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ND20 - Septiembre 2008
 

Campesinos y pequeños propietarios sometidos
a una “sequía” legalizada en la región del Maule

Los derechos de agua: Otro negocio de los terratenientes

El agua en los predios y campos no es un elemento al cual se pueda acceder libremente, ni siquiera ofreciendo un pago de consumo mensual por ella, como ocurre en la ciudad, donde se paga por este servicio. En el campo, en materia de riego, se debe comprar la propiedad del agua para tener derecho a consumirla.

Quizás nos llame la atención, pero hoy existen vastas zonas de la 7a región del Maule que producto de esta situación no se pueden cultivar ya que sus pequeños propietarios no tienen derecho de agua y por tanto no pueden vivir de sus campos, lo que conlleva a que se tengan que emplear en las frutícolas de la zona o en la ciudad más cercana e incluso, en muchos casos, ambas.

Un poco de Historia

Durante la dictadura militar fascista se creó el Código de Aguas (DFL no. 1.122 de 1981) que estipuló que el agua pasaba a ser un bien de igual forma que lo es una propiedad, por lo que se debía inscribir a nombre de un dueño que a partir de entonces tenía el derecho legal de utilizar agua de un caudal según lo necesitase para su cantidad de hectáreas.

Estas adquisiciones se realizan por medio de compra de “acciones de agua”. Una acción equivale a 18 litros/segundo de agua y tiene un valor aproximado de un millón de pesos, al menos en la zona del Maule. El agricultor que compra acciones de agua, independientemente si es 0,1 o 15 acciones es denominado regante. Cada dueño o regante compra una cantidad de acciones que sirvan para regar su predio, considerando la superficie a regar y la distancia que éste se encuentre del brazo de canal más cercano.

Además se establece en este código que debe existir una organización de Dueños de Derechos de Agua agrupada entorno a cada río importante de Chile, la que se denomina Junta de Vigilancia. Esta se encarga de revisar y cuidar el río en su estado natural, es decir, desde la vertiente hasta la primera intervención humana, además administra las aguas del canal, por ejemplo, resuelve litigios de aguas.

De esta instancia dependen las “Asociaciones de Canalistas” o “Cooperativas de Riego”, que vigilan el canal central (la matriz) desde su inicio hasta el final. Por último existe la Comunidad de Aguas integrada por los regantes que se unen entorno a un canal lateral que sale del canal matriz, podríamos decir, que es una especie de organización de base de la Asociación de Canalistas.

La Asociación de Canalistas

Para comprender el funcionamiento de las asociaciones de canalistas, pondremos como ejemplo el funcionamiento típico de una de ellas.

Las Asociaciones cuentan con un Directorio que es anualmente “elegido por votación”. Claro está que el derecho de voto es proporcional a la cantidad de acciones, la que a su vez es proporcional a la cantidad de tierras y dinero para adquirirlas, por tanto las Asociaciones son ciertamente una instancia de poder de los terratenientes.

De esta forma, si un terrateniente vota por sí mismo lo más probable es que pase a integrar el Directorio, ya que cuenta con más acciones que toda una comunidad de agua. Por ejemplo, al representante de la comunidad que tiene 0,8 acciones de agua le entregan 8 votos de 0,1 cada uno para que realice su “ejercicio democrático” y al latifundista 5 votos de 1 acción; en consecuencia, el directorio queda conformado por los grandes terratenientes de la zona que monopolizan totalmente la organización, las decisiones y en definitiva el agua. Además estos personajes son generalmente integrantes también del Directorio de la Junta de Vigilancia.

Analizando toda esta estructura que se ha inventado para seguir aplastando al pequeño y mediano campesino, no es de extrañar que su forma de sesionar sea en “asambleas”, puesto que permite anular totalmente a los pequeños agricultores con posturas divergentes (llamados los “chicos”), ya sea por medio de presiones, no dando la palabra o simplemente por la exposición pública que implica. Así también, la asamblea dificulta y entraba la discusión ya que no es raro que en las reuniones se presentan aproximadamente 100 personas (de un total de 4000 socios). Sin embargo la organización sesiona y toma decisiones que luego afectan a todos, especialmente a pequeños agricultores.

Toda reunión de la asociación debe contar con una aprobación del 50% +1 de los socios (aprox. 2000), pero si los socios “no llegan” a la reunión esta se suspende y se realiza un segundo llamado a reunión que sólo necesita contar con el 50% + 1 de aprobación de los asistentes a la asamblea. Problema resuelto para el Directorio: envían citación a los agricultores sólo del segundo llamado a reunión y el primero lo publican en un pequeño cartel afuera de la sede que se encuentra en la ciudad; por lo tanto, llegan alrededor de 100 agricultores y los terratenientes a cargo del Directorio y se aprueban las decisiones con el 50% + 1 de los asistentes.

La Región del Maule

En la actualidad existen en la 7a región costa las comunas de Pencahue, San Javier, Cauquenes y Villa Alegre que tienen sectores en que (independiente de la sequía) no cuentan con agua, en muchas ocasiones, ni siquiera para el consumo; por lo que sus tierras no sirven para cultivos muy fructíferos, tienen la opción de viñas de cepas de mala calidad, y los campesinos deben dejar la tierra “botada” y emplearse en las frutícolas por temporadas, una tierra sin agua es sinónimo de pobreza.

El problema de estos pequeños agricultores, es que no pueden reunir dinero suficiente para comprar acciones de agua para sus predios. Además a lo anterior se suma que sus tierras se encuentran a gran distancia del canal principal, entonces una acción de agua no alcanza a llegar a sus tierras pues se drena en el camino. Tampoco les resulta rentable poner una manguera que mida un par de kilómetros. La única opción entonces es que compren más acciones para que les alcance a llegar lo que necesitan para el riego.

La otra alternativa que se les presenta a estos campesinos es vender las tierras a precios muy bajos a forestal Celco, que sí cuenta con acciones de agua, para la plantación de pino.

Estos problemas, entre muchos otros, son los que los pequeños agricultores tratan de plantear en la Asociación de Canalistas del Maule, pero no cuentan con representación en el directorio y claramente los intereses de éste son contrarios a los pequeños regantes.

Como la Asociación es una organización sin fines de lucro, crea Sociedades Anónimas que les pertenecen en su mayoría a los miembros del Directorio y a través de las cuales hacen negocios con las aguas del canal.

Por ejemplo, en la actualidad se arriendan las aguas del río Maule a mini hidroeléctricas y salmoneras, una situación que afecta a los agricultores que tienen pocas acciones de agua, ya que al no contar con medios para limpiar su canal, las algas que generan las pesqueras les absorbe el agua, disminuyendo el caudal que reciben.

Estos negocios tienen ingresos económicos que debieran beneficiar a la Asociación en su conjunto, pero a lo largo del tiempo la Sociedad Anónima que en un comienzo era de la Asociación ha sido traspasada en aproximadamente un 70% a manos de los terratenientes más ricos de la zona que integran el Directorio, quedando sólo el 30% a nombre de la Asociación de Canalistas del Maule.

La organización de los “chicos”

Si bien pareciera que los pequeños y medianos agricultores permanecen pasivos frente a las situaciones de abusos que viven en la Asociación, lo cierto es que se han ido rebelando de a poco frente a estas injusticias, quizás tímidamente pero avanzando y desenmascarando a este Estado burgués terrateniente que entrega todas las armas legales y de fuerza a los terratenientes para que sigan gobernando en el campo chileno.

Durante el año 2007, impulsados por el calor del debate y la indignación frente al Directorio y su lucro con las aguas, se levantó un representante de los agricultores “chicos” como candidato a ocupar una vacante producida en el directorio, en la asamblea se generó una suerte de desconcierto de parte de los otros miembros del Directorio y no se opusieron a su incorporación, puesto que no se presentaba ningún otro candidato, pero al ver que existía una mediana organización que estaba apoyando en bloque a este representante, rápidamente invalidaron la decisión y presentaron otro terrateniente como candidato, por lo que se debió realizar la votación, pero esta vez hicieron sentir todo el peso de sus acciones de agua, lo que permitió que el candidato terrateniente fuera electo superando al representante de los “chicos”.

Si bien este hecho en primera instancia fue desmoralizador y frustrante para los pequeños agricultores, sirvió como experiencia y primer paso. Muchos campesinos, que confiaban en el concepto de regante, que creían honestamente que existía una igualdad y mancomunión de intereses dentro de la Asociación, pudieron ver en la práctica los intereses que resguarda el Directorio, y cómo ellos, pequeños regantes, se encuentran más cercanos a la gente de campo que ha debido proletarizarse en las frutícolas, emigrar a la ciudad o vender sus predios a Celco.

Para cerrar

Para los que vivimos en las urbes en ocasiones es difícil entender, analizar y solidarizar con situaciones que no son parte de nuestra cotidianeidad, sabemos a ciencia cierta que los explotados y oprimidos se encuentran a lo largo y ancho del mundo y nuestro país, en todo lugar donde exista el imperialismo hay un pueblo aplastado, pero este sometimiento tiene muchas facetas y hoy nos muestra una de ellas en el campo de la zona centro sur de Chile, donde hay familias que con o sin sequía no tienen agua y eso es inmediatamente sinónimo de pobreza, donde los terratenientes aún controlan sus zonas ocupando las instancias legales que el Estado les otorga, y las trasnacionales del agro hacen trabajar al campesino por temporadas evitando que emigre a la ciudad, puesto que le sirve de mano de obra muy barata y sometida.

 
 
 

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