ND17 - Junio 2008
 

Alza de precios a nivel mundial
Un desesperado intento del imperialismo norteamericano por salvar la crisis

Durante el último año la economía mundial se ha visto inusualmente afectada por una escalada de precios en productos básicos: alimentación y energía. Los economistas de la gran burguesía y la prensa intentan aplicar las leyes del libre mercado a la economía mundial para comprender el origen de estas alzas, atribuyéndolas al “bienestar” de las economías asiáticas y su aumento en el consumo, al cambio climático, a la escasez de recursos, etc. Pero las alzas no pueden explicarse por la oferta y la demanda, pues no es el libre mercado lo que caracteriza la economía global, sino los monopolios y el imperialismo. La explicación habrá que buscarla, pues, en la economía mundial imperialista, y principalmente en la economía del imperialismo norteamericano -actualmente el principal explotador a escala mundial- que hace desesperados esfuerzos por evitar una crisis.

Desde hace más de un siglo la economía mundial está dominada por el imperialismo. Un puñado de países controla la economía y la política en todo el mundo, y una sola superpotencia -Estados Unidos- ha hegemonizado este orden y el constante juego de colusión y pugna que lo caracteriza.

Los recursos estratégicos de la producción y el comercio están dominados por monopolios que, sostenidos por el poderío político y militar de las naciones imperialistas, manejan a escala mundial los ejes de la economía. Estos monopolios imperialistas son propiedad de gigantescos grupos financieros residentes en Europa, Japón y -principalmente- Estados Unidos. Urden acuerdos, construyen leyes y tratados comerciales a su beneficio; absorben compañías y áreas completas de la producción, dominan pueblos, países y continentes enteros. Las leyes del capitalismo y la competencia interimperialista les obligan constantemente a probar nuevos mecanismos productivos y financieros que les permitan acrecentar su “competitividad” y elevar su tasa de ganancia. Hoy, cuando el imperialismo norteamericano está al borde de una crisis económica (ver ND16), y por primera vez ve amenazada su supremacía por los imperialismos asiáticos y europeos, han lanzado una nueva arremetida para extraer ganancias desde los países oprimidos, elevando los precios de los productos más básicos: alimentos y combustibles.

La inflación creciente que vienen provocando estas alzas significan un robo a las masas que, para alimentarse, vestirse, educarse y guardar su salud, deben entregar cada vez una mayor proporción de su salario. Las alzas en el costo de la vida son una presión para el movimiento del proletariado por aumentos salariales lo que termina por afectar incluso a sectores de las burguesías nacionales, que comienzan a ver disminuida su tasa de ganancia. ¿Dónde se va todo este dinero?
Esta nueva ofensiva de la gran burguesía internacional profundizará el hambre y la miseria en los países oprimidos, impulsando a la vez la organización del proletariado internacional que ya comienza a manifestarse en las revueltas del hambre de Haití, Somalia y otra treintena de países.

Los precios de los combustibles

Durante los últimos siete años el precio del petróleo viene experimentando un alza sostenida, pero durante este último año el alza ha superado todos sus niveles históricos, llegando a triplicar el precio de hace cuatro años atrás.

Ninguna de las excusas planteadas en la prensa es capaz de explicar esta gigantesca alza. La guerra de Irak, señalada como causa del aumento del precio del petróleo en el 2003, permitió al imperialismo norteamericano controlar los pozos petroleros, y no por ello los precios han bajado. Los huracanes que en 2004 sirvieron de excusa para justificar el alza en el precio del petróleo no pueden explicar las alzas de 2008. El incremento del consumo de petróleo por la creciente economía china tampoco explica la magnitud del alza, pues apenas representa el 8% del consumo de petróleo mundial, mientras Estados Unidos sigue siendo lejos el principal consumidor, triplicando esta cifra. La supuesta escasez de petróleo no se observa en el mercado, de hecho, el consumo mundial de petróleo no ha aumentado durante los últimos años, mientras la producción mundial de crudo sigue aumentando anualmente entre un 1 y 2% y la de gas natural un 3%, aumentando además la eficiencia en el uso de ambos (ver gráficos. Fuente: www.petroleumworld.com.ve).

La única denuncia medianamente plausible es la especulación o -dicho sin tecnicismos- la confabulación entre los monopolios productores de petróleo y los dueños del capital financiero para incrementar artificialmente los precios.

Desde hace varios años, los países miembros de la OPEP y la OCDE han venido reduciendo su producción (no así el resto de los productores) mientras gran cantidad de barriles de petróleo han sido adquiridas por “especuladores”, consiguiendo con ello elevar los precios.

En julio 2004, por ejemplo, el volumen de operaciones petroleras en el Nymex (centro por excelencia para el mercado de futuros en materias primas) fue de 42 millones de barriles al día, lo que equivale a 11.500 millones de barriles al año. Esta cifra es casi cuatro veces mayor que la cantidad real de petróleo consumido (www.terra.org). ¿Cómo se explica esto? Dos causas son posibles: o el petróleo es revendido varias veces a distintos intermediarios o “alguien” está acumulando grandes cantidades de petróleo para provocar escasez. Cualquiera sea la causa, pudo constatarse ya en ese entonces que el precio del crudo era también una forma de generar beneficios en la cotización de los valores bursátiles. A medida que aumentaba el precio del petróleo, las acciones de todas las principales compañías petrolíferas aumentaban enormemente (Exxon, Gulf, Texaco, Mobil, Standard Oil de California, British Petroleum y Royal Dutch Shell, la mayoría de ellas norteamericanas).

El negocio de la energía es, pues, controlado conjuntamente por el capital financiero y los monopolios del petróleo. En Estados Unidos tres monopolios financieros, Bank of America, Goldman Sachs, Morgan Stanley son los mayores intermediarios de crudo. Las políticas estatales y la prensa internacional que estos mismos grupos controlan hacen también su parte, transmitiendo mensajes ecologistas, notas acerca del cambio climático, del conflicto de Irak y otras excusas para explotar el miedo a los problemas de suministro y justificar así la subida de precios.

Los precios de los alimentos

Según las estadísticas de algunas organizaciones de la ONU, tan sólo en el año 2007, han subido un 42%. Un informe publicado por el Banco Mundial el día 9 de abril indica que hasta finales de febrero del presente año, en los últimos 3 años en el mercado internacional el precio del trigo ha subido un 181%, y los precios de alimentos en general han alzado un 83%. Estos precios significan profundizar el empobrecimiento de las masas trabajadoras en todo el mundo, y para mayo recién pasado, ya una treintena de países había experimentado revueltas populares a causa del hambre.

Desde hace más de medio siglo las potencias imperialistas han venido forzando a los países sometidos a transformar sus agriculturas locales y enlazarse en la división internacional del trabajo. Los créditos del Banco Mundial y las asesorías del FMI han conducido a un modelo mundial agroexportador, dominado desde hace más de medio siglo por grandes monopolios imperialistas como Louis Dreyfus (Francia) Archer Daniels Midland Co. y Cargill (EE.UU.). Estos grupos monopolistas, con sucursales en casi todo el mundo controlan todos los aspectos del “agronegocio”, desde la venta de semillas, fertilizantes y otros insumos agrícolas hasta el acopio, la comercialización y exportación mundial de los granos. A ellas se unen las que producen las productos transgénicos -maíz, soya, algodón, colza, alfalfa y otras plantas- y los agroquímicos para combatir malezas e insectos, como los producidos por Monsanto, Syngenta, BASF, Dow Agrosciences, Bayer y DuPont.

Con el monopolio sobre el agronegocio y las políticas económicas del Banco Mundial y el Fondo Monetario internacional han conseguido profundizar la división internacional del trabajo, implantando el monocultivo a escala global. Los planes agrarios impulsados por estas empresas imperialistas apuntan a reemplazar la economía local de subsistencia por el monocultivo orientado a la exportación, apostando a introducir principalmente especies genéticamente modificadas sobre las cuales tienen el monopolio pues, además de ser híbridas, están legalmente protegidas contra la “duplicación”.

Con el control monopolista de la producción mundial de alimentos, estas grandes empresas imperialistas están también en condiciones de regular los precios, sobre todo mediante sus propios “especuladores”, como lo denuncian los mismos agricultores norteamericanos. En efecto, las descomunales alzas de precios ya han conseguido levantar una pugna entre los productores agrícolas norteamericanos y la burguesía financiera, pues las ganancias de estas alzas no llegan hasta los productores.

Durante mayo, en el foro organizado por la Commodity Futures Trading Commission de EU, en Washington, los productores estadounidenses hicieron fila para denunciar a los gerentes de “fondos de inversiones” como responsables de estas alzas de precios en los granos. Tom Coyle, de la Asociación Nacional de Granos y Alimentos para animales, dijo que “60 por ciento del actual mercado (del trigo) es propiedad de los fondos” de inversiones. Y lo mismo sucede con el mercado del algodón. (www.rebelion.org). Los productores debieron reconocer que el libre mercado no se aplica al mercado agrario, controlado por monopolios agroindustriales y el capital financiero: “Los productores (de cereales) ya no confían en que los mercados puedan sentar los precios adecuados, y están muy frustrados”.

De 40 a 50 mil millones de dólares del sector financiero entraron en los últimos meses en el mercado de cereales para hacer subir los precios según Eurointelligence, una consultora internacional.

Frente a este panorama, los impactos del cambio climático sobre la agricultura, el uso de granos para el biocombustible y la creciente demanda de Asia son una pobre excusa para el alza de los precios agrícolas.

¿Quienes son los especuladores?

Culpando de las alzas de precios a los “especuladores” se han terminado por aclarar las causas del creciente empobrecimiento de las masas a nivel mundial. Si bien es cierto esto ha sido también denunciado por la prensa e incluso los voceros de la ONU y la FAO, se plantea como “una causa más”, una consecuencia “indeseada” de la globalización causada por invisibles inversionistas inescrupulosos. Pero ¿quiénes en el mundo tienen la posibilidad de poner en circulación gigantescas sumas de dinero para controlar los precios a escala mundial?

Si los “especuladores” son capaces de duplicar o triplicar los precios internacionales del petróleo y alimentos, significa que deben comprar gigantescos volúmenes para provocar escasez y luego venderlos cuando el precio mundial suba “lo suficiente”. Los 40 o 50 mil millones de dólares que en los últimos meses han servido para especular con el precio del grano son un monto insignificante comparado con los volúmenes requeridos para hacer subir el precio del petróleo. Y en el mundo, sólo los grandes grupos monopólicos -propietarios tanto del capital financiero como de las compañías productoras y comercializadoras- tienen tal cantidad de dinero.

Así pues, podemos cerrar el círculo para comprender el mecanismo de estas alzas. Los grandes bancos -principalmente norteamericanos- están estrechamente relacionados con las petroleras y los monopolios del agro, no sólo a través de enorme cantidad de préstamos y créditos, sino también societariamente. En otras palabras, las familias que manejan las grandes petroleras y las transnacionales del agro en Estados Unidos son las mismas que manejan a los principales bancos norteamericanos.

Frente a los malos negocios financieros del último año -sobre todo durante la crisis subprime- y el peligro de verse sobrepasados por la competencia imperialista de Europa y Asia, estos grupos buscaron desesperadamente recuperar el dinero perdido. Así también la constante pérdida de poder de la economía norteamericana -materializada en el bajo precio del dólar- obligaba a este país a recolectar mayores sumas de dinero del resto del mundo.

De esta manera la superpotencia imperialista estira aún más lejos sus tentáculos para tratar de salvar su economía de la crisis. Se desenmascara así un robo de carácter mundial a costa del empobrecimiento y hambre de cientos de miles de millones de personas.

Referencias:
http://www.terra.org/articulos/art00898.html
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=67238
http://www.petroleumworld.com.ve

 

 
 
 

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C. MARX - F. ENGELS
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