ND17 - Junio 2008
 

Editorial

El gobierno viene mostrando importantes grados de desgaste, esto se expresa en las serias resquebrajaduras de la Concertación y se agudizarán más aún en medio del canibalismo que representan las elecciones (este año y el próximo). Este conglomerado político fue creado en febrero de 1988, hegemonizado por el Partido Demócrata Cristiano contó desde su fundación con la participación de las fracciones mayoritarias del Partido Socialista (posteriormente unificadas) y una docena de otros partidos y organizaciones políticas, muchas de ellas absorbidas posteriormente por el PPD (Partido por la Democracia) o por el mismo PS. Desde que la Concertación se conformó han pasado poco más de 20 años, 18 de ellos a la cabeza de cuatro gobiernos. Innegablemente, el papel contrarrevolucionario que asumieron en 1988 lo siguen cumpliendo hoy en día: lograron frenar la lucha de masas contra la junta militar fascista, desorganizaron al movimiento popular, se plegaron y alistaron a las órdenes del imperialismo yanqui que demandaba “democratización” por arriba para evitar una verdadera revolución de nueva democracia impulsada por las masas desde abajo.

En agosto de este año, también la CUT cumplirá 20 años de vida, constituyéndose en un organismo afín a la tarea política de la Concertación de mantener la paz social; este objetivo lo han venido cumpliendo a todo evento para conservar intacta la superexplotación del proletariado chileno. Esto no debe extrañarnos, incluso el primer presidente de la actual CUT fue el demócrata cristiano Manuel Bustos. Su presidente hoy, Arturo Martínez, es del Partido Socialista; para muestra un botón: en su alocución del 1º de mayo en nada se diferenció de las declaraciones del Ministro del Trabajo de Bachelet, militante del mismo partido.

En cuatro gobiernos “concertacionistas” no han logrado modificar sino que al contrario han profundizado las políticas pro-imperialistas que facilitan el saqueo del país, la abusiva explotación y opresión de la clase y el pueblo. Hoy somos más semi-colonia que hace 18 años; el agro sigue en crisis y el campesinado sufre y sufrirá más aún las consecuencias de los desiguales tratados de libre comercio (que nada tienen de libre), firmados por estos gobiernos.

La gran burguesía, indiferente al gobierno que salga, sigue acumulando grandes ganancias gracias a la ausencia de derechos básicos para los trabajadores, sin embargo, se encuentra frente a un panorama oscuro porque el proletariado ha iniciado un disgregado pero sostenido ascenso en sus luchas huelguísticas. Por otro lado, la legislación del Estado burgués-terrateniente se resiente frente al empuje del movimiento. Justamente, el proletariado, rompiendo con la legalidad laboral vigente y con el “estado de derecho” (derecho de las grandes fortunas para proseguir su acumulación), ha desbordado en las calles exigiendo cambios al Código del Trabajo y mejores condiciones salariales. Esta lucha nubla el largo verano que han tenido el abuso y la explotación.

En cambio, en 18 años, la Concertación no ha hecho ningún esfuerzo serio por modificar el Plan Laboral implementado por el economista José Piñera hace casi treinta años. Este Plan sigue siendo el corazón y el alma del actual Código del Trabajo. Por su parte y aún cuando las condiciones lo justifiquen plenamente, la CUT ha evitado sistemáticamente todo llamado a paro nacional. Es por ello que sólo la lucha obrera ha logrado remecer dicho cuerpo legal, pero no es suficiente hacerlo crujir, hay que mandar ese Código al basurero de la historia con más organización, con más movimiento de lucha, trabajando para que las huelgas económicas y las reivindicaciones económicas se vayan transformando en reivindicaciones políticas clasistas, es decir: que apunten a desarrollar la lucha de clases por la conquista del poder. Es necesario movilizar a más trabajadores, marchar por la calle y darle mayor vigor a la protesta popular que viene creciendo.

Así lo van entendiendo los estudiantes y los profesores que se están movilizando por todo Chile contra una Ley que replica la que dejara la junta militar fascista. En esencia, el proyecto de Ley General de Educación (LGE) sigue siendo el mismo que el de la Ley Constitucional de Enseñanza (LOCE): descentralización y libertad de enseñanza. Es decir, descentralizado para entregar educación de acuerdo a la clase social de la que se provenga y libertad para acaparar presupuesto estatal, monopolizar centros de enseñanza e instruir la futura mano de obra. Todos requisitos que las instituciones financieras internacionales controladas por el imperialismo yanqui avalan y defienden mediante la entrega de préstamos condicionados. Esto determina el contenido anti-imperialista que subyace en la protesta estudiantil. Fueron estos los problemas que la gran movilización de estudiantes de mayo-junio del 2006 dejó en evidencia en su transcurso. Esto explica, además, el carácter reaccionario y antipopular de la Concertación y sus gobiernos.

En otro ámbito, cada día se va haciendo más evidente la fragilidad de la economía chilena frente a la crisis internacional y cómo el imperialismo yanqui intenta descargarlas sobre sus semi-colonias. Es por ello que las actuales demandas y movilizaciones de los trabajadores subcontratados, de los estudiantes, de los mapuche, de los profesores, de los trabajadores de correo, tienen como trasfondo la opresión del imperialismo. La Junta Militar Fascista vive en los gobiernos de la Concertación, porque el Estado burgués-terrateniente, viejo Estado con cerca de 200 años de vida, no ha sido destruido y ha conservado intacta su dependencia económica y política con las potencias y monopolios extranjeros, que en definitiva, son los que toman las decisiones políticas fundamentales en nuestro país. Es por esta razón que desde los ’80 el Departamento de Estado yanqui ha promovido el sistema electoral como medio para desviar las luchas del pueblo y sembrar ilusiones acerca de la posibilidad de hacer algunos cambios por medios pacíficos pero manteniendo intacta la dominación imperialista.

La lucha de masas crece y la Concertación va caducando como alternativa política, conformando un cuadro excelente para desarrollar la alternativa revolucionaria. En consecuencia, la lucha contra las elecciones y todos quienes las defienden debe duplicarse, pues dentro de estos están (en la “izquierda”, centro o derecha) las opciones de recambio para proteger al viejo Estado chileno.
Para el imperialismo y la burguesía monopólica se asoman tormentas en el horizonte. Para la clase y el pueblo las perspectivas son brillantes.

Los oprimidos de Chile tienen frente a este panorama un sólo candidato: la lucha de clases por la conquista del poder mediante la guerra popular.

¡No a las elecciones!
¡Viva la protesta popular!

 
 
 

Destacamos...

C. MARX - F. ENGELS
Manifiesto del Partido Comunista



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