ND14 - Marzo 2008
 

La línea de masas de los comunistas revolucionarios
Hacia una táctica y estrategia que nos permitan liberarnos (primera parte)

Durante los últimos tiempos se viene registrando un ascenso en el movimiento huelguístico: Los obreros subcontratados en la gran minería del cobre, en las empresas forestales, en la salmonicultura han ocupado un papel de vanguardia. También lo está haciendo el proletariado agrícola que trabaja en faenas temporales y así lo demostró su lucha en Copiapó. Por otro lado, los obreros textiles de Tomé se opusieron tenazmente contra el cierre de las fuentes de trabajo y el deterioro en sus condiciones de vida; a su lucha, se fueron sumando otros sectores de esa ciudad: estudiantes y mujeres populares, pequeños comerciantes, pobladores en general. Así mismo la lucha de los trabajadores de las plantas de salmones en Calbuco, se fue transformando en una ‘poblada’ cuando los habitantes de esa localidad se sumaron a los obreros para enfrentar las fuerzas policiales patronales.

La lucha del pueblo mapuche merece un capítulo aparte por todas las implicancias y el significado que tiene. Poco a poco se ha ido generalizando, no obstante esto, aún carece de una dirección unificada y su programa básico no ha sido ampliamente propagandizado entre todos los sectores del pueblo. Su lucha es justa y despierta amplias simpatías entre el pueblo chileno.

Desborde del orden legal, toma de empresas, cortes de rutas, marchas, barricadas, enfrentamiento con la fuerza pública, han caracterizado a todos estos movimientos. También la organización muchas veces de improvisados destacamentos, piquetes de obreros armados de piedras y palos; o de comités para cumplir diferentes tareas durante sus movilizaciones, conforman una rica y variada experiencia adquirida.

Otro aspecto a destacar es que estas luchas han tenido generalmente como contraparte los principales enemigos del pueblo chileno: los grandes capitales monopolistas y los terratenientes. Estos son los propietarios de estratégicos medios productivos, son los dueños de las áreas más rentables y que gracias al trabajo superexplotado pueden obtener superganancias, prosiguiendo de esta manera su ambiciosa y desmedida acumulación capitalista. Otra cuestión es que sus respectivos gremios y el gobierno mismo han ido criminalizando la lucha huelguística e incluso han ido militarizando los conflictos demostrando con ello, una vez más, el carácter de clase del Estado chileno, es decir, dictadura de terratenientes y grandes burgueses. La gran burguesía tiene sed de sangre y ya ha cobrado algunas vidas como las de Alex Lemún, Rodrigo Cisternas y Matías Catrileo.

Los hechos anteriormente expuestos nos ayudan a comprender las tendencias específicas que va tomando en la actualidad la lucha de clases en el país. También esbozan los principales problemas, carencias y vacíos para elevar a una nueva etapa estas luchas. Un breve recuento nos arroja un saldo en contra preocupante: falta de unidad y organización del pueblo y ausencia de un centro de dirección revolucionaria reconocido. Un resumen de la historia de la lucha de clases nacional e internacional nos entrega la forma para resolver esos problemas y así avanzar a una más alta etapa. Esta forma es la Revolución Democrática o de Nueva Democracia, esto precisa lucha nacional y antimperialista, lucha para terminar con la condición semicolonial de nuestro país respecto a la superpotencia imperialista yanqui, lucha para barrer con los opresivos resabios precapitalistas, lucha para demoler el poder que defiende esos intereses antipopulares, y lucha para construir una República Democrático Popular en marcha ininterrumpida al socialismo y el comunismo.

Pero esto además requiere que tomemos y apliquemos de la experiencia de la lucha revolucionaria nacional e internacional leyes específicas que se han ido derivando, un ejemplo de esto es la línea de masas.

La revolución debe apoyarse activamente en las masas populares y confiar en ellas. Hay que estar dispuestos a explicar a las masas y dispuestos a aprender de ellas. Nada puede resultar del aislamiento de los revolucionarios. Estas son cuestiones de mucha importancia. Los comunistas parten del principio que las masas hacen la historia, son ellas las que con su fuerza van transformando el mundo, esto es el corazón de la línea de masas.

Efectivamente: Son las masas trabajadoras las que construyen grandes edificios, extensas carreteras, los grandes complejos industriales, prácticamente todo alrededor nuestro pasa por las manos de obreros y obreras, de trabajadores en general. Pero la actividad de las masas no se reduce a la vida productiva en un país o en el mundo, son también ellas la fuerza motriz de las transformaciones sociales y políticas. Así por ejemplo, nada hubiera sido posible sin ellas, hace ya casi doscientos años, durante la revolución de independencia en Chile. O, sin la lucha de las más amplias masas todavía tendríamos que aguantar el régimen fascista de Pinochet. No quiere decir esto que nos hayamos sacado de encima los abusos de la junta militar fascista, al contrario hoy día con los gobiernos de la Concertación vivimos bajo una especie de régimen pinochetista pero sin Pinochet. Esto se debe en parte a que Pinochet fue sólo un instrumento de la alta burguesía para dar el golpe de Estado y frenar el auge de la lucha de masas, estableciendo políticas económicas que han perpetuado los gobiernos de la Concertación.

Tan pronto como las masas luchan abierta y ampliamente, las clases dominantes buscan aplastar su lucha, desviarla o aprovecharse de ellas. En la Revolución de Independencia el pueblo como el gato obligado a sacar las castañas del fuego, aportó sus fuerzas, formó parte de los ejércitos, para que los mercaderes y terratenientes se “liberaran” del yugo español. Tan pronto como este objetivo se cumplió se olvidaron de las masas y éstas fueron desmovilizadas y forzadas a someterse, por otra parte, la clase dominante dejó de depender del rey de España, ligándose a los intereses de grandes comerciantes y banqueros ingleses. Una vez más el pueblo pobre vio frustrado el derecho a la tierra y a la emancipación política: es decir, a una revolución democrática.

Así mismo, durante las protestas contra Pinochet y su régimen, fueron las masas la carne de cañón cuando las fuerzas de orden y el ejército salían a reprimir a las calles. Mientras tanto, asustadas por la lucha popular, las clases dominantes, que se encontraban enfrentadas entre sí, se abuenaron, prometieron que la “alegría vendría” y nos han sometido a un mismo sistema de superexplotación permitiéndonos solamente que elijamos con su sistema electoral a quién nos va a explotar y robar por cuatro o más años.

Pero las masas también son creadoras de cultura. Además de las distintas manifestaciones artísticas que rebosan de vida, han sido la base material para el surgimiento de ideas nuevas, revolucionarias, que corresponden a sus intereses objetivos. Las masas mediante sus luchas han generado una ideología científica. Los comunistas, que también forman parte de las masas, son quienes han logrado resumir los aciertos y fracasos de las experiencias de las masas, para formular los principios de esta ideología científica. Corresponde a uno de estos principios la línea de masas, consistente, precisamente, en ligarse en todo momento a las masas, aprender de ellas y educarlas.

Una de las razones de por qué todavía no nos hemos emancipado de las cadenas de la explotación y la opresión imperialista tiene relación con que la cultura y las ideas revolucionarias han sido desprestigiadas o utilizadas para fines totalmente contrarios a los que desea servir. También y principalmente, los revolucionarios han olvidado aplicar la línea de masas para vincularse a ellas y explicarles cuáles son los cambios y transformaciones que necesita nuestro país y el mundo para eliminar los abusos y la explotación (bajos sueldos, jornadas laborales extenuantes, encarecimiento de la vida, sometimiento nacional, opresión imperialista, etc.). Un aspecto fundamental de la línea de masas es justamente que las masas se liberen a sí mismas, para ello los comunistas deben revolucionarizar la cultura y la conciencia de las masas. Tomar lo bueno de la cultura popular y barrer con todo aquello que guíe hacia la esclavitud, el abatimiento y el sometimiento, barrer con las viejas ideas de dominación. Esto es trabajar por una nueva cultura popular, democrática, revolucionaria, de masas. Pero además debemos explicar en todo momento las perspectivas de una sociedad sin clases, sin ricos ni pobres, sin explotadores, en una palabra el comunismo.

Hoy día en nuestro país existen numerosos colectivos que aburridos de los partidos políticos que conocen, desencantados con el circo electoral, celosos de su propia independencia organizativa se muestran deseosos de entrar pronto en “acción”. Esto los lleva a desembocar muchas veces en un activismo carente de sentido. Otros grupos buscando con ahínco una teoría revolucionaria para Chile se pierden en callejones sin salida. Estos sectores generalmente pasan por alto la línea de masas, creen que su estudio y aplicación es una pérdida de tiempo o simplemente la rechazan como otra teoría más que cayó junto con el muro de Berlín. Ellos para explicarse la realidad y desenvolver su actividad crean modelos teóricos tomando retazos de aquí o de allá. Pasan por alto un estudio sistemático y profundo de la historia en general y de las revoluciones en particular. Para estas corrientes políticas las masas cumplen un papel secundario, esto quiere decir que los cambios en la sociedad son producto de la actividad conciente de un puñado de esclarecidos. Ellos, aunque no siempre lo digan, creen que el pueblo los seguirá porque supuestamente éste ve en su ejemplo lo que se debería hacer. Esto lleva a que actúen permanentemente desligados de las masas, decepcionándose a ratos con ellas o cayendo en otros momentos en un entusiasmo casi eufórico para volver a decepcionarse después. Incluso ciertas corrientes ideológicas y políticas pequeño burguesas piensan que acumulando fuerzas suficientes para irse a la montaña para hacer el foco guerrillero será suficiente para despertar al pueblo con su ejemplo heroico. Estos sectores suelen ser muy voluntariosos y abnegados, pero al no romper con una concepción burguesa acerca del papel de las masas en la historia y al atribuir tanto práctica como teóricamente más importancia al individuo terminan cumpliendo objetivos ajenos a los que pretenden servir.

Ligarse a las masas, unirlas y movilizarlas a la lucha, organizarlas, es algo muy bueno. La creación de sindicatos, comités de deudores, comités de allegados, comprando juntos, asociaciones de todo tipo, incluso surgen espontáneamente para lograr determinados objetivos y atender determinadas necesidades. La línea de masas, además de impulsar decididamente esto, exige al activista comunista, al organizador revolucionario, ir más allá de la lucha reivindicativa o la lucha económica. Lo fundamental es comprender toda esta actividad como el combate permanente contra los enemigos del pueblo, pero este combate tiene como perspectiva la conquista del poder por vía revolucionaria, es decir la lucha política. Esto podrá parecer que es obvio. Pero no es un problema menor. Los ejemplos de luchas del pueblo que han terminado favoreciendo a otros sectores sociales ajenos a él abundan. Por eso hoy se necesita que la lucha política vaya en contra de toda ilusión, por ejemplo, de utilizar las elecciones, por cuanto es un mecanismo que se ha especializado precisamente en desaguar el descontento popular por una vía estatal, es decir termina reforzando la dominación. En otras palabras hacer cambios para que todo siga igual. Es por eso, que la política del imperialismo yanqui para América Latina ha promocionado alternadamente golpes de estado para instalar dictaduras abiertas, con transiciones a la democracia (dictaduras encubiertas). Para el imperialismo yanqui es muy importante mantener ordenado a su pinta su “patio trasero”.

Los comunistas desde que Marx y Engels formularon sus principios han apelado a las masas. Cuando Marx y Engels comenzaron su actividad política hacia fines de la década de 1830 buscaron con afán una explicación del mundo. El esfuerzo realizado los llevó a resolver que la verdad solo es posible arrancarla de los hechos. En este sentido sus ideas partieron de una gran verdad: La historia la hacen las masas. El problema que primeramente debieron enfrentar es cómo podían ligar este importante principio teórico con la práctica revolucionaria, esto fue resuelto en un largo, difícil y prolongado proceso, no exento de luchas con otras corrientes ideológicas por ligarse a las masas. Al principio resolvieron el dilema siguiente “o las masas o las ideas”. Cuando los intelectuales de su época señalaban que las masas nada podían aprender, que la ignorancia era parte de ellas y que las ideas eran sólo para ellos, “gente sensible e inteligente”, Marx y Engels por el contrario, señalaron que entre ideas y masas no hay un abismo; decían “tan pronto cuando las ideas prenden en las masas éstas se transforman en fuerza material”. Las ideas eran la necesidad de conquistar el poder y transformar revolucionariamente el mundo erradicando la explotación, el abuso, la opresión. La “fuerza material” era la capacidad de las masas para llevar adelante y poner en práctica concientemente dicho programa. La clase obrera, decían, está llamada a liberarse a sí misma y a liberar al conjunto de los oprimidos.

Hacer que las masas tomen conciencia en el movimiento mismo implica que vayan conociendo a sus verdaderos enemigos de clase, luchen contra ellos en todos los terrenos, conquisten el poder y realicen las transformaciones que la encaminen a su liberación definitiva. Esto es un proceso prolongado, es sin duda un camino difícil, pero la lucha de clases nacional e internacional lo ha demostrado como el único viable.-

 
 
 

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