ND13 - Febrero 2008
 

Alzas en las cuentas de electricidad
El Estado burgués-terrateniente defendiendo las ganancias de
los grandes grupos económicos chilenos e imperialistas.

Revisando el material que aparece en la prensa burguesa es usual encontrar información que intenta enmascarar la explotación de la gran burguesía al pueblo chileno. Todas las noticias que guardan relación con las alzas en las cuentas de electricidad son un buen ejemplo de ello. Durante meses han presentado informaciones más que cuestionables para intentar explicar la seguidilla de alzas que desde hace años golpea a las familias populares: sólo durante el año 2007 las cuentas de la electricidad para consumo domiciliario se incrementaron en un 40%. Si a ello agregamos las alzas de los años anteriores tenemos que desde el año 2001 se han acumulado un 107% de alzas. Esto quiere decir que si el consumo de una familia hace siete años era de $12.000, por la misma cantidad de energía está pagando en la actualidad $24.840, es decir, ¡más del doble! Esto mientras en este mismo período los salarios han crecido en promedio menos de un 4% anual.

¿Quién define cuánto hay que pagar por la electricidad?

El 2005 se aprobó la ley corta 2, ley que regula la fijación de precios, las ganancias y las reglas del mercado eléctrico chileno en general, y cuyo objetivo principal es incentivar la inversión privada en el mercado energético. Esto en la práctica, implicaba asegurarle a las empresas contratos a largo plazo con las distribuidoras, con un precio 30% superior al precio vigente, es decir, un alza en los precios de la electricidad que beneficiara las ganancias de las empresas eléctricas a costa del bolsillo de la mayoría de los chilenos.

De acuerdo a esta normativa, de los dineros que se cobran en la cuenta de la luz el 40% corresponde a ‘cargo de las distribuidoras’ y el 60% a lo que se denomina ‘precio del nudo’.

Se entiende por ‘cargo de las distribuidoras’ toda aquella inversión realizada por las empresas distribuidoras para llegar con la energía al hogar. Así, el 80% de ésta corresponde a inversión (líneas, subestaciones, equipos) y un 20% a administración, mantenimiento y operaciones. Sin embargo los montos de estas inversiones sólo lo manejan las empresas distribuidoras, quienes proveen estos datos, haciendo que la regulación de los precios beneficie siempre a dichas empresas.

Por otra parte, si analizamos los factores que influyen en el ‘precio del nudo’ (parámetro que sirve como base para calcular el precio de la energía eléctrica que pagamos todos los chilenos) tenemos que son predominantes el crecimiento de la demanda, el precio de los combustibles fósiles (petróleo por ejemplo) y el precio medio de los ‘clientes libres’.

Ahora, analizando por partes esta última afirmación, tenemos que por definición los ‘clientes libres’ del mercado eléctrico son todos aquellos clientes que consumen grandes cantidades de energía eléctrica y que por lo tanto pueden negociar por su cuenta mejores precios. En la práctica los que están en condiciones de negociar mejores precios son las grandes empresas mineras, grandes industrias y centros comerciales -todas en manos de la gran burguesía- y que obtendrán precios más bajos en la medida del tamaño y producción de la misma. Si bien, según la ley todos aquellos clientes que consuman más de 500 kilowatts tienen la posibilidad de negociar el precio de la electricidad que consumen, no tienen el poder negociador para optar a los mejores precios del mercado y pagan un precio muy similar a los ‘clientes regulados’, conformado principalmente por clientes residenciales, pequeños talleres, etc. y que por definición no negocian individualmente el precio que pagan por electricidad.

Hemos dicho que el precio de la electricidad que pagamos como usuarios (calculado en base al precio del nudo) depende del ‘crecimiento de la demanda’ de dicha energía. Sin embargo, los datos entregados por las series estadísticas del INE, nos muestra que el sector minero, comercial e industrial concentran el 72% de la demanda energética. Por lo tanto los clientes pequeños residenciales (como las casas, los pequeños y medianos talleres, las pymes, los almacenes de barrio, etc.) poco incidimos en el aumento de la demanda y por lo tanto en la fijación de los precios de la electricidad.

El último factor importante que interviene en el precio de la electricidad es el precio de los combustibles fósiles. Así, cuando el barril de petróleo estaba a 15 dólares, el precio que pagábamos por la electricidad era de 20 dólares por Megawatt y con los valores actuales (de 100 dólares el barril) pagamos 80 dólares por Megawatt (Un Megawatt es lo que consumen aproximadamente 300 casas con todos sus equipos eléctricos encendidos al mismo tiempo). Esto nos muestra, por una parte, la vulnerabilidad de los precios de la electricidad frente a fluctuaciones y crisis internacionales, cuando las compañías eléctricas traspasan los costos a las pymes y los hogares chilenos; y por otra, explica las groseras utilidades de empresas como Endesa España cuya principal materia prima para la elaboración de electricidad es el agua de sus represas (que está ajena a las fluctuaciones del precio del petróleo).

Para mejorar aún más el negocio para las compañías eléctricas, uno de los criterios para definir el precio del nudo es tomar como base la generadora que produce electricidad a un precio más alto. Contraviniendo las sacrosantas ‘leyes’ de la libre competencia, los monopolios eléctricos no dejan a la oferta y la demanda definir el precio de su producción hasta hacer que las empresas más ‘eficientes’ y ‘baratas’ triunfen en el mercado, sino que utilizan sus acuerdos monopólicos para beneficiarse mutuamente con los precios más altos, definidos por los productores más caros e ineficientes. Si es más caro producir electricidad a partir del carbón, diesel o gas (extremadamente costosos en el mercado), el precio de producirlo en esas condiciones será el precio de referencia, dejando en excelente pie a las generadoras de hidroelectricidad que producen a costos exageradamente más bajos, aumentando así de manera exorbitante sus utilidades.

La política subsidiaria del gobierno pro-imperialista

Cada 10 años se realiza una encuesta de presupuesto familiar donde se hace una suerte de ‘gasto promedio’ de una familia en diversos servicios: alimentación, transporte, vestuario, etc. en relación a sus ingresos. En esta serie estadística del INE aparece que el 80% de la población del país gasta 88% más en electricidad que el 20% más rico del país. Esto en términos relativos, ya que destinan una mayor parte de su ingreso a pagar este servicio. Por lo tanto, cualquier alza en electricidad estaría afectando a la gran mayoría del país.

Si bien es cierto existe un subsidio para el pago de las cuentas de electricidad dirigido a las familias más pobres, éste se entrega a un pequeño número de familias. Según datos del gobierno corresponde a un 40% de las familias más pobres del país. Pero si interpretamos que las familias más pobres se encuentran dentro del primer quintil (término extraído de la sociología burguesa, que divide a la población en 5 grupos ‘iguales’ y que tiene por objetivo esconder las diferencias reales y la lucha de clases) tenemos que un 40% de este quintil representa tan sólo al 8% de los chilenos.

Por otra parte, el Estado chileno al no poseer una política subsidiaria específica -con recaudaciones de fondos específicos para cada subsidio- esta ayuda a las familias más pobres proviene directamente de los fondos generales de la nación. Aquí surge un nuevo problema a analizar, ya que cerca del 67% de las recaudaciones del Estado provienen del pago de impuestos y de ello un 50% corresponde al pago de IVA, impuesto regresivo que afecta en mayor medida a las familias más pobres del pueblo.

En resumen, este supuesto subsidio en vez de aplicarse al 80% de la población que se ve afectada con cada alza de electricidad, se asigna tan sólo a un 8% y más aún, es financiada por los mismos pobres para ir en ayuda de ellos mismos. No se toca ni un solo pelo de las ganancias de las grandes empresas, transnacionales, ni menos de las empresas eléctricas.

¿Quienes ganan en el mercado eléctrico?

Según datos publicados en el Informe de la Extrema Riqueza del año 2006, Endesa Chile (de capitales imperialistas españoles), Colbún (Perteneciente a la burguesía Monopólica Matte) y AES Gener (perteneciente al imperialismo estadounidense) concentran el 80% del mercado eléctrico nacional. De ellos el caso más interesante se da con Endesa España.

Cuando, en la década del ‘80 el Estado chileno comenzó a privatizar los servicios que estaban bajo su administración, Endesa era una empresa estatal que concentraba la mayor parte de los derechos de agua (derechos que permiten a su poseedor, utilizarla para los fines designados, por ejemplo la generación de electricidad). Así luego de ser privatizada dicha empresa estatal, Endesa conservó los mejores derechos de agua (en relación a la capacidad de generación que poseían) y Colbún poseyó la mayor cantidad de derechos de agua, aunque en calidad notoriamente inferior.

Como mencionábamos, un mayor precio en la electricidad, derivado de un alto precio de los combustibles fósiles (como el diesel y el carbón) ha permitido a Endesa España situarse dentro de las 10 empresas más rentables del 2006, debido principalmente a que cerca del 60% de sus ventas se efectúan a clientes regulados (quienes no pueden negociar una rebaja), a sus bajos costos de producción en relación al precio de su producto y al monopolio que ejerce sobre los derechos de agua. De hecho, actualmente tiene derechos constituidos sobre el río Baquer y sobre el río Pascua. Es claro que las inmensas utilidades de esta empresa han provenido principalmente de los bolsillos de los usuarios que pagamos un alto precio de electricidad, a su papel dominante en el mercado (con un 48% de participación) y al acaparamiento de los mejores derechos de agua.

Por su parte AES Gener (dueña de Chilectra y Chilquinta) también se ha visto favorecida con el aumento en el precio de la electricidad, ya que un 55% de sus ventas de energía está ligada a contratos con precios regulados.

Hacia un verdadero plan de eficiencia energética.

Hemos visto que el sector minero, comercial e industrial concentran el 72% de la demanda energética del país, mientras que el consumo residencial y doméstico representa un porcentaje sumamente bajo de consumo.

Sin embargo, el plan de eficiencia energética propuesto por el gobierno plantea incentivar el ahorro energético de tan sólo el 28% de la demanda, a través de ampolletas de bajo consumo, ahorro de electricidad a través de la inutilización de artefactos, revisión de la instalación eléctrica, etc. Los resultados no serán sino un excelente negocio para los fabricantes, importadores y distribuidores de las ampolletas de bajo consumo, pero una ínfima disminución en la demanda energética nacional.

Un verdadero plan de eficiencia energética debería apuntar hacia aquellos sectores que presentan un mayor consumo de electricidad y debiera contemplar como eje un recambio tecnológico por parte de estas empresas, de otra manera los efectos de estas campañas serán sólo marginales.

Sabemos sin embargo, que dentro de la lógica burguesa de producción, el cuidado al medio ambiente y el desarrollo de una eficiencia energética no están dentro de los planes del capitalismo voraz si no es, en el mejor de los casos, dentro de las campañas electorales de quienes aspiran a seguir mejorando los negocios de la gran burguesía y el imperialismo, beneficiándose a la vez de la administración del Estado.

Perspectivas del sector

Dentro del régimen capitalista -más aún en la época del imperialismo- las ganancias y utilidades de las empresas provienen de la explotación del pueblo, la especulación y el acaparamiento de productos y materias primas para controlar los precios. Por su parte, las alzas generalizadas de los precios son una forma indirecta de reducir los salarios del proletariado, beneficiando directamente a los bolsillos monopolistas.

Por el contrario, la experiencia de la URRS, la República Popular China y otros países que avanzaron en el establecimiento del orden socialista como sector dirigente dentro de sus economías, nos muestra innumerables experiencias de cómo a través de una ardua lucha contra el sector capitalista lograron estabilizar los precios, aumentar el empleo, aumentar las remuneraciones, y en definitiva, aumentar el nivel de vida de las masas.

Conscientes que la construcción del socialismo no es sólo pujar por el desarrollo de las fuerzas productivas, el sector energético, en particular la electricidad, es sin embargo un elemento clave para el desarrollo económico de cualquier país que desee industrializarse y más aún avanzar hacia el socialismo y el comunismo. Lenin llegó a plantear que, para la Unión Soviética, el socialismo significaba “el poder de los soviets más la electrificación”, esto es, el poder político para asegurar la dirección proletaria más la base energética que posibilite el desarrollo económico.

En ese sentido, mientras no exista una planificación energética que contemple las necesidades del conjunto del pueblo chileno y la necesidad de la industrialización de nuestro país dependiente y atrasado, seguiremos sufriendo alzas sistemáticas y anarquía en el desarrollo energético.

Con la perspectiva de un proceso de construcción socialista, en donde las tareas de levantar nuestra alicaída economía y aumentar el nivel de vida del pueblo se transforman en tareas centrales, el sector energético cumple una labor fundamental pues sin un desarrollo de él las tareas socialistas quedarían a medio camino y no se podría, por ejemplo, generar más electricidad para una creciente demanda de las nuevas industrias.

Debiéramos apuntar en esta planificación energética a buscar fuentes que nos permitan cierta independencia como país para producir nuestra propia electricidad y no depender de las voluntades de gobiernos títeres del imperialismo y que necesariamente se opondrán a nuestro proyecto de construcción de una nueva sociedad, cortándonos, por ejemplo, el suministro de gas, la importación de petróleo y carbón, etc.

Así, considerando que Chile no se comporta hidrológicamente igual a lo largo de su territorio, tenemos que cuando en Santiago no hay agua, más al sur si la hay. Esto se puede observar haciendo estudios estadísticos y concluir que si bien es cierto los regímenes hidrológicos no son complementarios entre la zona sur y la central, hay un desfase en el tiempo que es muy favorable. Es decir, en el extremo sur hay mucha agua cuando en la zona central no la hay. Por lo tanto podría ser una alternativa el desarrollo energético en base a un recurso que poseemos y que no necesariamente tiene altos impactos ambientales pues se pueden construir centrales que no sean necesariamente tipo embalse.

Por otra parte, el desarrollo energético en base a carbón también es una alternativa, pues pese a que nuestro carbón es de mala calidad, poseemos este recurso en abundancia, por ejemplo, en Isla Riesco (Punta Arenas). Sin embargo este tipo de proyectos requiere más inversión producto de la mala calidad de la materia prima, necesitándose además una reconversión tecnológica producto de la alta contaminación. Así y todo es más barato que producir con los altos precios de del gas argentino y del petróleo en la actualidad.

Con respecto a las energías renovables no convencionales, pese a tener los recursos energéticos, surgen en la actualidad dos problemas: primero que es muy cara tecnológicamente; y segundo, su firmeza es muy inferior, esto quiere decir que una planta eólica por ejemplo, tiene un factor de planta del 30% (de cada 3 Megawatts instalados en promedio se genera 1Megawatt) y cuesta 2 mil dólares por Kilowatts instalado, es decir, lo mismo que una planta hidroeléctrica, cuyo el factor de planta es superior al 50%. Por otra parte, hay épocas en que no hay viento (y que coincide con la época de escasez de agua).

Para la energía solar, construir una planta de estas características cuesta 4 mil dólares por Kilowatt instalado, es decir el doble que una hidroeléctrica.

Las centrales geotérmicas, aún no se desarrollan producto principalmente del alto costo de los estudios. Así al cuantificar el potencial hay que hacer un pozo de 3 mil metros de profundidad sólo para saber si hay energía suficiente, y cuyo costo asciende a millones de dólares. Por otra parte hay problema con el manejo ambiental, ya que salen residuos peligrosos desde el fondo de la tierra.

En términos de energía mareomotriz, se está recién desarrollando en Irlanda de manera industrial. Bélgica y Holanda al poseer diques también explotan este tipo de energía.

Debemos considerar, sin embargo, que todos los costos mencionados tienen referencia en el actual sistema monopólico imperialista, que eleva los costos en beneficio de la gran burguesía monopolista (particularmente los monopolios del petróleo). Los estudios y el desarrollo tecnológico del socialismo indudablemente cambiará esta situación.

Así y todo, teniendo como perspectiva la construcción socialista, es sumamente necesario considerar en nuestro plan de desarrollo energético aquellas alternativas que nos permitan cierta independencia, una relativa economía y un tiempo muy pequeño de construcción de las plantas generadoras.

La revolución de Nueva Democracia en nuestro país se desarrollará hasta la conquista del poder para el proletariado y las clases revolucionarias. La consiguiente confiscación del gran monopolio -incluido el sector energético- entrañará ya medidas de carácter socialista. Pero la lucha de clases y los movimientos de masas deben proseguir para no dejar la revolución a medio camino, sino dar pasos inmediatos hacia la construcción del socialismo. En este camino cumplirán un papel importantísimo los profesionales, científicos y técnicos especializados al servicio del pueblo en la creación de la tecnología, la investigación y el desarrollo del sector energético nacional que tenga como principio el satisfacer las demandas energéticas de la nueva sociedad.

 
 
 

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