ND13 - Febrero 2008
 

A 90 años de su triunfo: ¡Aprender de la Revolución Rusa! (II Parte)

Lenin y la Revolución de Febrero
Los bolcheviques y la larga preparación teórica y práctica
para enfrentar los “estallidos espontáneos”

Comprender la revolución exige participar activamente en ella, esta cuestión Lenin la elevó a principio, y como tal, quienes deseamos hacer la revolución en nuestro país debemos seguir en esto a Lenin. El presente artículo busca mostrar el análisis que Vladimir Ilich hizo y como éste sirvió a cambiar profundamente las cosas en Rusia. Hoy día, en nuestra búsqueda de los caminos para avanzar hacia la nueva democracia, el socialismo y el comunismo tenemos en la teoría revolucionaria una guía para la acción. Necesitamos integrar el socialismo científico con la lucha de clases.

La situación política en Chile ha estado marcada por un notable ascenso en la lucha de las masas obreras y populares. El gobierno bacheletista, gobierno de los grandes burgueses y terratenientes, tiende a exasperarse, evidenciando muestras de agotamiento y comienza a emplear la violencia reaccionaria abierta mediante sus agentes. Para comprender más profundamente esto, los comunistas de Chile necesitamos aprender de Lenin.

Una teoría específica para hacer la revolución en nuestro país sólo puede ser el resultado de la paciente y tenaz aplicación de la ideología científica del proletariado, es decir, la aplicación del marxismo-leninismo-maoísmo a nuestra realidad concreta. Pero para lograr esto debemos conocer esos principios universales. Esto hizo en su momento el gran revolucionario ruso.

La revolución de febrero en Rusia, ocurrida en 1917, tuvo un carácter democrático-burgués de viejo tipo, es decir la burguesía logra entronizarse en el poder, pero a diferencia de las anteriores revoluciones demo-burguesas (como la francesa en 1789), en ésta la presencia del proletariado revolucionario y su vanguardia política han tenido un papel significativo.

La revolución demo-burguesa de febrero, sin embargo, ha generado -intencionadamente o no- una serie de mitos y errores en cuanto a su interpretación. Una de las cuestiones más discutidas es la participación y conducción de dicha revolución por parte de los bolcheviques. Incluso se les niega toda importancia. Otra, es el distorsionado papel del movimiento espontáneo de masas. Ambos aspectos se sostienen -al menos en parte-, en el hecho de que una vez completada la revolución de febrero, ésta no elevó inmediatamente a los leninistas a la dirección de los órganos de poder surgidos en el transcurso de ésta, sino que principalmente a la burguesía y a funcionarios zaristas descontentos con la autocracia, por un lado, y por otro a los mencheviques y eseristas; esto se explicaría por el alto grado de espontaneidad del movimiento callejero, a la par de la respuesta favorable, sino neutral, de las tropas frente a éste.

Una de las obras dedicadas a la historia de la revolución de octubre y la Rusia soviética más reputadas en los medios académicos (La Revolución Bolchevique (1917-1923) del historiador británico E. H. Carr) sostiene que:

“La Revolución de Febrero de 1917 que derribó a la dinastía Románov fue el espontáneo estallido de unas masas exasperadas por las privaciones de la guerra y por una evidente desigualdad en el reparto de las cargas bélicas.”
Más adelante agrega:

“Los partidos revolucionarios no tuvieron una participación directa en el desarrollo de la Revolución. No esperaban su estallido, y en un primer momento quedaron en cierto modo estupefactos. La creación del Soviet de Diputados de Obreros de Petersburgo –señala Carr-, una vez iniciada la Revolución, fue un acto espontáneo de un grupo de obreros sin dirección central.”

Este prejuicio que se nos quiere hacer pasar como “historia”, utiliza como fuente para reconstruir dicho período, la obra literaria de Trotsky Historia de la revolución rusa, escrita en 1930 tras su expulsión del Partido bolchevique y de Rusia misma. Es importante señalar un aspecto biográfico no menor de un menchevique encubierto, el “judas Trotsky” (tal como lo llamara Lenin), éste no perteneció al partido bolchevique sino hasta mediados de 1917; entre 1903 y la fecha anterior, se dedicó a combatir rabiosamente a dicha organización y a quienes la dirigían; si bien, Trotsky, reconoce que el proletariado revolucionario estaba educado por la propaganda bolchevique, rebaja el papel del partido, en tanto organizador práctico, en la revolución de febrero.

Que la dirección de los soviets (consejos de representantes obreros) no contaron con la hegemonía bolchevique es un hecho reconocido por los partidarios de Lenin, pero lo cierto es que sí tuvieron participación en la conformación de éstos. Incluso, varios meses después de febrero, los bolcheviques no pasaron de ser una minoría relativa dentro de estos órganos proletarios de poder. La Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS, escrita en 1939 bajo la dirección de Stalin señala al respecto:

“La revolución de 1905 había revelado que los Soviets son los órganos de la insurrección armada y, al mismo tiempo, el germen del nuevo Poder, del Poder revolucionario. La idea de los Soviets vivía en la conciencia de las masas obreras que la pusieron en práctica al día siguiente de ser derribado el zarismo...”

Luego se señala: “Mientras los bolcheviques se ponían al frente de la lucha directa de las masas en las calles, los partidos oportunistas, mencheviques y socialrevolucionarios, preocupábanse de obtener puestos de diputados en los Soviets, alcanzando en ellos una mayoría propia. A este resultado contribuyó, en parte, el hecho de que la mayoría de los dirigentes del Partido bolchevique se hallaban en la cárcel o en la deportación (Lenin se encontraba en la emigración, y Stalin y Sverdlov estaban deportados en Siberia), mientras los mencheviques y socialrevolucionarios se paseaban libremente por las calles de Petrogrado.”

Los bolcheviques no se arrogaron la creación de los soviets, ni exageran su participación en la revolución. Eso si, después de la fracasada revolución de 1905, se dedicaron a conservar viva esta experiencia (sobre el nuevo poder) en la conciencia del proletariado revolucionario mediante su estudio y propaganda entre los medios obreros.

El movimiento espontáneo y el papel de los revolucionarios

Efectivamente, distintos historiadores burgueses, tratan de bajar el perfil al partido bolchevique; prejuiciados, sentencian que éste era un partido pequeño, compuesto por profesionales de la revolución, y que las circunstancias los colocaron en el momento preciso; para estos paladines y “expertos” del bolchevismo, el triunfo de éstos en octubre del ’17 es prácticamente un accidente. En algo no se equivocan estos historiadores: el partido que forjara Lenin era un partido de cuadros. Lo que omiten es el hecho de que la teoría y la práctica sobre el partido bolchevique correspondían a un reflejo de las necesidades de las masas revolucionarias de contar con su centro dirigente, con un “estado mayor”. No existió un “partido de masas” en verdad, sino que un partido con carácter de masas; esto fue posible precisamente, porque este centro de la revolución había logrado construir, a través de sucesivos períodos, estrechos y crecientes vínculos con las masas mediante una densa red de organizaciones de todo tipo; cientos, miles de colaboradores, que envolvían una armazón fundamental, el aparato partidario, conformado por los revolucionarios profesionales bajo la dirección de un comité central y la jefatura de Vladimir Ilich Lenin.

Es cierto, mientras los leninistas en las jornadas de lucha que derribaron al zarismo aportaban todo su talento y coraje en la dirección práctica del movimiento, los oportunistas de siempre, los mencheviques, los eseristas, se paseaban sin mayores problemas, lo que les dio la ventaja a la hora de pelotearse los cargos en los soviets.

Los historiadores burgueses centran en el individuo; para ellos, la historia no la hacen las masas sino que las personalidades. A la sombra de esta concepción intentan demostrar que: dado que la jefatura bolchevique se encontraba físicamente ausente de los centros de la revolución, la organización clandestina e ilegal de los comunistas rusos se hallaba imposibilitada de actuar. Precisamente lo que nunca han entendido y probablemente jamás van a entender esos ideólogos reaccionarios o pequeñoburgueses, es que la organización bolchevique estaba preparada con bastante anticipación. Lenin siempre afirmó que el estallido de la revolución, así como el día y la hora exactos, no siempre se podrían determinar de antemano; esto, porque las masas exaltadas y exasperadas con la opresión pueden adelantarse espontáneamente a los planes del estado mayor revolucionario. Pero no por esto el partido de la subversión dejaría de lado la paciente preparación de la insurrección. Justamente, para que demagogos y oportunistas no se aprovecharan del movimiento de masas espontáneo, Lenin insistía en que el partido debía mantenerse en todo momento junto a las masas, tanto en la ofensiva como también, y especialmente, en el repliegue, cuando las fuerzas enemigas se aprestan a efectuar la razia contra el pueblo y sus elementos más avanzados.

Por eso a fines de 1901 y principios de 1902 Lenin insistía en su obra ¿Qué hacer? la importancia de esta ligazón: “Cuando más poderoso es el auge espontáneo de las masas, cuanto más amplio se hace el movimiento, tanto más incomparable es la rapidez con que aumenta la necesidad de una elevada conciencia, tanto en el trabajo teórico de la socialdemocracia, como en el político y en el de organización.”

Y Lenin, sin embargo, advierte sobre el atraso socialdemócrata: “Pero los revolucionarios han quedado rezagados en este movimiento ascensional, tanto en sus «teorías» como en su actividad, no han logrado crear una organización permanente que funcione sin solución de continuidad, capaz de dirigir todo el movimiento.”

Es por eso que este teórico y dirigente se dedicó enteramente a crear dicho partido, esa organización permanente, sin la cual el movimiento espontáneo podía desembocar en un curso que atentaba contra sus propios intereses fundamentales. Es por ello que -incluso antes del libro ¿Qué hacer?- en octubre-noviembre de 1900 Lenin escribía para la edición n° 1 de Iskra, que: “Si existe un partido bien organizado, una huelga puede convertirse en una demostración política, en una victoria política sobre el gobierno. Si existe un partido bien organizado, la insurrección en una localidad aislada puede transformarse en una revolución triunfante. Debemos recordar que la lucha reivindicativa contra el gobierno y la conquista de ciertas concesiones no son otra cosa que pequeñas escaramuzas con el adversario, ligeras refriegas en las avanzadillas, y que la batalla decisiva está por venir. Tenemos enfrente la fortaleza enemiga, bien artillada, desde la que se nos lanza una lluvia de metralla que se lleva a los mejores luchadores. Debemos tomar esa fortaleza, y la tomaremos si todas las fuerzas del proletariado que despierta las unimos a las fuerzas de los revolucionarios rusos en un solo partido, hacia el que tenderán todos los elementos activos y honestos de Rusia.”

Lenin veía en el elemento espontáneo “la forma embrionaria de lo conciente”. La existencia del partido revolucionario representaba un salto cualitativo en la expresión de manera conciente de los intereses objetivos de clase. Es por ello que el párrafo anteriormente citado representa un plan para abordar los imprevistos en la revolución. La energía explosiva de las masas oprimidas y enfurecidas hasta el paroxismo, tal como señalásemos, podía comenzar y terminar simplemente como una jacquería, una revuelta del hambre, es por ello que Lenin ve en el Partido marxista la máxima expresión de lo conciente. El partido revolucionario representaba en el terreno teórico los intereses de la clase más avanzada de Rusia: el proletariado; este último, a su vez, podía y debía llegar a constituirse, en la vanguardia de las masas oprimidas rusas. Al enfrentar al zarismo, representante político de las fuerzas políticas y sociales más retrogradas de Rusia, las fuerzas concientes del proletariado y su partido, sabían que corrían un alto riesgo, y estuvieron dispuesto a enfrentarlo.

El análisis de la situación concreta y la defensa de los principios revolucionarios
Es significativo como Lenin estudiaba cada acontecimiento en la vida política rusa e internacional para extraer lecciones prácticas que orientaran la acción revolucionaria. Su análisis del proceso de la revolución arranca de los hechos objetivos, no inventa nada. Análisis concreto de la situación concreta, es una de sus máximas más conocidas pero no siempre bien comprendida y aplicada. Al analizar la situación concreta, Lenin nunca dejó de lado la experiencia revolucionaria, las lecciones de la historia, las tradiciones de lucha, las leyes generales de la lucha de clases. Esta forma de ver las cosas es algo distintivo en su pensamiento, estableciendo una línea divisoria infranqueable con todos aquellos que bajo el pretexto del estudio de las “condiciones objetivas” niegan la necesidad de la lucha revolucionaria por la conquista del poder, niegan la violencia revolucionaria, niegan la necesidad de establecer la dictadura del proletariado, o aquellos que eternizan la acumulación de fuerzas so pretexto de que “todavía no es el momento”, tales como el oportunismo y el revisionismo.

Lenin no afirmaba nada, pero absolutamente nada, que los hechos no corroborasen. Logro desarrollar la teoría marxista sobre un permanente análisis de la sociedad, de la situación de las diferentes clases, de los momentos por los que atravesaba la revolución. De ahí surgía la estrategia y táctica de la revolución, las orientaciones, las tareas, los objetivos, planes y metas. Es por ello que la acción revolucionaria en febrero tiene en los bolcheviques protagonistas de primera línea. Sólo el arraigo con las masas obreras y pobres, además de un certero análisis de la correlación de fuerzas de clase, le permitió a la organización revolucionaria hacer crecer su influencia. Lejos de aislarse, los bolcheviques, dirigidos por su jefe, supieron conquistar los corazones anhelantes de millones de obreros, campesinos, soldados: pobres del campo y la ciudad. Los más zarrapastrosos -de acuerdo a descripciones de testigos de época- seguían a los bolcheviques.

Lenin sabía combinar el análisis de clase, como base para comprender toda tendencia política, con el seguimiento del devenir de la lucha de clases:

“La división en clases es, naturalmente, el fundamento primario del agrupamiento político y, por supuesto, en último análisis, determina siempre dicho agrupamiento. Pero este fundamento primario sólo se revela en el proceso del desarrollo histórico y a medida que crece la conciencia de quienes participan y crean este proceso. A este «último análisis» se llega sólo mediante la lucha política, a veces larga y tenaz, lucha que se mide por años y por décadas, y que tan pronto estalla turbulenta en forma de crisis políticas como aparece amortiguada y, por así decirlo, detenida temporariamente.” (Las tareas de la juventud revolucionaria, 1903, O.C., t. VII, p.51)

Pero, como se desprende del párrafo citado sólo es la prolongada lucha política y su participación en ella, la que permite comprender los momentos turbulentos así como las calmas transitorias. Esto es una aplicación consecuente de lo que afirmara Marx: Los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo, de lo que se trata es de transformarlo. La práctica política revolucionaria es también la base de los conocimientos y el único camino para saber hacer la revolución en su propio país. Así lo decía Lenin:

“Es nacional el movimiento que se hace eco de las necesidades objetivas de todo el país, y dirige sus golpes más fuertes contra las fuerzas centrales del enemigo que se opone al desarrollo del país en su conjunto. Es nacional el movimiento que cuenta con la simpatía de la inmensa mayoría de la población.” (Lenin, p. 64, O. C., t. XIX, enero, 1913)

El análisis de Lenin no era gratuito ni arbitrario, contemplaba lo que los propios revolucionarios rusos habían vivido. Sobre esta base -de experiencia adquirida en varias décadas-, afirmaba en su libro, escrito en 1920, La Enfermedad Infantil del “izquierdismo” en el Comunismo, lo siguiente:

“En el transcurso de casi medio siglo, aproximadamente de 1840 a 1890, el pensamiento avanzado en Rusia, bajo el yugo del despotismo inaudito del zarismo salvaje y reaccionario, buscaba ávidamente una teoría revolucionaria justa, siguiendo con un celo y una atención admirables cada ‘última palabra’ de Europa y América en este terreno. Rusia hizo suya la única teoría revolucionaria justa, el marxismo, en medio siglo de torturas y de sacrificios inauditos; de heroísmo revolucionario nunca visto, de energía increíble y de investigación abnegada, de estudio, de experimentación en la práctica, de desengaños, de comprobación, de comparación con la experiencia de Europa.”

Es precisamente esta teoría revolucionaria justa la que permitió a Lenin abordar, en términos prácticos, los cambios que presentaba la lucha de clases, logrando mediante un atento seguimiento de los hechos determinar con exactitud científica las tendencias presentes en el movimiento, y de esta manera determinar la perspectiva, además de la conducta y acción política a seguir.

Análisis de los cambios bruscos en la historia: La cuestión del viraje

Marx y Engels sostenían que “En desarrollos históricos de tal magnitud, veinte años equivalen a un día, aun cuando en el futuro puedan venir días en los que estén corporizados veinte años”, a propósito de esto y comentando esta cita de los clásicos, Lenin definía los requisitos que la estrategia revolucionaria debía tener presente en cada etapa del desarrollo del movimiento: “por un lado -señalaba Lenin-, aprovechando las épocas de estancamiento político o de desarrollo a paso de tortuga, el llamado «pacífico», para desarrollar la conciencia, la fuerza y la capacidad combativa de la clase de avanzada, y por otra parte, encauzando toda esta labor de aprovechamiento hacia el «objetivo final» del movimiento de dicha clase, capacitándola para resolver prácticamente las grandes tareas en los grandes días «que concentran en sí veinte años»”. (Escrito en 1914).

Esta preocupación de Lenin se manifestó al analizar “el movimiento ascensional” de fines del siglo XIX; también se presenta en todos sus trabajos sobre el movimiento huelguístico previo a la revolución de 1905-1907 y que conforma todo un periodo de auge revolucionario que se cierra con otro de contrarrevolución (1908-1910). Para llevar adelante este análisis Lenin estudia detenidamente las estadísticas referidas a las huelgas obreras, las separa en huelgas económicas y políticas; estudia la relación entre ambos tipos de huelga y su vinculación con los levantamientos armados espontáneos. Esto le permitía explicar, guiar y dirigir al partido bolchevique. Al leer la siguiente cita nos percataremos de la preocupación de Lenin al respecto:

“Porque los preparativos para un nueva revolución no pueden limitarse a la repetición de que ésta es inevitable: la preparación debe consistir en idear la propaganda, la agitación y la organización, de modo tal que tengan en cuenta lo peculiar de esta situación de transición.” (1910. O.C., t. XVI, p. 195)

Pero además, esta exigencia de precisar la situación tenía en Lenin la habilidad para determinar los cambios, los virajes en el proceso revolucionario:

“Los milagros no existen ni en la naturaleza ni en la historia, pero todo viraje brusco de la historia, y esto se aplica a toda revolución, ofrece un contenido tan rico, descubre combinaciones tan inesperadas y peculiares de formas de lucha y de alineación de las fuerzas en pugna, que para la mente lega muchas cosas pueden parecer milagrosas.” (Lenin, marzo 1917. O. C., tomo XXIV, págs. 335-6)
Precisamente, lega es la mente del historiador inglés E. H. Carr cuando ve en la revolución de febrero un “simple estallido espontáneo”, y así lo demuestra tanto la actividad del partido para todo el período que va de 1907 a 1917, como el propio análisis de Lenin. Es así como en 1910, al percatarse del ascenso democrático, del comienzo del viraje, sentenciaba el fin de una etapa y el inicio de otra:

“Es evidente que la edad de oro de la contrarrevolución, que duró tres años (1908-1910), llega a su fin y va siendo remplazada por un período de ascenso incipiente. Las huelgas del verano de este año y las demostraciones con motivo de la muerte de Tolstoi, así lo indican.”(O.C., t. XVI, p. 337)

En efecto, nuevamente las masas recuperan la necesidad de oponer resistencia colectiva, los bolcheviques participan en diversas organizaciones de masas, orientándolas y dirigiéndolas. Construyen, a su vez, el partido revolucionario en medio de la lucha contra las facciones oportunistas que aún subsisten en el. Así presenta Lenin la situación política general hacia fines de 1910:

“Y ahora -desde el verano de este año-, se inicia de nuevo el ascenso. El número de participantes en huelgas económicas aumenta, y aumenta con gran rapidez. La etapa de la total dominación de la reacción centurionegrista ha acabado. Comienza la fase de un nuevo ascenso. El proletariado, después de retroceder -aunque con grandes intervalos entre 1905 y 1909- recobra sus fuerzas y comienza a pasar a la ofensiva. La reanimación en ciertas ramas de la industria conduce en seguida a una reanimación de la lucha proletaria.

“El proletariado ha comenzado. Otras clases y sectores de la población, burgueses, democráticos, continúan. La muerte de Múromtsev, presidente de la I Duma, un liberal moderado, un extraño para la democracia, ha provocado el primer y tímido brote de demostraciones. La muerte de León Tolstoi da lugar -por primera vez después de un largo intervalo- a manifestaciones callejeras, en las que participan principalmente los estudiantes, pero en parte también los obreros. La paralización del trabajo en una serie de fábricas y empresas el día de los funerales de Tolstoi, señala la iniciación, si bien modesta, de las huelgas demostrativas.” (O.C., t. XVI, p. 356)

A partir de 1912 el ascenso del movimiento de masas comienza a dar un salto. Fue justamente la matanza de los obreros en las minas de oro del Lena, en Siberia en abril de 1912, un llamado de alerta a los obreros de toda Rusia que se sacudieron de indignación. Esta matanza fue una respuesta patronal frente a la protesta de los obreros contra las malas condiciones de trabajo, la paga miserable y la alimentación vejatoria. En el otoño ruso de 1911 se había logrado conformar un grupo bolchevique en las minas; en marzo de 1912 se eligió un Comité Central de huelga con predominio bolchevique, éste encabezó la huelga, la que, luego de varios rechazos contra el intento de desalojo de la policía, fue salvajemente reprimida el 17 de abril. Tras este deleznable suceso, la protesta creció en todas partes: demostraciones, mítines, huelgas y manifestaciones se multiplicaron en Rusia. La huelgas de protesta abarcaron cerca de 300.000 obreros. En el 1° de Mayo de ese año el número subió a 400.000. Lenin afirmó que la matanza del Lena “fue un motivo para que el ánimo revolucionario de las masas se convirtiera en ascenso revolucionario”.

No deja de ser importante extenderse sobre este punto citando el artículo de Lenin El ascenso revolucionario, escrito en junio 1912:

“El ascenso revolucionario de las masas impone grandes y responsables obligaciones a cada obrero socialdemócrata, a cada demócrata honesto. «Apoyo en todos los aspectos al naciente movimiento de masas {ahora ya se debe decir: al ya comenzado movimiento revolucionario de masas}, y su ampliación sobre la base de las consignas del partido, íntegramente aplicadas»: así determinó estas obligaciones la Conferencia del POSDR de toda Rusia. Las consignas del partido -república democrática, jornada de 8 horas, confiscación de toda la tierra de los terratenientes- deben llegar a ser las consignas de todos los demócratas, las consignas de la revolución del pueblo.” (O.C., p. 162, t. XVIII)

Cabe destacar de esta cita el inciso que Lenin introduce, pero antes de ello es importante aclarar que la Conferencia del POSDR (Partido Obrero Social Demócrata Ruso), realizada en enero de 1912, es de extrema importancia pues en ella son expulsados definitivamente los mencheviques y liquidadores, colocando al partido en mejores condiciones de enfrentar unido el ascenso del movimiento de masas. Volvamos al análisis; efectivamente, Lenin tiene el cuidado de introducir una “leve” corrección al citar las resoluciones del evento partidario, añadiendo a la frase “naciente movimiento de masas” la palabra revolucionario, quedando finalmente como “al ya comenzado movimiento revolucionario de masas”. Aún que suene un poco redundante, hay que agregar que entre enero y junio el movimiento a dado un salto. Y este salto contó con la participación activa del partido bolchevique. Es más, el Ejército comienza, entre fines de junio y principios de julio, a mostrar signos de descomposición. Una serie de amotinamientos de marinos -amagados por oficiales y tropas zaristas leales- en la Flota del Mar Negro y en la del Báltico; y un intento de sublevación de las tropas de zapadores en una aldea cerca de Tashkent, finalmente sofocado, van evidenciando muy incipientemente el estado de ánimo de los marinos y soldados. Frente a esto Lenin se preguntaba por el significado de estos hechos respondiéndose que confirmaban las resoluciones de la citada conferencia sobre el ascenso revolucionario, pero no conformándose con ello indicaba que sin embargo una insurrección podría ser prematura y no provocar el efecto deseado y que “sólo la ofensiva combinada de las masas obreras, de los campesinos y del mejor sector del ejército puede crear las condiciones para una insurrección armada victoriosa, es decir, oportuna.” Luego agregaba la importancia que tenía para los obreros avanzados en “poner todo su empeño en fortalecer, restaurar y ampliar el partido ilegal de la clase obrera, el POSDR.” Sólo de esta forma era posible, explicaba Lenin, hacer un uso efectivo de las formas legales de propaganda y lucha, “evitar el derroche de fuerzas” y preparar así, al “ejército del proletariado para la gran revolución victoriosa”.

Así era como Lenin preparaba la ofensiva revolucionaria en las condiciones histórico-concretas de su país.

A modo de conclusión

Entre 1912 y 1917 encontraremos innumerables ejemplos históricos de la activa participación de los revolucionarios bolcheviques; quienes, cohesionados en torno a un partido de nuevo tipo surgido de la conferencia citada, y dirigidos por un experimentado comité central, se transformarán en una vanguardia reconocida por las masas, una vanguardia que llegó a aglutinar a más de 40.000 militantes hacia enero-febrero de 1917. Estos revolucionarios fueron educados por un partido con cuadros dirigentes fogueados en décadas de persecución y sometidos a las pruebas más duras que se puedan imaginar. Esto garantizó el triunfo en febrero de 1917 y preparó las condiciones para la gran victoria en octubre de ese año.

En resumen, de la lectura del presente artículo se desprende que no se ha intentado exponer la historia de la revolución de febrero, ni tampoco el pensamiento político de Lenin en su totalidad, si no más bien:

- la incomprensión de los historiadores burgueses del factor subjetivo en la revolución;
- exponer en general, algunos antecedentes sobre los preparativos -tanto teóricos como prácticos- para la revolución, y en particular, reforzar la especial importancia de la vanguardia revolucionaria, el partido ilegal, en dichos preparativos;
- la relación entre el elemento conciente y el elemento espontáneo;
- el desarrollo histórico de la lucha de clases, caracterizada por periodos de alza en la lucha de las masas y otros de bajas, de avances y repliegues, de virajes y desarrollo desigual.

 

 
 
 

Destacamos en ND...

Muere luchando Matías Catrileo, joven mapuche
Declaración de la URC (MLM)



descargar PDF (800kB)

El revisionismo: peligro principal para la victoria de la revolución democrática chilena



descargar PDF (800kB)

 
  urc.cl ...