ND20 - Septiembre 2008
 

Editorial

¡Desarrollar la campaña antielectoral!

La campaña electoral ya está plenamente desatada. Los candidatos buscan desesperadamente conquistar el voto del electorado. Miles de promesas son vertidas. Algunos candidatos se disfrazan como amigos del pueblo, otros aseguran ser independientes o autónomos; no faltan aquellos que afirman que están “utilizando al sistema”, porque la lucha hay que darla “por dentro y por fuera”.

Frente a este panorama debemos hacer algunas precisiones que permitan combatir en el terreno de las ideas algunos prejuicios fuertemente arraigados en importantes sectores del pueblo.

Efectivamente, sectores del campo popular se confunden, piensan que como a ellos no les interesan las elecciones, éstas dan lo mismo; afirman que “con o sin candidatos la lucha sigue”. Esta consigna política es, por lo menos, irresponsable si no derechamente oportunista. Al vivir en sociedad formamos parte de una u otra clase social. Nadie escapa a esto. Las elecciones son el mecanismo político que desarrollan las clases dominantes y el imperialismo yanqui para someter a las masas populares. ¿Se podría estar al margen de la sociedad y las distintas manifestaciones políticas que interpretan o representan a las diferentes clases? No. Si no se sirve a un interés de clases, en este caso al propio, se sirve a uno ajeno, al de mis enemigos. Incluso, se puede servir conciente o inconcientemente a una u otra clase y su política respectiva, es por esto que el “apoliticismo” no es más que una ficción que esconde el rechazo espontáneo al cretinismo parlamentario.

La política en una sociedad como la nuestra, sociedad dividida en clases sociales, clases opuestas y antagónicas, no admite una candidatura al margen de éstas. Se pertenece a una u otra clase, se defienden unos u otros intereses de clase; en rigor, no existe la neutralidad, la independencia o el apoliticismo. La política es lucha de clases por la conquista del poder y abarca cada uno de los aspectos de la vida en sociedad. Es peligroso ser ingenuo o ignorante en esto. Es criminal esconder esta verdad.

Pero además de estar dividido en clases, Chile es una semicolonia yanqui, es decir somos un país oprimido por el imperialismo norteamericano. En nuestra calidad de país semicolonial también somos terreno de disputa para otros imperialismos (alemán, francés, español, inglés, italiano, belga, holandés, austriaco, japonés, ruso, chino). A causa de la dominación y opresión extranjera nuestro país ha conservado la subsistencia de relaciones precapitalistas esto es la semifeudalidad. Todo este cuadro social determina las relaciones económicas dominantes en Chile y la política que permite defenderlas en cada momento. También se refleja en la cultura dominante, un ejemplo de esto último es en la instrucción que reciben los estudiantes populares en el sistema educacional.

Para comprender el problema político fundamental (el Poder) es importante que profundicemos en algunas características de la realidad social y política chilena.

El Estado chileno no es otra cosa que la dictadura que ejerce la burguesía monopólica (o gran burguesía) en conjunto con la clase terrateniente, ambas bajo el mando del imperialismo yanqui. Esto es el Estado burgués-terrateniente chileno, sea con “mano blanda” o con “mano dura”, no es otra cosa que una dictadura conjunta de las clases opresoras contra el pueblo. Sin embargo, por el hecho de corresponder a la inmensa mayoría del país, las masas populares no son fáciles de mantener sometidas u oprimidas. Ejercer la dominación sobre ellas es complejo y difícil. Es por esto que las clases dominantes deben valerse de todo el poder que su Estado les brinda, justamente para que en los períodos más calmos pueda cubrir esta dictadura con un velo democrático; o bien, en periodos más agitados y de gran desarrollo de la protesta popular, cuando ya las elecciones no puedan ni contener ni desviarla, pueda sacarse el velo y emplear abiertamente la violencia reaccionaria desenvolviendo formas abiertamente fascistas para contener por la fuerza dicho avance del movimiento de masas. Es por ello que para someter al pueblo alterna gobiernos con “mano dura” en los cuales utiliza abiertamente la violencia contrarrevolucionaria y el genocidio, y otros con relativa “mano blanda” como en el presente, dosificando la represión.
Por un lado sabemos que la gran burguesía chilena corresponde a una ínfima parte de la sociedad chilena, no obstante esto necesita del pueblo para explotarlo y sobre esta base acumular más riquezas. Pero por otro lado, conforme se desarrolla la lucha de clases en el país, la gran burguesía necesita hacer recambios en la dirección del Estado: las elecciones permiten justamente que las masas escojan periódicamente un candidato y renovar con ello al gobierno en sus distintos niveles; esto no sólo en los periodos de la marcha pacífica de la lucha de clases. Sin embargo, como las elecciones resultan generalmente insuficientes para engañar e ilusionar, la gran burguesía chilena embauca o soborna a la mayor cantidad posible de elementos del pueblo: A los dirigentes sindicales les ofrece bonos, viajes y comidas suntuosas; a los profesionales los conquistas con salarios más altos; a los campesinos les dice que nos convertiremos en una potencia agroalimentaria y para esto hay que potenciar la economía familiar campesina; con la cantinela sobre las ventajas que ofrece la mayor apertura comercial engancha a la burguesía media para pronto dejarla a merced de la voracidad del capital financiero; etc.

Denunciar las elecciones y el carácter de clase que éstas tienen es fundamental para avanzar en las tareas revolucionarias. Pero esta denuncia debe ir acompañada de otra que deje en evidencia ante las masas el papel del oportunismo y del revisionismo además de aclarar que la lucha contra el imperialismo esta indisolublemente ligada a la lucha contra estos sectores contrarrevolucionarios.

La Campaña Anti-electoral que se viene desarrollando, tiene por finalidad acumular fuerzas dentro del campo popular. Pero esta acumulación de fuerzas es una acumulación revolucionaria. Nuestro objetivo es fundar un auténtico partido comunista que se sustente en una teoría científica y que analice objetivamente el mundo desde el punto de vista de los pobres, de los explotados, de los oprimidos, del proletariado. La única teoría que cumple con estos requisitos es el marxismo-leninismo-maoísmo. Esta teoría encarnada por los sectores revolucionarios y fundida con el movimiento de masas lleva a la liberación del conjunto de los oprimidos de nuestro país. Es por esto que hacemos un llamado a unir a todos los que se pueda unir en torno a la Campaña Anti-electoral haciendo crecientes esfuerzos para convertir esta campaña en acciones concretas: rayados, stencil, sabotaje; organización en tu lugar de trabajo, en la población o barrio, en el campo, en el colegio, en el instituto o universidad, de Comités Anti-Electorales.

¡¡A formar Comités Anti-electorales!!
¡¡Desarrollar la Campaña Anti-electoral e impulsar la protesta popular!!

 
 
 

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C. MARX - F. ENGELS
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