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Descargando la basura frente al Palacio de la Moneda
Trabajadores de la basura se suman al auge de la protesta popular

Las precarias condiciones de vida y trabajo en que se debaten 24.000 trabajadores recolectores de basura en todo el país más o menos conocidas. La gran mayoría de ellos trabaja para empresas contratistas que prestan servicios a las municipalidades. A menudo estas empresas están manejadas por parientes o amigos de los propios alcaldes, los que reciben pagos millonarios a cambio de este servicio que realizan los trabajadores, mientras estos últimos reciben a cambio sueldos miserables.
Se les ve con sus rostros llenos de cansancio a todas horas por las calles de ciudades y pueblos sobre camiones recolectores (pertenecientes a grandes empresas) o arrastrando pequeños basureros con ruedas. Los vehículos recolectores y sus ropas sucias por la basura los exponen permanentemente a todo tipo de infecciones y enfermedades. Sus salarios son tan bajo que a veces se ve a algunos de ellos pidiendo dinero en las calles o casa por casa.
Por su aspecto, son mirados con sospecha por otros sectores de la población que a menudo los confunde con el lumpenproletario. En realidad ellos pertenecen al semiproletariado, efectuando un importante servicio que no es suficientemente reconocido y apreciado por otras clases sociales. Este sector por sus condiciones de pobreza constituye, en potencia, un importante aliado de la clase obrera revolucionaria en su lucha por conquistar el poder.
En este sentido, la creciente oleada de protestas populares que se viene desarrollando en Chile está dando aliento a nuevas luchas involucrando a más y más trabajadores. Es así como los trabajadores recolectores de basura el día 15 de marzo se presentaron ante el Palacio de la Moneda para exigir mejoramiento de sus condiciones de vida y de trabajo demandando ser recibidos por la presidenta Bachelet. Al comienzo no pudieron acercarse al edificio por las innumerables rejas que se interponen entre los gobernantes concertacionistas y el pueblo trabajador.
Apenas los trabajadores desplegaron lienzos y pancartas, y los camiones descargaron su basura sobre el pavimento de la Alameda, Carabineros desplegó toda su parafernalia de “zorrillos”, “guanacos”, escudos, armaduras pláticas y chalecos anti balas. Las Fuerzas Especiales de carabineros -especializadas en apalear niños y mujeres y en matar a jóvenes, obreros, campesinos o estudiantes- intervinieron para acallar la protesta y evitar que los turistas cuenten al mundo que Chile no es un país tan maravilloso como la imagen que pretende vender el gobierno a través de Sernatur.
Como el enfrentamiento entre ‘pacos’ y trabajadores amenazaba con prolongarse demasiado, el gobierno decidió recibir a los dirigentes y les prometió intervenir para mejorar su situación. La táctica favorita de los gobiernos de la concertación ha sido “chutear la pelota hacia adelante”, ganar tiempo a como dé lugar: comisiones, mesas de diálogo, etc. son un respiro para el gobierno. Aceptar estas tretas es darle tiempo para desmovilizar y desmantelar cualquier movimiento de lucha. Los trabajadores han comenzado a comprender que lo que favorece sus objetivos económicos de clase es negociar en medio de la lucha, sin detenerla, sin aceptar ninguna clase de maniobra dilatoria, ni trampa legal. ¡No hay que darle respiro a ningún gobierno! Sólo la lucha da lo que el patrón, el gobierno y sus leyes nos niegan.
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