ND13 - Febrero 2008
 

DAVID BENQUIS,
“Camarada Velásquez”
Breve esbozo y valoración de su vida revolucionaria

Algunos compañeros, nos han manifestado su inquietud por conocer cual ha sido la importancia que ha tenido la figura del camarada David Benquis en la historia del movimiento obrero chileno y la que tiene para el comunismo nacional e internacional. En las siguientes líneas intentaremos responder a esta interrogante.

Su principal contribución a la lucha emancipadora de la clase obrera y el pueblo chileno fue el haber sido uno de los fundadores y el principal dirigente de un Partido auténticamente marxista-leninista, basado plenamente en el pensamiento de Mao Tse-tung, el Partido Comunista Revolucionario de Chile (PCR). El intento mas serio realizado (desde 1966 hasta 1980) por desarrollar un partido político que representara plenamente los intereses objetivos del proletariado chileno en el plano ideológico, político y orgánico.

Al señalar que el PCR fue el intento comunista más avanzado en Chile, no estamos negando los esfuerzos ni las experiencias de otros comunistas que desde muy antiguo percibían la ausencia de un partido revolucionario que aplicara una línea política consecuente. Por el contrario, como comunistas, es nuestro deber indagar acerca de las debilidades y limitaciones que impidieron el éxito de estos intentos, incluyendo la experiencia del PCR.

David Benquis no se cansó nunca de propagandizar que la única forma de resolver la contradicción entre pueblo chileno oprimido e imperialismo y sus aliados opresores era la Guerra Popular. Aunque el PCR que encabezó, no consiguió llegar a dar inicio a la lucha armada, esta experiencia fracasada, nos deja como legado: un Programa comunista revolucionario (que podría ser considerado como el primer programa auténticamente comunista en Chile), una estrategia consistente en la revolución democrático popular, algunos elementos para la línea militar para Chile, además de una cuantiosa documentación en cuyos textos ya se puede percibir el enfoque maoísta. En ellos, se encuentran sintetizadas la experiencias, de cientos de valientes y esforzados militantes anónimos que, en el trabajo interno del Partido, en el trabajo de masas entre los obreros, los campesinos y mapuche, en la lucha contra el revisionismo, en el trabajo internacional, etc. entregaron parte importante de su vida.

En la historia del movimiento obrero y comunista mundial, podemos encontrarnos con innumerables fracasos. Entre todos ellos, solo algunos de estos fracasos tienen una particular y muy especial connotación histórica, es decir, no son un fracaso ordinario, sino que por el contrario, estos adquieren, por sus circunstancias, por sus implicancias, por todo lo que en ellos está en juego, un carácter extraordinario. Son el anuncio de lo nuevo, de algo que no alcanzó a desplegarse o a culminarse plenamente, pero que marca con huella indeleble, la dirección en que debe marchar y marcha la revolución proletaria. Son, a la vez, las campanas que tocan a muerto por las clases reaccionarias. Algunos ejemplos de esto, son las Comuna de Paris en 1871, la revolución rusa de 1905, la Revolución Alemana de 1918-19, la Insurrección de Cantón en China en 1927. Todos ellos, son fracasos que sirvieron y que seguramente servirán como base a éxitos revolucionarios futuros.

A nuestro juicio, la experiencia del PCR tiene una importancia semejante en Chile. Ella, dejó señalado el camino para la fundación de un nuevo Partido Comunista de Chile, esta vez, claramente Marxista-Leninista-Maoísta. En esta ocasión, la situación nacional e internacional es, para los maoístas chilenos, muy distinta a la que existía hace cincuenta años atrás. En aquella época, los comunistas revolucionarios no se habían deshecho por completo de las taras revisionistas ni de las ideas metafísicas que contaminaban a quienes pretendían enarbolar el marxismo-leninismo como pensamiento guía.

Tampoco existía la experiencia de cómo resolver el problema del inicio de la lucha armada y su posterior desarrollo sin caer en la tentación del foco guerrillero, aislado de las masas. Hoy, la situación es otra. El maoísmo se encuentra en una ofensiva revolucionaria mundial, a pesar de algunos reveses y del surgimiento en su interior de corrientes revisionistas y capituladoras. Las experiencias de las guerras populares en el Perú, Nepal, Turquía, Filipinas y la India, así lo atestiguan. Ellas son un claro llamado, una voz de aliento al proletariado, a los pueblos del mundo para que se rebelen, se alcen en armas, para que derroquen al imperialismo y sus aliados, para que tomen el poder para sí.

David Benquis, “el camarada Velásquez” en el período de democracia burguesa, “el camarada Ernesto” durante la dictadura militar fascista o “el pelao” como se referían coloquialmente a él sus camaradas, no llegó a presenciar la liquidación del PCR. El cáncer, cruel y dolorosa enfermedad, le arrebató la vida, años antes de la desaparición de su querido Partido. A él dedicó sus mayores esfuerzos, buscando desarrollarlo como un instrumento eficiente para la revolución, defendiéndolo de la acción corrosiva de las ideas economicistas que lo subordinaban a la actividad puramente sindical y también del sectarismo que lo aislaba de las masas. Junto a sus camaradas, en la dirección del Partido, debió confrontar la actividad fraccional de algunos dirigentes del Comité Central o de algunos regionales, que surgía de tiempo en tiempo, oponiéndose a la línea política general trazada en el Congreso Constituyente. David Benquis, era un camarada de carácter firme. Enérgico para llevar a la práctica los acuerdos tomados, inflexible cuando se trataba de defender principios, duro con los enemigos declarados, entusiasta y enfático cuando exponía sus ideas. Por su personalidad misma, es impensable imaginar, que llegado el momento, hubiera aceptado la idea de disolver o liquidar el Partido al que consideraba ligada su propia vida. La incomprensión del marxismo-leninismo y de su etapa maoísta, como la ciencia de la revolución proletaria, el abandono del punto de vista de los intereses objetivos del proletariado, la desmoralización provocada por sucesivas derrotas producidas en el movimiento comunista internacional que se encontraba en formación, etc., podrían ser todas ellas explicaciones del desastre. Un hecho que es innegable: todas ellas, reflejan un profundo debilitamiento ideológico y político. Corresponde a los maoístas chilenos de nuestros días, dilucidar este hecho histórico y extraer de él las lecciones correspondientes.

La contribución ideológica y política de David Benquis a la causa de la revolución comunista en Chile parece minúscula, tan insignificante como un piñón de araucaria. Esta semilla comunista revolucionaria, que fue sembrada en Chile por sus manos, germinará en tierra fértil, regada con la sangre y el sudor de la clase obrera y el pueblo revolucionario. Esta semilla roja, sin duda, crecerá y se fortalecerá en la lucha revolucionaria como un poderoso pino desafiando las tormentas.

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El 13 de mayo de 1975, cuando se encontraba enfermo de muerte, el camarada Velasquez escribió a sus camaradas del PCR acerca de cómo, en el camino de la revolución, se debe confiar confiar en el espíritu revolucionario de los jóvenes y desconfiar de los oportunistas:

«Encuentro que es muy acertada la preocupación por la formación acelerada de cuadros. Este es un aspecto muy importante del trabajo, al que hay que prestarle gran atención, justamente ayer conversábamos con ... [se omite nombre] algo acerca de nuestra experiencia pasada sobre el particular.
Ella indica que el centro de nuestros esfuerzos debe radicar en los jóvenes que, aparentemente no tengan experiencia política. Los viejos rábanos (Fernández, Caupolicán, y compañía), los viejos “m-l” (más viejos que m-l) X, Viejo Cabrón, etc., los jóvenes tarasquientos botados a ideólogos (Riquelme, los del Bund, el Cura, etc.): la práctica indica para qué sirven y a dónde se llega con ellos. Yo creo que nuestro futuro está en los jóvenes que nosotros logremos formar y no en aquellos viejos o jóvenes que lleguen aquí llenos de taras y ambiciones personales. Podrá haber excepciones, pero la experiencia indica que éste, aunque más largo, es el camino fundamental.
Entendido esto, debemos nosotros deshacernos de muchos prejuicios e ideas erróneas que hemos sostenido en cuanto a lo que debe exigírsele a alguien para que asuma responsabilidades. Sobre esto ya tenemos experiencia. Es necesario pensar en aquellos a quienes tuvimos que acudir ( y que en otra circunstancia no lo habríamos hecho) cuando, obligados por los hechos no nos quedó otra cosa que recurrir a ellos. La experiencia demostró que, pese a su falta de práctica, supieron cumplir de manera adecuada las obligaciones y responsabilidades que se les entregaron. Tú conoces mejor que yo esto y los casos particulares en que esta experiencia se concretó. Pienso que este es un camino en que hay que persistir con vigilancia pero con gran audacia. Esta es nuestra cantera inagotable ahora y en el futuro.
No más rábanos impenitentes, no mas “m-l” fraudulentos, no más “jóvenes audaces”, tan “audaces” como falsos y chamullentos.»

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