. Elección tras elección aumenta el desprestigio de los partidos políticos que compiten en las elecciones; indudablemente en las presidenciales del próximo año la tendencia descrita se mantendrá. Otra cuestión que podemos concluir es que poco más de un tercio de chilenos apoyan al gobierno, su base de legitimidad, insistimos, es bastante frágil. De hecho son los jóvenes los que no se están inscribiendo, en especial la juventud popular.
En otro ámbito, muy relacionado con el papel político del sistema electoral, la situación política nacional sigue desenvolviéndose dentro del ascenso de la lucha de masas. La protesta popular no se ha detenido y nuevas luchas se han desarrollado. Esto obligará a los partidos, si quieren seguir teniendo base electoral o aumentarla, a modificar el sistema o bien ponerse a la cabeza de la lucha de masas dirigiéndolas hacia el cumplimiento de fines electoreros. Pero tanto la reforma del sistema electoral (inscripción automática, voto voluntario, fin del binominal, etc.) como utilizar al movimiento de masas, tarde o temprano terminan por agotarse y desatar una crisis política de mayores consecuencias para el sistema político de dominación. De los verdaderos comunistas dependerá que frente al creciente descontento de las masas y el desarrollo de la protesta, el desborde no finalice en un estallido social que desahogue la situación sino que en el comienzo de la guerra del pueblo contra sus principales enemigos.
En distintas partes sectores de las masas se preguntan como romper el actual estado de cosas. Esto solo se logrará movilizándonos a la lucha, organizándonos y comprendiendo que un objetivo fundamental es la conquista del poder político para la clase y el pueblo. Los graves problemas del sistema de salud, el aumento del desempleo, las continuas alzas, los bajos salarios, solo podremos revertirlos con la protesta popular, sólo con ella podremos resistir los golpes de nuestros enemigos de clase, para esto necesitamos organizar comités de agitación y propaganda más permanentes que tengan como perspectiva la lucha revolucionaria de masas.
Las elecciones municipales terminaron y con ello se cierra un capítulo más de este carnaval de engaños e ilusiones. Afirmamos que ninguna semilla florecerá de las urnas, pues esa es una tierra yerma que busca aplacar el descontento popular.
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