ND15 - Abril 2008
 

Para ligar las luchas del pueblo al electoralismo
El revisionismo aleja al proletariado de la lucha revolucionaria

En las pasadas movilizaciones de los temporeros de la VI región, como en otras movilizaciones del pueblo (profesores, estudiantes, pescadores artesanales, etc.), podemos evidenciar habituales problemas de conducción por parte de los dirigentes, que deben superarse para alcanzar efectivas conquistas en sus luchas y tener, al mismo tiempo, la necesaria fuerza para defenderlas.

La falta de experiencia de los dirigentes es en gran medida causante de esto, pero es algo que poco a poco se va superando al tiempo que se extienden las luchas del proletariado y se alcanzan aprendizajes tanto de los éxitos como de los fracasos parciales. La lucha de clases inevitablemente empuja a algunos a formarse como líderes al calor de las movilizaciones populares y en este aprendizaje, inevitablemente, habrán éxitos y fracasos.

En esta movilización de los temporeros de Verfrut, por ejemplo, los dirigentes no impulsaron actividades para elevar la decisión de luchar entre los trabajadores, no realizaron jornadas de discusión, de preparación de material de agitación para ganarse a la población local, no hubo panfletos ni carteles. Eso fue un error que significó reducir el fuerte ímpetu combativo que caracterizó los primeros días de movilizaciones y que terminó por restarles la capacidad de reaccionar ante las magras ofertas de la empresa.

Es una táctica de los patrones separar a los dirigentes de las masas, encerrándolos por horas y días en mesas de negociación. Cuando los dirigentes no son capaces de prever esto, suele ocurrir que los trabajadores en huelga quedan desocupados, desinformados y preocupados frente a sus pocas expectativas de conseguir buenos resultados de la negociación. Muchas veces cunde el pesimismo y comienzan a oírse frases como “sólo nos darán aspirinas”. Esto ocurre sin duda cuando no existe la confianza en el poder organizado de los sectores del pueblo explotado, cuando los dirigentes no han comprendido la importancia de apoyarse en las masas y reforzar la disposición a la lucha que éstas manifiestan, en resumen, cuando prima la errónea concepción de que son los dirigentes quienes deben resolver los conflictos, desconociendo la importancia de la lucha de masas, de aplicar una correcta línea de masas.

Este error podría considerarse parte del aprendizaje de las luchas de los temporeros, pero no podemos considerarlo un error sabiendo que contaban con la “asesoría” de la coordinadora Ranquil, una organización de conducción revisionista que no puede alegar falta de experiencia en huelgas obreras. En la falta de preparación de las movilizaciones de Verfrut no hubo un error de omisión, sino una muestra del clásico actuar desmovilizador del revisionismo.

Como históricamente ha ocurrido, los revisionistas primero levantan luchas hasta que la situación comienza a salirse de sus manos; entonces negocian en beneficio de sus intereses oportunistas. Cuando les ha resultado conveniente promueven sobrepasar la legalidad (incluso impulsando luchas armadas), pero hoy en día, cuando su objetivo inmediato es ajustarse a la legalidad para participar de la administración del estado burgués-terrateniente chileno, frenan las luchas populares, abogando por “protestas pacíficas”.

Durante los últimos años el sentido común que los trabajadores colocan al servicio de sus organizaciones, sus demandas y sus luchas, ha permitido ir estableciendo tácticas correctas para la paralización efectiva de la producción e interrupción de las faenas. En éste sentido las tomas de fábricas y de rutas principales a las faenas se han convertido en manifestaciones del desborde y, en definitiva, en lo único que hoy ha logrado establecer presión sobre los patrones. Pero los dirigentes revisionistas y sus “asesores”, cuando se han visto sobrepasados por estas justas demostraciones de violencia proletaria, realizan llamados a retomar la legalidad planteando, por ejemplo, que no quieren que “sigan apaleando trabajadores”, como argumentaron a los temporeros del Cachapoal.

En su estrategia de utilizar las justas luchas populares para abrirse camino en la lucha electoral, al revisionismo le interesa aparecer “apoyando” e “impulsando” todas las luchas de masas. Cuando las luchas resultan exitosas sus candidatos aparecen para recibir los aplausos, pero si existen reveses lo que aparecen son llamados abiertos a la claudicación con dirigentes revisionistas que justifican los malos resultados de las negociaciones responsabilizando a los propios trabajadores movilizados. Se argumenta por ejemplo: que los trabajadores no habrían realizado un paro efectivo, que se habrían excedido en el uso de la violencia, que no se responde por actos violentos, etc. Este actuar es tremendamente nocivo para los trabajadores, pues corroe la confianza en las organizaciones sindicales y en los dirigentes en general. Todo esto pudo evidenciarse una vez más en las movilizaciones de los temporeros de Verfrut.

La historia de las luchas obreras ha dejado en claro que el éxito de las organizaciones depende en gran medida de la conducción de dirigentes honestos, que escuchen a las masas, que sepan extraer lecciones de las luchas de otros sectores del pueblo y que estén dispuestos a servir de todo corazón al pueblo. Pero la sola voluntad no basta. Dado que la lucha huelguística es expresión de la lucha de clases, es necesario que estos dirigentes honestos atiendan a las necesidades inmediatas de sus compañeros, pero que al mismo tiempo reconozcan que la solución definitiva de éstas requiere inevitablemente la transformación revolucionaria de la sociedad. Esto sólo puede hacerse adoptando el socialismo científico -la ideología revolucionaria del proletariado- como guía de las luchas obreras. Es esta la característica fundamental del sindicalismo revolucionario.

En el período electoral que se avecina veremos intensificadas las tradicionales prácticas del revisionismo. El proletariado no debe dejarse embaucar por estas tretas, al contrario, debe denunciar estas prácticas y esforzarse por formar los dirigentes honestos que la revolución democrática chilena requiere.

 
 
 

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