ND13 - Febrero 2008
 

Editorial

¡Que el proletariado y el pueblo de Chile se enteren!

En el norte grande, en los valles transversales, en el valle central, en la Araucanía, en la región de Los Lagos, en el litoral, la clase y el pueblo vienen luchando. A los agoreros del fin del proletariado en nuestro país, les decimos que escuchen -si quieren realmente escuchar- los gritos de combate que la clase viene lanzando ininterrumpidamente estos últimos meses.

En Puerto Montt, la clase ha venido desarrollando crecientemente su protesta y lucha contra el abuso de la gran burguesía salmonera. En Copiapó, el proletariado agrícola replica a sus compañeros y con verdadero afán se moviliza y denuncia el abuso y la explotación de terratenientes. El Valle de Colchagua tendrá que cambiar su nombre por “Valle de la lucha obrera”, porque los obreros de la industria porcina tienen desesperados a sus patrones, los que amenzan con aplicar el lockout (cierre de la empresa).

Enero de 2008 demuestra que la lucha de clases no sale de vacaciones. Lo mismo podemos decir por la creciente marea de la resistencia del pueblo mapuche. El problema de la tierra, no ha sido resuelto, ni para mapuche ni para campesinos pobres en general. Es seguro que la lucha campesina comenzará muy pronto a encenderse en el resto de las zonas rurales y agrícolas del país. El ejemplo del proletariado agrícola, vanguardia de las clases rurales oprimidas, se hará sentir a nivel nacional. El problema es cómo forjar una férrea unidad entre todos los sectores sociales populares, condición ésta, básica, para pasar lo antes posible a un nuevo período de la lucha de clases, con más altos preparativos para enfrentar a sus enemigos.

La reacción en marcha

El ostensible y desafiante avance de las masas ha generado en la gran burguesía, en su Estado burgués-terrateniente y en su gobierno de turno -todos viles lacayos del imperialismo yanqui- brotes de crisis que se vienen manifestando en una serie de ajustes políticos que van dejando al descubierto la verdadera naturaleza reaccionaria del régimen bacheletista-aliancista. El cambio de gabinete, evidencia en este sentido, que la creciente lucha del pueblo viene remeciendo la estructura del caduco Estado burgués-terrateniente. Termina la farsa del “gobierno ciudadano, paritario y participativo”.

Con el nuevo ministro del interior Edmundo Pérez Yoma comienza un “segundo tiempo” que estará caracterizado, tal como afirma esta sabandija, por “la hora de la política”, ¿qué quiere decir esto? Quiere decir: defensa del orden interno, aumentando la represión y extendiendo la militarización de la función policial contra el pueblo rebelde; y, compréndase bien, hablar abiertamente de “la hora de la política”, tal como lo hace este aprendiz de genocida, es hablar de la defensa del viejo poder burgués-terrateniente, al mismo tiempo que es la lucha para que su facción de clase conserve la dirección del Estado, manteniendo y profundizando, por cierto, bajo el directo dominio del imperialismo norteamericano, el carácter semicolonial de nuestro país. Pérez Yoma, inevitablemente navega en las turbulentas aguas de la lucha de clase, pero desde su punto de vista y posición de clase, se especifica como lucha reaccionaria (contrarrevolucionaria) contra el proletariado y el pueblo.

El capitalismo burocrático

El capitalismo burocrático cruje con los embates de las masas en los centros productivos y en las calles. La economía se reciente y a pesar del cacareo del ministro de hacienda sobre “lo bien preparado que se encuentra económicamente el país”, lo concreto es que la crisis internacional demuestra vivamente la dependencia financiera respecto del imperialismo yanqui, verdadero amo y patrón del pelele Velasco, quien tiene la misión de aplicar los planes que le dicta el imperialismo a través de sus organismos financieros internacionales (FMI, BM, BID, OMC), cumpliendo, igual como lo hicieron los ministros anteriores, con el mantenimiento de los equilibrios macroeconómicos, servir la deuda externa, resistir cualquier aumento en el gasto fiscal, etc., es decir más miseria y explotación para el pueblo. Reiteramos, lo único que esto provoca es profundizar la condición semi-colonial de nuestro país.

Comunistas, prosigamos con nuestras tareas

La gran burguesía -monopolistas estatales y privados (particulares)-, la alta jerarquía católica, los lacayos de todo pelaje, aterrados por el alza del movimiento de masas comienzan a clamar por un “nuevo trato”, es decir, un nuevo orden interno que en lo fundamental consiste en más represión; pero no es lo único, también mediante las elecciones (municipales, parlamentarias y presidenciales) y falsas promesas pretenden engañar al pueblo con un remedo de participación. Por su parte el revisionismo, sirviéndose del movimiento de masas, pretende ampliar su base electoral, negociar ésta con el gobierno y conquistar el fin del sistema binominal o al menos una opción para su inclusión política; a cambio de esto, alternadamente persistirán en contener, desviar o derechamente frenar y reprimir la lucha popular.

Frente a esto los comunistas tenemos como tareas inmediatas: denunciar ante las masas las nuevas tentativas del revisionismo para llevar la protesta popular hacia el cauce electoral. Especialmente en este año de elecciones municipales debemos ampliar la propaganda contra el engaño electoral llamando a no votar y, sobre todo, llamando a protestar. Debemos informar, logrando así que la clase y el pueblo se enteren, que de norte a sur, se están desarrollando de manera creciente huelgas, protestas, manifestaciones, marchas, cortes de ruta, toma de fábricas, etc.; y que por todas partes comienza a pisotearse la legalidad, única forma de alcanzar nuevas conquistas o defender las existentes.

Si queremos desarrollar esta creciente protesta, debemos, como tarea permanente, unirnos a las masas, explicarles el significado del imperialismo (especialmente yanqui), cómo concretamente nos oprime, y cómo los pueblos del mundo luchan contra él; es necesario denunciar el nefasto papel que cumple el revisionismo (falsos marxistas) en las luchas del pueblo; hay que enseñar cómo organizarse, cómo movilizarse y explicar la necesidad de construir un partido de nuevo tipo, además de la necesidad urgente de unir al pueblo en un sólo frente, y prepararse para la conquista del poder mediante la guerra popular. Esta es la única forma de avanzar hacia nuestra meta: el comunismo.

 
 
 

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