ND18 - Julio 2008
 

La línea de masas de los comunistas revolucionarios:
hacia una táctica y estrategia que nos permita liberarnos
(III Parte)

Cada época histórica presenta contradicciones que la caracterizan; en las sociedades divididas en clases sociales estas contradicciones se manifiestan como lucha de clases, es decir: contradicciones de clase. Nuestra época, la época de la dominación imperialista mundial, se caracteriza por la dominación de los grupos monopólicos. Ellos controlan la vida de cientos de millones de personas. Donde quiera que éstas sanguijuelas se presentan invaden, conspiran, roban, oprimen, superexplotan, abusan, expolian y saquean a los pueblos y a sus recursos. Es lo que estamos presenciando abierta y violentamente en Irak, Afganistan y Palestina; también ocurre en el resto de Asia, en África y América Latina. En Perú, por ejemplo, dado el desarrollo que ha alcanzado la guerra popular, el imperialismo yanqui ha comenzado una mayor intervención militar directa.

Para los revolucionarios y comunistas conocer las contradicciones que caracterizan al mundo contemporáneo y cómo éstas se especifican en cada país hace la diferencia entre estar o no preparados para identificar y enfrentar a los principales enemigos que las masas populares deben combatir; pero, por otra parte, también implica antes que todo, saber identificar quienes conforman el pueblo, dicho en otras palabras: quienes están entre los amigos. Los revolucionarios deben saber distinguir entre los amigos y los enemigos; deben, además, aprender a dirigir sus esfuerzos en el trabajo revolucionario y resolver la cuestión de a qué masas ir.

De colonia a semicolonia

Nuestro país se ha vuelto cada vez más dependiente del imperialismo yanqui; esta situación no está exenta de pugnas con otros imperialismos que buscan un nuevo reparto del mundo y establecer su hegemonía en toda América Latina desplazando así a los norteamericanos. Esta situación de subyugación de nuestro país a una potencia extranjera dominante ha pasado históricamente por varias etapas.

Antes de la conquista española las tropas del Inca lograron someter parte del país. Pronto, en el siglo XVI, nos convertimos en una colonia española. Con la llegada de los conquistadores peninsulares se estableció un régimen de dominación colonial dependiente del régimen monárquico español y de los grandes mercaderes ibéricos. En un primer momento, una parte significativa de la población nativa quedó subordinada a un sistema de trabajo servil. Más tarde, especialmente a partir del siglo XVII, el mestizaje reprodujo una extensa masa peonal; una parte de ellos junto a un sector de españoles pobres se convirtieron en labradores o pirquineros, y otros en inquilinos subordinados directamente a la gran hacienda.

La explotación de los indígenas en los lavaderos de oro, durante el siglo XVI, alimentó parte de los flujos que posibilitaron la acumulación primitiva de capital en Europa. Dos siglos más tarde, España se transformó en un mero intermediario, encargada de mantener con mano firme las posesiones coloniales americanas. Hacia el siglo XVIII, Las distintas zonas productivas del país se estructuraron de tal manera que se orientaran directa o indirectamente a satisfacer las necesidades económicas de la corona y los intereses de las grandes casas comerciales (mercaderes que vendían a hispanoamérica productos manufacturados a altos precios y a cambio se llevaban oro, plata y algunas materias primas).

La dominación colonial española se mantuvo por cerca 260 años. El imperio español imponía su monopolio comercial dentro de un sistema mundial dominado por el capital mercantil. A fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, el comercio de contrabando inglés y francés saturaba las costas del pacífico. La corona española había entrado desde fines del siglo XVII en un proceso creciente de debilitamiento político y decadencia económica. Una fracción importante de los mercaderes y hacendados que operaban en Chile vieron la posibilidad de desprenderse del domino español, esto desembocó en una guerra civil revolucionaria de la cual salió vencedor el bando independentista.

Después de la victoria obtenida contra el Estado colonialista español, comenzó la lucha de distintos sectores de clase para establecer uno u otro proyecto de sociedad. En la década de 1820 las contradicciones entre estos sectores se agudizaron cada vez más. Un sector más avanzado pretendía limitar la acción económica de los mercaderes y hacendados; a su vez éstos últimos que tenían como centro a Santiago veían como un obstáculo a sus intereses el establecimiento de un camino democrático que representara, tanto intereses regionales como la de miles de pequeños y medianos productores.

El grupo de los grandes mercaderes y hacendados lograron vencer militarmente en 1829 e mantuvieron una economía que en lo sustancial no alteraba las viejas relaciones sociales de producción de carácter feudal en el agro y la minería, existentes en el país desde la época colonial. La venta de materias primas al exterior constituyó una de las principales motivaciones para mercaderes y hacendados, quienes no dudaron en aliarse, pero como socios menores, a las grandes compañías extranjeras, en particular al capital comercial inglés. Estos últimos exigían el pago en oro o plata a cambio de sus mercaderías; además, los británicos, no ahorraron esfuerzos por imponer sus términos en América Latina sobre la base de su poder militar naval (Royal Navy) y su hábil diplomacia desplazando a otras potencias.

Inglaterra era, en todos los terrenos, la potencia mundial hegemónica. Hacia la década de 1850 controlaba ya las áreas más rentables de la economía chilena. Como se comprenderá, esto no fue posible sólo gracias al libre cambio (libre mercado) o a las ventajas derivadas de un mayor desarrollo industrial, sino que fundamentalmente a presiones extraeconómicas (amenaza militar principalmente) que posibilitaron posiciones ventajosas en las negociaciones y acuerdos entre el Estado chileno (Dictadura de mercaderes y hacendados) y los capitales ingleses. En este sentido, en Chile encontró a súbditos adelantados para rendirse a los pies del capital inglés. Esta situación agudizó los intercambios desiguales: la ganancia media de los capitales nórdicos era superior a la tasa media obtenida en Europa. Negocio redondo.

Fue así que Chile, a pesar de la revolución de independencia, de ser un país colonial fue transformándose en un país semicolonial. Se convirtió en una semi-colonia inglesa. Políticamente independiente pero subyugado económica, cultural y militarmente. En última instancia el dominio económico nórdico se expresaba de manera concentrada en una política pro-británica por parte de las clases dominantes chilenas.

Con el desarrollo del capitalismo a su fase imperialista la situación de subyugación de nuestro país se profundizó aún más. Al llegar Inglaterra a la etapa imperialista a fines del siglo XIX se encuentra relativamente desgastada, con una base industrial retrasada respecto de EEUU, Japón o Alemania, quienes a principios del siglo XX se muestran mucho más agresivos y económicamente más solventes.

A fines del siglo XIX el capital comercial extranjero (inglés) que desde la década de 1830 había dominado gran parte del comercio exterior chileno comienza a ser desplazado de las áreas más rentables de la economía por los monopolios del capital financiero de diverso origen (estadounidense, alemán, también inglés, etc.). Con ello comienza la penetración del imperialismo y las pugnas entre las diferentes potencias por el dominio no sólo de Chile sino que de toda América Latina. Es la lucha entre las potencias por un nuevo reparto del mundo.

A partir de 1914, Inglaterra comenzará a ser paulatinamente desalojada de Latinoamérica como potencia dominante. Chile pasará de ser un país oprimido por el imperialismo inglés a serlo principalmente por el imperialismo yanqui. Para esto EEUU y las inversiones norteamericanas en nuestro país despliegan una activa y agresiva diplomacia para constituirse en potencia rectora, lo mismo venían haciendo en el resto de Latinoamericana. La oportunidad se presenta después de la Primera Guerra Mundial Imperialista en la década de los 20; la vieja potencia colonial imperialista inglesa comienza a ser desplazada en la región por los monopolios y marines norteamericanos. La crisis del salitre puso en evidencia la fragilidad del tipo de capitalismo que se venía desarrollando en Chile. Con el recambio imperialista esta situación lejos de superarse se profundizó. El carácter del imperialismo yanqui era tanto o más expoliador.

Sobre esto último se profundizara en el próximo número de Nueva Democracia.

 
 
 

Destacamos...

C. MARX - F. ENGELS
Manifiesto del Partido Comunista



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