ND15 - Abril 2008
 

Línea de masas, II Parte
Revolución de Nueva Democracia y Línea de Masas

La línea de masas de los maoístas es la aplicación del principio ideológico las masas hacen la historia. De esto se desprende que sólo las masas pueden liberarse a sí mismas. Otro aspecto lo constituye el problema de ir a las masas, es decir unirse a las masas y fundir el socialismo científico a su movimiento espontáneo.

Ya definíamos la línea de masas de los comunistas (ver ND14) como el conjunto de tareas destinadas a que las grandes masas, con la clase obrera a la cabeza, luchen concientemente por la conquista del poder y luchen después por defender lo conquistado; eso es liberarse a sí mismas.

La línea de masas de los revolucionarios comunistas forma parte de la línea política general para la revolución democrática chilena, es la parte al todo. Así pues, la línea de masas forma parte de las leyes de la lucha de clases por la conquista del poder en nuestro país. La revolución democrática consiste en la demolición del estado burgués terrateniente, la confiscación de la propiedad de la gran burguesía (que controla las principales arterias de la vida económica nacional), la expulsión del imperialismo (yanqui principalmente), y la confiscación de la tierra de los grandes propietarios para ser entregada a los campesinos pobres o sin tierra, devolver las tierras usurpadas a los mapuche y crear centros agrarios estatales.

Las conquistas de la revolución de nueva democracia sería imposible defenderlas sin el establecimiento de un nuevo estado, es decir la dictadura de las clases revolucionarias encabezadas por el proletariado contra las clases contrarrevolucionarias. A diferencia de lo que ocurre hoy, sería la dictadura de la mayoría sobre la minoría. Sólo un régimen de este tipo, de nuevo tipo, asegura además el avance ininterrumpido hacia el socialismo. Una cuestión que no se puede soslayar es que, para coronar con el triunfo la revolución, el empleo de la violencia revolucionaria de las masas es irrenunciable. Y esta violencia sólo puede ser desarrollada como guerra popular.

En síntesis: La línea de masas de los comunistas se definiría como las leyes específicas que rigen el proceso mediante el cual las propias masas de manera creciente y mediante saltos se transforman en protagonistas, con un alto grado de conciencia acerca de su papel político, de la lucha revolucionaria.

Ir a las masas: la tarea de fusionar el socialismo científico con el movimiento de masas

Siguiendo de cerca en esto el principio de que “las masas hacen la historia, el partido las dirige”, los comunistas debemos formarnos en esta importante definición ideológica y esto se logrará en la medida que libremos una decidida lucha contra la concepción opuesta, la burguesa, que centra en el individuo.

No puede haber desarrollo de la ideología científica sin aplicación, no puede haber desarrollo de la ciencia revolucionaria proletaria si ésta no está vinculada al movimiento de masas. Y tal como insistiera Lenin “sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario”.

No obstante su elaboración teórica ha sido una tarea realizada generalmente por intelectuales comunistas, el marxismo-leninismo-maoísmo es la ideología científica del proletariado. Desde que la sociedad se dividió en clases sociales distintas y antagónicas, las masas han luchado contra la opresión, pero sólo a partir de fines del siglo XVIII con la aparición de la industria moderna, los avances en todos los campos de la ciencia y el pensamiento, y con el desarrollo de la lucha de clases del proletariado moderno, pudo todo esto desembocar en una teoría revolucionaria como nunca antes los explotados y oprimidos habían tenido. Marx y Engels fueron los fundadores de la ciencia de la revolución. Esto abrió nuevas posibilidades al movimiento obrero y al movimiento comunista pero también nuevos desafíos.

Un problema para los revolucionarios es hacer que las masas se movilicen concientemente por su reivindicación política fundamental: el poder. Esto sólo puede ser alcanzado mediante la sólida fusión del movimiento comunista con el movimiento obrero y popular. Esto es lo que ya en su época Marx y Engels entendían como ligar ideas y masas, dotar de conciencia política revolucionaria al movimiento real de las masas.

Es precisamente la concepción y ciencia proletaria la que permite elaborar el programa político y la línea política general para la revolución. Es por ello que al estudiar el marxismo los comunistas están condenados a defenderlo y aplicarlo y a fundirlo con las masas. Poder alcanzar esto está estrechamente ligado con la cuestión de ir a las masas. Esto es un primer paso en el proceso de profundizar y desarrollar las leyes específicas que rigen la revolución en cada país o lugar. Sólo así es posible avanzar en la elaboración de la línea general para el movimiento comunista internacional.

Al referirse Engels en 1885 a la historia de los comunistas señala: “Nuestra intención no era, ni mucho menos, comunicar exclusivamente al mundo ‘erudito’, en gordos volúmenes, los resultados científicos descubiertos por nosotros. Nada de eso, los dos [se refiere a Marx y él] estábamos ya metidos de lleno en el movimiento político, teníamos algunos partidarios en el mundo culto, sobre todo en el occidente de Alemania y grandes contactos con el proletariado organizado. Estábamos obligados a razonar científicamente nuestros puntos de vista, pero considerábamos igualmente importante para nosotros el ganar al proletariado europeo, empezando por el alemán, para nuestra doctrina. Apenas llegamos a conclusiones claras para nosotros mismos, pusimos manos a la obra” (neg. nuestras). No obstante la inmensidad de la tarea propuesta allá por la década del 1840, Marx y Engels tenían la convicción de que era el único camino para desarrollar un movimiento obrero revolucionario; su convicción surgía de sus conocimientos científicos, pero como se desprende del párrafo citado debían llevar la política y el programa comunista a las masas. No se conformaban con llegar a los elementos más avanzados, cuestión que habían logrado, sino que además apuntaban a las grandes masas sin partido. En 1873 Engels escribía: “Nuestra opinión, que hemos visto confirmarse en una larga experiencia, es que la táctica correcta en la propaganda no es quitarle al contrario unos pocos afiliados de vez en cuando, sino trabajar la gran masa que permanece apática.”

Marx y Engels fundaron la ciencia revolucionaria del proletariado. Es una ciencia porque formula de manera exacta las reivindicaciones de esta clase, no sólo las económicas, sino también las políticas, en este caso la principal: la conquista del poder. Ellos al analizar el mundo partían de la posición y el punto de vista de la clase obrera pues sólo ella, que no tiene nada que perder salvo sus cadenas, podía emanciparse a sí misma al mismo tiempo que al conjunto del pueblo oprimido. No obstante el serio intento que significó la Comuna de París en 1871, Marx y Engels no presenciaron ninguna revolución triunfante. Sólo la Revolución de Octubre de 1917, dirigida por Lenin, Stalin y otros destacados bolcheviques, pudo ver realizadas gran parte de las previsiones hechas por los fundadores del socialismo científico: la dictadura del proletariado, la construcción socialista, el notable avance en la fuerzas productivas, la creación de nuevas relaciones de producción, la colectivización del campo, la nueva educación, etc.

La propaganda sobre el triunfo bolchevique no siempre presta la suficiente atención a las infinitas dificultades que atravesaron los revolucionarios rusos para alcanzar la victoria. Es comprensible que muchos de los problemas atravesados por los militantes comunistas bajo el régimen autocrático zarista tengan un valor testimonial y no general. Sin embargo, resultan de mucha actualidad para los revolucionarios chilenos las palabras de Lenin cuando se refiere a algunos rasgos generales que también tuvieron que vivir los comunistas rusos en cuanto a la cuestión de irse integrando con el movimiento de las masas obreras: “En todos los países -señala Lenin en 1900- hubo un período en que el movimiento obrero y el socialismo existieron por separado, siguiendo caminos distintos, y en todos los países, sólo la unión del socialismo con el movimiento obrero creó una sólida base tanto para el uno como para el otro. Pero en cada país esta unión del socialismo con el movimiento obrero fue lograda a lo largo de un proceso histórico, siguiendo una vía particular, de acuerdo con las condiciones de lugar y tiempo. En Rusia, la necesidad de la unión del socialismo con el movimiento obrero fue proclamada hace ya mucho en el terreno teórico, pero en la práctica esta unión sólo va haciéndose efectiva en nuestros días. Este proceso es muy difícil y no tiene nada de extraño que vaya acompañado de diferentes vacilaciones y dudas.” Un año antes de haber escrito esto, Lenin sentenciaba que las ideas del socialismo científico desvinculadas de las luchas obreras “eran meras utopía, buenos deseos” pero que no ejercían influencia alguna sobre la vida real. Los revolucionarios, tal como habían enseñado Marx y Engels, debían fusionar estas dos corrientes, organizando la lucha de clases del proletariado. En este sentido Lenin destacaba la labor de aquellos propagandistas que, muchas veces inexpertos y con palabras todavía estrechas, iban hacia la clase verdaderamente revolucionaria.

Los comunistas chinos dirigidos por el presidente Mao Tse-tung insistieron constantemente en la necesidad de fusionarse con las masas, pues de lo contrario, se corría el riesgo de hacer fracasar la revolución o entregársela en bandeja a los reaccionarios. “En todo lo que hacemos -escribía el presidente Mao en 1943-, los comunistas debemos saber integrarnos con las masas. Si los miembros de nuestro Partido se pasan la vida entre cuatro paredes, a cubierto de la tempestad y apartados del mundo, ¿podrán servir para algo al pueblo chino? No, en absoluto. No necesitamos semejantes personas como miembros del Partido. Los comunistas debemos salir al encuentro de la tempestad y enfrentar el mundo: la poderosa tempestad y el vasto mundo de la lucha de masas.”

Pero también el presidente Mao precisa el principio “de las masas a las masas”. Es decir, las masas son el punto de partida para la acción de los revolucionarios y también son el punto de llegada: “Debemos ir a las masas, -recalcaba- aprender de ellas, sintetizar sus experiencias y deducir de éstas principios y métodos aún mejores y sistemáticos; luego, explicarlos a las masas (hacer propaganda) y llamarlas a que los apliquen en la solución de sus problemas, a fin de alcanzar la liberación y la felicidad.”

Los militantes revolucionarios comunistas en Chile deben tener muy en cuenta estas cuestiones para poder especificar la línea de masas, lograr integrarse con las masas populares de nuestro país y dirigir sus luchas hacia la conquista de nuevas alturas.

Al ir a las masas desechemos la concepción individualista y burguesa

Muchos jóvenes al mismo tiempo que se preguntan qué pueden hacer para cambiar las cosas, dudan que su participación en la revolución tenga un real impacto; dicen: ¡¿pero qué se puede hacer frente a la fuerza que tienen los poderosos?! Por otra parte, ven la revolución como algo etéreo e inaprensible, tienen una imagen vaga de lo que es; muchos creen que es un grupo armado asaltando el palacio de La Moneda...; no comprenden que la realización de las transformaciones revolucionarias que se necesitan no dependen de su participación individual o la de cualquier otra “personalidad”. Todo esto se debe en primer lugar a que están muy influenciados por la concepción burguesa o pequeñoburguesa del mundo, en la cual, los individuos o las personalidades son más relevantes que las masas; que la historia, en definitiva, la hacen los superhéroes y no las masas. En segundo lugar, ellos difícilmente superarán esta concepción si no se atreven a integrarse con las masas, si no se arman de una teoría revolucionaria consistente en una concepción proletaria y científica para analizar, a la vez que actuar, en la sociedad; por último, si además no superan su profundo desconocimiento de la historia de las revoluciones y las distintas etapas y dificultades que ellas han atravesado.

La línea de masas no niega ni es excluyente con el papel que pueden jugar los individuos. De hecho, en las revoluciones las masas siempre han destacado a alguien o a un grupo de personas; éstas conforman, ahí donde la revolución y la guerra popular está más desarrollada, sus jefaturas: Lenin y Stalin en la revolución bolchevique, Mao Tse-tung en la revolución china, Gonzalo en la guerra popular en Perú, Charu Mazumdar en la India, etc.

Es por ello que la acción ‘individual’ de un activista aplicando pacientemente la línea de masas puede dar mucho más en el largo plazo que la acción ‘colectiva’ de un pequeño grupo conspirativo, aislado del pueblo, que con sus bombas pretende ‘despertar’ de inmediato a la masa apática, para que luego ésta, supuestamente excitada por ‘sus héroes’, los siga en su pequeña marcha de naturaleza individualista y así derriben el Estado y el capitalismo. Para el quehacer político de los individualistas (aunque muchos de ellos creen que lo que hacen no es política), no cuenta para nada la paciente labor de esclarecimiento entre las masas, con ellas y en especial al fragor de sus luchas. Ellos creen que sus acciones bastan para lograr sus objetivos.

Mao Tse-tung planteaba al respecto: “¿Cómo juzgar si un joven es revolucionario? ¿Cómo discernirlo? Sólo hay un criterio: ver si está dispuesto a integrarse, y se integra en la práctica, con las grandes masas obreras y campesinas. Es revolucionario si lo quiere hacer y lo hace; de otro modo es no revolucionario o contrarrevolucionario.”

Pero no basta con constatar esto. Se hace cada vez más necesario que los comunistas nos hagamos una seria autocrítica para corregir nuestros errores al vincularnos con las masas. Esto es el aspecto principal de la cuestión.

Muchos revolucionarios tienen conocimiento de las luchas revolucionarias que se desarrollan en el Perú y la India; conocen a grandes rasgos las características de las guerras populares en dichas regiones e incluso saben el riesgo que éstas tienen, no tanto frente a sus enemigos abiertos, sino más bien frente al peligro encarnado por el revisionismo, tal como el prachandismo en Nepal (que ha arrebatado a las masas las conquistas de la guerra revolucionaria); entonces, estos revolucionarios, decíamos, conociendo esas experiencias no las dan a conocer ni explican, no hacen propaganda de ellas, no extraen lecciones para su trabajo diario entre las masas, en una palabra no las educan en la ciencia de la revolución y no permiten que las masas los eduquen para mejorar su actividad entre ellas. Estos militantes se pasan los días maravillándose de lo bello y hermoso que es el marxismo, contemplándolo suspiran pero nada o muy poco hacen por hacer de este pensamiento liberador una arma efectiva para transformar las cosas a su alrededor. Quieren que las masas se movilicen en su frente respectivo pero no aplican la línea de masas.

Hoy los comunistas de Chile, los marxista-leninista-maoístas, aún somos un puñado de hombres y mujeres con escaso arraigo de masas. Los problemas que debemos enfrentar son numerosos, uno de ellos es el ir a las masas. Este es un aspecto muy importante de la línea de masas. Pero también hemos insistido en que no basta sólo con “ir a las masas” y ganar su confianza, junto con esto hay que explicarles las tareas políticas fundamentales. O si no, ¿cómo las masas obreras van a luchar por conquistar una democracia popular y el socialismo si no comprenden que para poder alcanzarlo se necesita destruir, demoler al Estado chileno, es decir destruir y demoler la dictadura de la gran burguesía y los terratenientes sirvientes del imperialismo yanqui, que en conjunto oprimen y explotan al pueblo?

Los comunistas forman la parte políticamente más conciente y avanzada de las masas. Sin embargo, nunca han tenido un partido marxista-leninista-maoísta que los agrupe. Además, han mantenido una escasa cohesión entre sí, una pobre o nula vinculación con las masas y detentan una confusión y desconocimiento preocupante en torno a sus principios ideológicos. La teoría revolucionaria se estudia desordenadamente y muchas veces desconectada de la práctica.

Todo esto lleva precisamente a que el conjunto de los revolucionarios sean una corriente numerosa pero dispersa, poco influida por el movimiento maoísta, y por tanto, todavía incapaz de abordar las grandes tareas nacionales que la clase y el pueblo reclaman.

Frente a esta situación los marxista-leninista-maoístas tenemos importantes e ineludibles tareas destinadas a llevar nuestra ideología a las masas que cada día extienden su protesta a nuevos sectores. Para ello debemos avanzar en formarnos como cuadros y esto no se hará desligado de la creciente protesta popular sino que justamente impulsándola; pero tampoco se puede impulsar si no aplicamos la línea de masas y la desarrollamos.

 
 
 

Destacamos...

Declaración Conjunta con motivo del 1º de Mayo
¡La Revolución Proletaria Mundial, hoy más que nunca una necesidad histórica!

[Descargar]

 

* * *

 

Sobre la práctica
de Mao Tsetung

Nuevo texto de
ediciones MLM




Ir a Archivo Revolucionario Comunista

 
 

¿Quieres saber cómo?
Haz click aquí...

Ubicación de los visitantes de urc.cl