ND21 - Octubre 2008
 

Respuesta pública a un lector
¡Desechar las ilusiones electorales, preparar la guerra popular!

De: Roberto
Para: nuevademocracia.chile@urc.cl

Sin duda que la cosa electoral no conduce al triunfo. Nosotros los chilenos podemos hablar de ello, pero no creo que se levante solo un comité anti electoral, si ni siquiera el nombre es atractivo, creo que eso es una idea que nace muerta.

La ley electoral no permite que las opciones populares participen, la ley de partidos políticos también, pero si fuera diferente, creo, humildemente, que los Partidos de Izquierda deberían usar el escenario para acumular fuerzas, tomar contacto con las masas, no pensando en elegir, pero si considerarlo electoral cómo un instrumento para avanzar. La diferencia de esto con un Partido electorero, es que el último ve la elecciones como un fin, cómo la única vía de hacer política. Para un Partido Revolucionario, la situación es difícil, lo electoral es táctico, permite avanzar si se hace bien la pega, posibilita contacto y debate, promueve al partido, lo hace más conocido, eso no se puede rechazar. En este minuto lo lógico sería llamar a votar NULO, aunque el porcentaje de nulos y blancos será el mismo de las elecciones anteriores, aún haciendo esos llamados, es iluso pensar que se podrán crear orgánicas en torno al voto nulo o en torno al rechazo electoral.

Ustedes llevan tiempo hablando de la formación de un Partido Comunista (mlm), cómo piensan avanzar hacia esta tarea si no están ligados políticamente, si no muestran a los pueblos que el P”C” no es lo único, y que ustedes son una alternativa.

 

De: Unión de Revolucionarios Comunistas (MLM) de Chile
Para: Roberto

Compañero Roberto:

Agradecemos profundamente la nota que nos ha enviado pues nos permite profundizar en algunos aspectos que pueden estar explicados de manera insuficiente. Reconocemos en sus comentarios una preocupación honesta por develar el camino de la revolución chilena y por ello estamos dispuestos a continuar con usted el debate en torno a la significación que tiene para el pueblo el camino electoral.

Los argumentos que nos entrega para poner en duda la pertinencia y el sentido de la campaña antielectoral que actualmente impulsamos los hemos encontrado también en algunos otros compañeros, por lo cual hemos decidido redactar esta respuesta a modo de carta pública, pues permitirá entregar a los lectores de ND nuevos elementos a la discusión acerca del sentido de las elecciones y el camino de la revolución en Chile.

Como comunistas, para analizar la realidad nos sostenemos en el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, y particularmente en la teoría de la lucha de clases. El presidente Mao nos advierte además que al estudiar los problemas debemos cuidarnos del subjetivismo, la unilateralidad y la superficialidad. El subjetivismo nos lleva a desarrollar juicios basados en ideas preconcebidas, olvidando que el materialismo nos reclama buscar la verdad en los hechos; la unilateralidad nos conduce a observar sólo aspectos aislados del problema, sin considerar el conjunto de elementos involucrados y la relación dialéctica entre ellos; la superficialidad nos lleva a observar sólo los aspectos exteriores de los problemas, en general los aspectos menos importantes, sin indagar en su contenido y en las conexiones internas de los distintos fenómenos. Intentaremos entregar en esta respuesta algunos elementos que encontramos ausentes en su reflexión, a fin de poder seguir profundizando en esta discusión.

Mil y un hechos objetivos de la historia del proletariado mundial nos han mostrado que las elecciones a los distintos cargos del aparato estatal de los explotadores son un mecanismo profundamente contrarrevolucionario. Bajo la esperanza de obtener mejoras en las condiciones de vida del proletariado mediante participación “democrática”, se terminan desviando las energías del proletariado y el pueblo de la necesaria preparación de la revolución, que significa la destrucción de todo el aparato burocrático-militar de los explotadores y no su participación en éste.

En la historia del movimiento comunista internacional se han dado situaciones donde los partidos proletarios han alcanzado incluso la mayoría parlamentaria. Hay muchos ejemplos de ello. Significativos son los casos de Indonesia entre los países sometidos y de Alemania y Francia entre los países con un capitalismo desarrollado. Pero en cada oportunidad, al tiempo que la burguesía y los terratenientes ven peligrar su hegemonía en la administración del estado, han puesto fin a las regalías “democráticas” mediante la fuerza, perseguido a los comunistas y proscrito al partido.

Las elecciones y los cargos estatales están necesariamente amarrados a las leyes de la burguesía y los terratenientes al servicio del imperialismo. Los explotadores prohíben por ley la propaganda de las ideas revolucionarias y las organizaciones que las impulsan pues son un peligro para preservar su dictadura de clase. Cualquier organización que promueva la destrucción de Estado burgués-terrateniente es considerada un enemigo del Estado. No hace falta gran reflexión para darse cuenta que esta evidente condición impide a un partido revolucionario darse a conocer entre las masas por medio de candidatos y campañas electorales, a la vez que permite comprender la insistencia de Lenin en torno al carácter clandestino que debe tener el Partido. Sólo “suavizando el discurso” sería posible hacer público el partido y “utilizar el estado”, pero sólo a condición de transitar del marxismo al revisionismo, al oportunismo de la peor calaña.

Por el contrario la historia de las revoluciones exitosas nos muestra que sólo la organización de las masas en oposición al Estado de los explotadores ha significado avanzar en el camino de la revolución. Si confiamos en el principio que las masas hacen la historia, entonces los comunistas debemos darnos a una serie de tareas permanentes: unirnos a las masas, organizarlas, politizarlas, construir partido en ellas para así preparar y desarrollar la guerra popular. En este camino, como enseñara Lenin, cualquier medio para unirse a las masas será correcto mientras pongamos por delante la ideología del proletariado.

En consideración de todo lo anterior es que los comunistas no rechazamos participar de las elecciones -por el contrario, participamos activamente de ellas- pero lo hacemos siguiendo una línea política proletaria y no burguesa. Esto en un país como el nuestro significa que los comunistas no llevamos candidatos ni nos ilusionamos con las promesas democráticas de la gran burguesía, los terratenientes y el imperialismo, sino que denunciamos el carácter profundamente contrarrevolucionario que tienen estas elecciones, impulsamos la oposición activa a las leyes del Estado burgués-terrateniente y llamamos a desarrollar la protesta popular con perspectiva revolucionaria en oposición a la estrategia de contención del movimiento popular promovida por el imperialismo en sus semicolonias con el objetivo de mantener sometidos a los pueblos y así poder saquear estas naciones con tranquilidad. Esto es oponer la política revolucionaria del proletariado y el pueblo a la política contrarrevolucionaria de la gran burguesía, los terratenientes y el imperialismo. Esto es actuar con flexibilidad táctica, pero manteniendo invariable la estrategia revolucionaria.

Si sumamos a esto el análisis de la situación política nacional e internacional debemos observar que en Chile desde hace unos cinco años las masas vienen desarrollando luchas populares en ascenso. Las ilusiones electorales que sembró la Concertación con la campaña del Sí y el No hace 20 años ya prácticamente se han desvanecido. Las contradicciones al interior de los partidos burgueses y revisionistas se vienen agudizando. El imperialismo entra en una crisis que inevitablemente será descargada sobre las semicolonias como nuestro país, lo que profundizará la descomposición del sistema político demoliberal y probablemente provoque un nuevo tránsito hacia formas de gobierno de carácter fascista o socialfacista. Todos son hechos objetivos que ponen una perspectiva luminosa al camino revolucionario.

Las masas luchan sin esperar las elecciones, este es otro hecho objetivo. De la misma forma los revolucionarios debemos perseverar en unirnos a ellas en todo momento. Manteniendo el foco en la línea de masas, la acumulación de fuerzas en el camino de la revolución significa desechar cualquier ilusión en las elecciones y avanzar persistentemente en la propaganda comunista para así sembrar semillas de rebelión, vincularse a las masas para conocer a los elementos más activos, unirse a ellos, impulsar el debate y la lucha de líneas para organizarlas en la preparación de acciones en contra del Estado burgués-terrateniente; difundir el mlm y la necesidad de conformar los tres instrumentos de la revolución. Todas estas son tareas permanentes para los cuadros y activistas revolucionarios.

Pero aún los maoístas somos apenas un puñado de revolucionarios con escasa vinculación entre las masas enfrentados a la enorme tarea de impulsar la revolución de Nueva Democracia en nuestro país. Frente a esto ¿por dónde comenzamos? ¿en qué concentramos nuestras fuerzas?

En esta serie de reflexiones se inserta la campaña antielectoral como una campaña de propaganda comunista que además busca impulsar la movilización de múltiples fuerzas dispersas en un objetivo común: la denuncia del carácter de clase del Estado burgués-terrateniente, sus elecciones y el servicio que éstas prestan al imperialismo. Esta campaña se desenvuelve principalmente en el ámbito de la propaganda, que es sólo un aspecto del trabajo de masas pero, pero los contenidos y las propuestas de la campaña la convierten también en una escuela de cómo realizar acciones con contenido político revolucionario.

Una de las tareas importantes de la campaña antielectoral es la conformación de comités antielectorales. Es un error considerar que la conformación de estos comités implica la creación de una gran orgánica. Si nos mantenemos bajo las lógicas tradicionales del revisionismo y el oportunismo (“la izquierda”), que eternamente apuestan a una unidad sin principios mediante pactos, coordinadoras u otras instancias amorfas con perspectivas electoreras, entonces necesariamente nos parecerá inviable la creación de una orgánica en torno al no votar. Pero la idea de los comités es algo mucho más simple. Estos comités son instancias abiertas donde se puede invitar a mucha gente, las cuales pueden participar en función del nivel de conciencia y la disposición de cada uno. La organización en comités es sencilla, se trazan objetivos simples y tareas bien precisas en torno a la discusión de los contenidos políticos de la campaña (por qué no votar) y la preparación de las acciones (cómo convencer a otros de no votar). Quienes participan en un comité perciben un sentido de conjunto, donde el elemento de unidad no es que todos se conozcan y participen de una misma orgánica, sino una línea política común a la cual todos adhieren y están dispuestos a impulsar.

Una gran cantidad de comités antielectorales que funcionen descentralizadamente pero bajo una línea política común son el mejor ejemplo de trabajo conspirativo. Permite comenzar a observar cómo trabajará el Partido a través de sus cuadros y activistas revolucionarios, uniendo miles de esfuerzos dispersos en el inicio y desarrollo de la guerra popular por medio de cuadros y activistas revolucionarios que se ligan a las masas por miles de hilos invisibles para el Estado burgués-terrateniente y sus organismos de represión.

La actual campaña antielectoral, por supuesto, tiene grandes limitaciones. Es sólo un paso que responde a las condiciones actuales de politización y organización de las masas. La revolución no se hace con un par de campañas ni con una seguidilla de campañas similares. Pero estas campañas significan un acumulación de de fuerzas y experiencia para el pueblo en su conjunto. En algún momento esta acumulación revolucionaria de fuerzas debe terminar en movimiento de masas, en la conformación de los tres instrumentos de la revolución y en la guerra popular.

Sobre la base de todo lo anterior, en una evaluación previa podemos observar que en un mes y medio de campaña antielectoral los objetivos planteados no han sido equivocados. La campaña antielectoral nos ha permitido movilizar a personas que creímos nunca lo harían, se han constituido comités allí donde pensamos no surgirían. Los comités no se levantan solos, es cierto, pero la experiencia muestra que ha bastado la iniciativa y el trabajo decidido de algún activista para organizar la discusión de los contenidos de la campaña y preparar algunas acciones. Los comités antielectorales no son una idea muerta, al contrario, se han mostrado llenos de vida.

En forma aún más directa, esta misma carta es producto de la campaña antielectoral. Antes de la campaña estos problemas no habían sido discutidos con usted. La campaña lo motivó a plantear sus dudas y a nosotros profundizar en estos aspectos de la propaganda comunista. Confiamos en que estos problemas teóricos y prácticos sean también discutidos entre sus cercanos. De esta manera se seguirá ampliando la propaganda comunista. Somos pacientes, la situación actual nos obliga a serlo. Durante varias décadas la propaganda comunista en Chile fue casi nula y carente de toda regularidad. Hoy comenzamos a ver los primeros ejemplos de cómo el MLM se hace carne entre las masas. Sólo el desarrollo futuro del movimiento de masas develará si el camino que hemos emprendido es correcto.

Saludos comunistas.

Comité de Redacción Nueva Democracia
Unión de Revolucionarios Comunistas (MLM) de Chile

 
 
 

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