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Editorial
¡Por un Primero de Mayo
Rojo y Combativo!
Las luchas del proletariado en nuestro país tienen importantes antecedentes históricos. Desde el nacimiento de la clase en distintos lugares podemos afirmar que nace marcada por la lucha de clases.
Fue en la cuenca carbonífera de Arauco, en los campamentos mineros del norte chico, en las obras de instalación de líneas férreas, en las principales ciudades, en la pampa salitrera, etc., donde nació el proletariado. La resistencia inicial se confundía con el bandidaje; la venganza, el odio movían al trabajador a actos desesperados y aislados contra capataces y patronos. El pago en salario se mezclaba con la ficha, los vales o simplemente el trabajo forzoso y a destajo. Frente a algún trato injusto con un trabajador la cuadrilla completa respondía violentamente. A veces campamentos mineros completos se rebelaban frente al abuso sistemático. En estos paisajes desolados y violentos la lucha de clase se comenzaba a desenvolver. La clase obrera aún no maduraba lo suficiente para comprender científicamente lo que vivía, pero ya sentía y rechazaba espontáneamente el abuso y la explotación. No necesitaba de libros para saber que le robaban parte de su trabajo y de su libertad.
La crisis del artesanado, del campesino, del pirquinero en el siglo XIX engrosó las filas peonales. La proletarización transformó las antiguas masas peonales que poblaban los campos, minas y ciudades. Las nuevas faenas productivas concentraron a más y más trabajadores, se acentuó la división del trabajo, comenzó el pago en salario, el disciplinamiento laboral con castigo físico, cárcel y persecución del ausentismo. La ley la aplicaba el patrón quien muchas veces hacía de representante de la justicia local. El robo de minerales (la cangalla) era severamente castigado cuando se sorprendía en ello al trabajador. En muchos lugares la organización del trabajo, los métodos y las herramientas todavía no abandonaban su pasado colonial. Las modernas fuerzas productivas lentamente comenzaron a hacer su aparición en algunos puntos en las ciudades y más extensamente con la penetración de capitales extranjeros en el norte salitrero. Esto no hizo más que acelerar la producción, profundizar la división del trabajo; la maquinaria moderna, fue transformando al trabajador. Poco a poco el proletariado fue tomando razón de su valía. El trabajo produce la riqueza, y el trabajo los une en una misma esclavitud asalariada frente a los propietarios. La huelga era la forma que el proletariado encontró para privar al patrono de aquello que engrandece el capital. Sin trabajo no hay capital. Indudablemente ésta fue una de las primeras conclusiones a la que llegó el proletariado, algo que el patrón ya sabía.
En las décadas de 1870 y 1880 ya se habían producido algunos movimientos huelguísticos aislados, pero no fue hasta julio de 1890 en que la huelga adquiere los rasgos de huelga general. En las provincias de Antofagasta y Tarapacá y en Valparaíso se desarrolla la paralización productiva; el movimiento adquiere rasgos insurreccionales que sobrepasan todo pronósticos de las autoridades. La lucha de clases adquiere con esto un nuevo carácter en nuestro país. Pero además el movimiento huelguístico se enfila principalmente contra el Estado terrateniente-burgués, contra la gran burguesía y contra los capitales imperialistas en el norte pero en su lucha moviliza espontáneamente a otras capas de la población que la emprenden contra todo a su paso.
Este importante movimiento de los obreros, no obstante ser una clase social relativamente nueva en el país y numéricamente muy pequeña nos ha dejado una experiencia de la cual todavía no hemos sabido extraer suficientemente sus enseñanzas y lecciones. Sí podemos afirmar que forma parte de las tradiciones revolucionarias de lucha y resistencia del proletariado en nuestro país. Lo mismo podemos decir respecto de la huelga grande de 1907 en el extremo norte; la clase obrera está más organizada y con un mayor desarrollo en su conciencia política, ya tiene completamente asimilada a sus propias tradiciones, la lucha de los mártires de Chicago y tienen en el 1° de Mayo un día que sienten como propio.
Del período de luchas proletarias 1890-1925, podemos extraer algunas importantes lecciones: la organización de la clase, su independencia; la constitución de su partido (el POS) y la vinculación con la Internacional Comunista; el frente con otras clases sociales (incluido los primeros pasos, aunque frustrados, en la organización del campesinado); la disposición al uso de la violencia como herramienta política por las masas obreras y populares, aunque aún insuficientemente comprendida. Si bien es cierto que se propagandizó el socialismo, la dictadura del proletariado, la necesidad de la clase de conquistar el poder, no se reflejó en una estrategia política y militar para cumplir con estos elementos básicos del programa comunista.
La lucha de los estudiantes, los trabajadores de la salud y de otros servicios estatales, del proletariado minero que retoma la huelga combativa y con violencia de masas rebasa la legalidad, contrasta con los síntomas de descomposición y crisis que comienza a mostrar el viejo Estado y las clases que defiende.
Hoy en vísperas del 1° de Mayo y en momentos en que la protesta popular toma un nuevo impulso debemos combatir el revisionismo que, buscando una cabida en este viejo Estado, intenta desviar estas luchas de obreros y pueblo al pantano electoral.
Nueva Democracia saluda al proletariado e insta a retomar el camino que ya estaba embrionariamente planteado desde sus primeros pasos, cuando surge como clase en nuestro país: preparar la guerra popular e iniciarla como consecución lógica del ascenso de la lucha de masas. Hay que dotar de conciencia marxista-leninista-maoísta la violencia de masas, debemos desarrollar la protesta popular, los revolucionarios debemos adquirir experiencia con esto y apuntar a nuestra mayoría de edad. Hacer la revolución de nueva democracia en Chile es una tarea internacionalista de primer orden, toda vez que la nuestra es parte integrante de la Revolución Proletaria Mundial.
En un nuevo primero de mayo, junto con celebrar las luchas del proletariado en todo el mundo, repudiamos el desenfreno del revisionismo prachandista y su traición a la guerra popular en Nepal y hacemos un llamado internacionalista a las masas pobres de ese país a la pronta reconstitución de su Partido Comunista y a retomar la senda de la guerra del pueblo contra el imperialismo, contra el capitalismo burocrático, contra la gran burguesía, contra el feudalismo y contra el revisionismo de toda cepa.
Saludamos también la pujanza que ha recobrado la Guerra Popular en Perú, siempre dirigida por el Partido Comunista del Perú y que le está dando un gran ejemplo al proletariado y pueblo chileno. Saludamos también a los compañeros del Partido Comunista de la India (maoísta), quienes tras la unificación de las fuerzas revolucionaria han comenzado a llevar la guerra popular a nuevas alturas.
¡Viva este 1° de Mayo Rojo y Combativo!, como día del proletariado internacional, más todavía porque viene desarrollando la lucha de clases con guerras populares.
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