ND15 - Abril 2008
 

A 137 años del primer gobierno proletario
La Comuna de París, precursor glorioso de la nueva sociedad

La Comuna de París llevó en 1871 al establecimiento del primer gobierno del proletariado. Como primer intento de dictadura revolucionaria dejó enormes lecciones para el porvenir del movimiento obrero y comunista mundial. A continuación algunos alcances a esta trascendental experiencia.

El surgimiento de la Comuna podemos analizarlo como el resultado de un movimiento espontáneo, en el sentido que nadie la había preparado conciente y metódicamente. Hacia finales de 1860 la miseria del proletariado parisino era insostenible: el freno del crecimiento económico, las repercusiones de las guerras en Italia, Crimea y México, una guerra sangrienta con Alemania, los sufrimientos de una ciudad en estado de sitio, el cierre de fábricas producto de la crisis económica, la ruina de la pequeña burguesía, la indignación de las masas contra las clases superiores y autoridades que habían dado pruebas de una incapacidad total, empujaban a la población de París hacia la revolución del 18 de marzo de 1871. Quienes ya nada tenían que perder más que sus cadenas, en palabras de Marx, tomaron el cielo por asalto e instauraron el primer gobierno obrero en la Comuna de Paris.

Según el manifiesto proclamado por un gobierno provisional de proletarios e intelectuales parisinos en la mañana del 18 de marzo, la Comuna significaba que “los proletarios de París, cansados de engaños y traiciones, habían creído llegada la hora de salvar la situación tomando en sus manos la dirección de los negocios públicos; que los trabajadores habían comprendido que su deber imperioso y su deber absoluto era hacerse dueños de su propio destino, tomando las riendas del gobierno”.

El primer decreto de la Comuna declaró abolido el ejército reemplazándolo por la Guardia Nacional, una organización armada de los pobladores. La Comuna se componía de consejeros municipales que eran elegidos por sufragio universal con cargos revocables y que recibían un salario no mayor al de un obrero especializado. Todos los establecimientos destinados a la instrucción se abrieron gratuitamente al pueblo, liberándolos al mismo tiempo de toda intervención de la Iglesia y de las clases que dominaban en el viejo Estado. Los arriendos fueron congelados y las fábricas abandonadas fueron puestas bajo el control de los trabajadores.

Sin embargo, estas conquistas del pueblo parisino no pudieron ser defendidas. Los representantes de las clases reaccionarias, en vez de ser encarceladas y sometidas a juicio, fueron dejadas en libertad y muchos de ellos huyeron hasta la sede del gobierno burgués en Versalles. El proletariado no tomó el control del Banco de Francia, el cual continuó entregando millones de francos a la contrarrevolución que, tras recuperar fuerzas y aumentar su poder bélico a costa de los recursos del Banco francés, se lanzó desde Versalles en una ofensiva contra la Comuna.

Finalmente el 21 de mayo de 1871 el ejército de Versalles entró en Paris. Los comuneros, entre los que había cientos de mujeres, combatieron con un inmenso coraje. Pero la falta de preparación, la falta de una estrategia militar y de una dirección unificada en el combate hizo que los comuneros fueran vencidos el 28 de mayo, tras dos meses del primer intento de revolución proletaria.

¿Cuál es la importancia de la Comuna de París?

Marx, al analizar la experiencia de la Comuna, concluyó que problema del estado para una revolución proletaria debía ser abordado de una manera cualitativamente distinta a como lo habían abordado las revoluciones burguesas. Los proletarios no pueden contentarse con tomar el aparato del Estado existente y hacerlo funcionar para su propio beneficio, como lo habían hecho las clases dominantes y sus diversas fracciones rivales en épocas anteriores. La primera condición para conquistar el poder político es destruir el aparato estatal, destruir este instrumento de dominación de clase de la burguesía.

En la sociedad actual el proletariado y el pueblo, económicamente sometido por el capital imperialista y sus lacayos, no puede dominar políticamente sin romper las cadenas que lo sujetan a las viejas relaciones de producción, las cuales son defendidas por la constitución, las leyes y, en última instancia, por las fuerzas armadas de la gran burguesía. Todo esto significa que para conquistar el poder político las clases revolucionarias, conducidas por el proletariado y su partido, deben realizar profundas transformaciones sociales y económicas: confiscar las grandes empresas monopolistas, expropiar los grandes latifundios y tomar el control de la economía. Ninguna de estas transformaciones podrá realizarse sin romper toda la estructura estatal que defiende los beneficios de los explotadores.
En esta perspectiva la sangre de los comuneros de París también enseñó al proletariado a no subestimar las fuerzas enemigas y que todo poder conquistado por el proletariado debe defenderse. Los comuneros, subestimaron el poder de Versalles y no se lanzaron decididamente a barrer definitivamente con el poder de la burguesía. Tampoco buscaron aliarse con los campesinos pobres, un sector igualmente explotado por el viejo estado. Por el contrario, se maravillaron con la posibilidad de hacer sus propias leyes, ejercer justicia, administrar fábricas, etc., sin prepararse para defender sus conquistas. La necesidad de defender con las armas del Poder conquistado por las armas fue una gran lección de la Comuna. La dictadura del proletariado fue planteada por Marx como la forma de consolidar y defender el poder político arrebatado a las clases capitalistas ante los ataques contrarrevolucionarios.

El caracter espontáneo de la revolución parisina de 1848 dificultó en gran medida la defensa militar de París ante el ataque del ejército burgués. Ligado con lo anterior está el hecho de la falta de una dirección proletaria y un partido obrero que preparara las condiciones para el triunfo definitivo de la Comuna.

Más a pesar de todas sus faltas, y en palabras de Lenin “la Comuna nos ofrece el modelo más grandioso del más grandioso movimiento proletario del siglo XIX. Por muy grandes que sean las pérdidas de la Comuna, están compensadas por la significación de la comuna para la lucha general del proletariado. La Comuna ha enseñado al proletariado europeo [y hoy decimos a los oprimidos del mundo] a plantear concretamente los problemas de la revolución”.

 
 
 

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