ND14 - Marzo 2008
 

Editorial

La educación: un derecho a conquistar

Ha quedado al desnudo un nuevo fraude. 263 mil millones de pesos -según las cifras oficiales- han sido robados entre altos funcionarios de gobierno y sostenedores de colegios particulares subvencionados. El payaso que tenemos por ministra de educación debió guardarse su sonrisa y salir a dar explicaciones cuando debería ser encarcelada.

Los 263 mil millones de pesos no se crearon de la nada, son producto del trabajo explotado de cientos de miles de obreros y de otras capas del pueblo que llegan hasta el fisco del estado burgués-terrateniente por medio de impuestos directos e indirectos. Utilizar estos recursos en la educación del proletariado y el pueblo es una demanda democrática que los estudiantes secundarios levantaron con fuerza hace dos años en una azonada de tomas de colegios y violencia callejera que hoy la burguesía teme que pueda repetirse.

En su momento Bachelet, con gran parafernalia, creó una comisión educacional cuyos resultados pretenden hacernos creer que se va a cambiar la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE). Pero si revisamos su discurso del 1° de junio del 2006 encontraremos que junto a las demagógicas promesas de caramelos para los estudiantes movilizados, aseguró mantener clavadas las dos principales puñaladas al derecho a la educación del proletariado y el pueblo: la descentralización y la libertad de enseñanza.

Estas dos puñaladas al justo derecho a la educación en efecto se mantendrán intactas en la nueva Ley General de Enseñanza.

Defensa cerrada contra los estudiantes populares

El movimiento estudiantil de mayo-junio del 2006 nos ha dejado importantes enseñanzas. Cerca de 800.000 estudiantes pararon las clases. El movimiento en su desarrollo fue expresando más nítidamente un contenido antimperialista. Muchos piensan que fue una simple pataleta de estudiantes, casi como un capricho, que esta “democracia permisiva” les permite a estos niños. Pero a esta limitada visión en cierta forma la desmiente la política que adoptó la gran burguesía y sus distintas facciones.

El gobierno, que representa principalmente a la burguesía burocrática defendió la libertad de enseñanza y descentralización; por su parte la burguesía compradora, a través del grupo Matte (que controla las Escuelas Matte, Sociedad de Instrucción Primaria), de los grandes gremios patronales que manejan complejos educacionales y la alta jerarquía católica que maneja a su vez importantes “cadenas” de colegios, todos ellos defendieron en conjunto la libertad de enseñanza y la descentralización.

Pero entendamos bien esto, la libertad de enseñanza consiste para la gran burguesía en educación o instrucción de excelencia para sus propios hijos y en una instrucción mínima pero política e ideológicamente centralizadas por el estado terrateniente burgués para las amplias masas populares. ¿O es que acaso se piensa que con “libertad de enseñanza” los hijos de la clase obrera podrían acceder a un currículum en donde se les explique la lucha de clases y la necesidad de que ellos, junto a sus padres, conquisten el poder por medio de una revolución violenta contra la gran burguesía y el imperialismo?

Por su parte, la descentralización no es otra cosa que avanzar en la concentración de la propiedad de los establecimientos de enseñanza en manos de particulares, principalmente de aquellos sectores de la burguesía compradora, esto es, la monopolización del “negocio de la educación”.

Por ello el robo que se ha perpetrado no es casualidad, podría incluso considerarse un premio a los sostenedores por combatir las demandas populares en pos del derecho a la educación, socavar a las masas y consolidar un sistema de instrucción destinado a seguir un camino antipopular: reducir la enseñanza a un sistema de instrucción para preparar mano de obra barata de acuerdo a las exigencias que imponen los grandes monopolios y el imperialismo.

Aún si el dinero robado hubiese sido empleado “correctamente”, el gobierno a lo más se hubiera evitado otro bochorno, pero el objetivo que la burguesía burocrática y compradora han trazado para la educación no se hubiera movido ni un milimetro.

El camino hacia una educación democrática y popular

La memoria de una educación estatal, gratuita y -en algunos aspectos- considerablemente más profunda que la actual, entusiasma a no pocos compañeros al momento de pensar en una plataforma de lucha en materia de educacion.

Hay que estudiar bien esta idea y no olvidar que por mucho que los establecimientos educacionales hayan sido de propiedad estatal, nunca se vió alterado el carácter de clase del estado burgués terrateniente y por tanto de la educación que éste entregaba al pueblo. Ya lo decía Engels, la propiedad monopólica estatal no es sinónimo de socialismo. Cualquier “reforma estructural”, por muy radical que aparente ser no significa nada si no cambia el carácter de clase del estado.

Suponer que hasta el año 1981 la educación hubiese sido estatal y gratuita no significa que las masas hayan tenido realmente el derecho a la educación. Esto nos llevaría a creer que en algún momento de nuestra historia tuvimos una educación verdaderamente democrática sin alterar el carácter de clase del estado.

Chile, en sus casi dos siglos de existencia como república no ha logrado romper -ni siquiera ha estado cerca de romper-su condición de semicolonia. Después de los españoles fuimos paulatinamente sojuzgados por los ingleses y a partir de las primeras décadas del siglo XX por el imperialismo norteamericano. ¿Podríamos haber tenido una educación democrática y popular ahí donde todavía el estado defiende los resabios precapitalistas? La respuesta es contundente, no.

Hoy día el pueblo vive bajo la dictadura de grandes propietarios aliados al imperialismo yanqui. Una nueva educación, popular, democrática, nacional, científica jamás podrá alcanzarse mientras estemos bajo esta dictadura. Será imposible que cambie profundamente la educación sin que cambie revolucionariamente la política y la economía. En este sentido, en nuestro país por más que intente ser democrática la educación y por más democrático que quiera ser algún establecimiento de enseñanza, jamás logrará revertir en lo más mínimo el sistema de poder de la gran burguesía y del imperialismo (yanqui fundamentalemente).

Las condiciones para la movilización siguen siendo excelentes. Es necesario unir a las amplias masas estudiantiles populares, hacer una activa campaña de propaganda sobre quiénes son los verdaderos enemigos y cómo luchar contra ellos. No basta la movilización, ésta sin querer puede terminar sirviendo a la gran burguesía para luchar contra otros sectores de trabajadores vinculados a la educación (no nos referimos ciertamente a los sostenedores). Los estudiantes concientes deberán hacer serios esfuerzos para convertir su lucha en una palanca para despertar el sentimiento antiimperialista en el conjunto del pueblo, sin olvidar por supuesto ligarse en todo momento a la clase obrera.

 

 
 
 

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