ND15 - Abril 2008
 

Editorial

El proletariado desenvuelve su combatividad

Las distintas luchas que se están desarrollando a nivel nacional e internacional demuestran que las masas quieren emanciparse de la opresión. En Chile, las luchas obreras que se vienen librando ya no se caracterizan sólo por reivindicar mejoras salariales, mejoras en las condiciones de trabajo, no obstante esto es lo que mueve inicialmente a la mayoría de los trabajadores en sus centros laborales. A diferencia de lo que ocurría hace algunos años, estas luchas se han venido ampliando y su contenido se va haciendo más clasista y combativo. Ahora, a las clásicas quejas y reclamos contra los bajos salarios y los abusos de jefes y patrones, a los que -como se sabe- se les busca poner freno con la negociación y/o la huelga, se le han sumando las quejas y reclamos por el hecho de que los patrones tienen de su parte al gobierno, a la policía, el parlamento y la prensa reaccionaria; o que incluso, el mismo Estado es un férreo defensor de la flexibilidad laboral y la subcontratación en sus empresas. Esta situación, como decíamos, ha impreso a la huelga formas más combativas y amplias. Efectivamente los obreros, por la irresistible fuerza de los hechos, van asumiendo que si no se unen para luchar contra sus cada vez más evidentes enemigos no obtendrán nada sino esclavitud asalariada.

En este sentido, el estado de ánimo más combativo de las masas se va expresando en la unión y el coraje demostrado en la lucha callejera, en la disposición a rebasar la legalidad y, también, en la necesidad de los trabajadores de ampliar su unidad. Se va comprendiendo cada vez más, que es necesario unirse para luchar contra el Código del Trabajo y todas aquellas disposiciones legales que buscan impedir que los trabajadores enfrenten en mejores condiciones la lucha contra la gran burguesía propietaria de las grandes empresas. Todo esto va demandando nuevas formas de organización y nuevas formas de lucha. Así lo han comprendido los trabajadores subcontratados en la gran minería, así lo han entendido los trabajadores subcontratados de las grandes empresas forestales; es por esta razón que se mantuvieron más de 50 días en huelga los trabajadores salmoneros; en parte, son por esta misma causa las luchas que vienen librando los temporeros (proletariado agrícola) y trabajadores agroindustriales.

Es por esto que la tarea de los activistas comunistas no se reducirá solamente a dar forma a las demandas y reivindicaciones más elementales; no basta la lucha por un mejor salario o la defensa de éste contra las alzas, si bien en esto está en juego la integridad física de la clase obrera y el pueblo. Es necesario que la tarea de los activistas se oriente a explicar la significación de la lucha de clases, explicar que sin romper el estrecho marco de la lucha económica no será posible desarrollar en la conciencia del trabajador la clara noción de que forma parte de una clase social, una clase diferente y antagónica a la gran burguesía y el imperialismo, sus opresores y explotadores; explicar que debe unirse con todos los que junto a él tienen en el presente a estos enemigos comunes. Para esto los activistas necesitan un órgano de prensa. Con el periódico proletario en las manos deben dirigirse a las masas que están llevando adelante combativamente su huelga y explicarles que su acción tiene un hondo sentido de clase y que por tanto su acción clasista encierra la lucha de toda la clase obrera y de todo el pueblo; que esta lucha marcha inevitablemente hacia la conquista del poder y el establecimiento de la dictadura de los oprimidos sobres sus opresores.

A los temporeros no les gusta las condiciones en que viven, no les gusta el trato que reciben, odian el futuro de explotación y miseria que les ofrece el patrón terrateniente, desprecian a los que les roban su trabajo y no les pagan ni siquiera lo pactado, y rechazan toda posibilidad de que sus hijos vivan y trabajen bajo las mismas condiciones. Son las razones de por qué se están rebelando contra su injusta situación. Ellos, al igual que el resto de los explotados y oprimidos, no sólo sueñan con un nuevo futuro sino que instintivamente luchan por él.

En este contexto, los activistas (sean trabajadores, estudiantes o cesantes) pueden y deben cumplir en la actualidad un destacado papel para explicarles en qué puede consistir ese nuevo futuro y cómo, fuertemente unidos, podemos llegar a él. La labor del activista no reemplaza jamás la lucha de las masas oprimidas, pero con su trabajo de denuncia y propaganda entre ellas, ayuda a que esta rebelión no sirva de puente para el oportunismo de los electoreros ni para el establecimiento de una nueva costra sindical. Indudablemente, es preferible mil veces la explosión espontánea que la “paz social”, porque es una clara señal del buen estado de salud revolucionaria de las masas. Sin embargo, el activista revolucionario concientemente lucha para que la rebelión, la protesta de masas, se desarrolle como guerra popular y no desemboque en un mero reventón o estallido social.

 
 
 

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Declaración Conjunta con motivo del 1º de Mayo
¡La Revolución Proletaria Mundial, hoy más que nunca una necesidad histórica!

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