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Víctimas de la avaricia burguesa y el comercio mundial imperialista
¡Fuerza obreros textiles de Oveja Tomé!

El lunes 19 de noviembre, a las 11 de la mañana, los dueños de Bellavista Oveja Tomé, histórica fábrica de telas de la octava región, solicitaron la quiebra en la Corte de Apelaciones de Santiago.
El cierre de la fábrica era una amenaza levantada por los patrones desde hacía más de un año. Lo obreros ya habían hecho demasiadas concesiones para evitarlo, por eso tras conocer el anuncio de quiebra, sin abandonar sus puestos de trabajo, sólo quedaba organizar la protesta.
Durante varios días se unieron las luchas de obreros, pobladores, estudiantes segundarios y universitarios en una fuente por defender la fuente de trabajo. Tras meses de concesiones por parte de los obreros, quienes llegaron incluso a aceptar una reducción en sus salarios para evitar los despidos masivos, los jóvenes tomaron la iniciativa para sobrepasar la legalidad y confrontar a la burguesía y al Estado por medio de la violencia: “Lo que están haciendo nuestros hijos es darnos una lección. Nosotros estuvimos mucho tiempo hablando de forma pacífica, pero no logramos nada. Acá va a tener que morir alguien para salvar Bellavista, como ha pasado ya antes con otros trabajadores. Los estudiantes nos demostraron que la única forma en que el Gobierno ponga atención es con violencia”, comentaba a fines de noviembre un obrero de la textil (diario Crónica de Concepción).
Los obreros pagan las consecuencias del capitalismo burocrático
Los 750 empleados estables de tomé conformaban el 6% de la fuerza laboral de la ciudad, sin considerar los aproximadamente 800 empleos indirectos asociados a la textil. El comercio local también sentirá la ausencia de los 300 millones de pesos que mensualmente dejaban en caja los obreros de la textil, y es muy probable que el cierre de la fábrica traiga aparejada también una masiva “reducción de personal” en áreas del comercio detallista: “Tomé no lo resistiría”, resumía ante la prensa el alcalde de la ciudad cuando el cierre de la fábrica aún no se concretaba.
Toda esta situación responde a las consecuencias del capitalismo burocrático que existe en nuestro país.
La burguesía chilena, históricamente orientada a la venta de materias primas y el comercio de artículos importados, sólo desarrolla una industria local en la medida que el mercado internacional dominado por el imperialismo así lo requiera y en las áreas que éste lo permite. Asimismo, se produce únicamente con miras a la competencia y la maximización de las utilidades, sin atender a las necesidades de la población chilena. Mientras el negocio sea bueno, la burguesía “da trabajo” y “prosperidad”, pero en cuanto pueden encontrar otra actividad más rentable, cambian de giro dejando tras de si cesantía y pobreza.
Bajo este modelo la ciudad de Tomé debe hoy sufrir este golpe por segunda vez. Ya hacia 1860 la actividad molinera que la vio nacer como puerto se derrumbaba con la caída de las ventas internacionales, dejando a la zona en la más absoluta miseria.
Más de 140 años de historia
La ciudad de Tomé durante casi un siglo y medio estuvo ligada a las textiles como Lota y Coronel lo estuvieron al carbón.
En 1865 Paños Bellavista inició sus actividades gracias a las utilidades obtenidas por las exportaciones de trigo. El negocio de la textil tuvo gran éxito gracias a la abundante mano de obra que empleaba con muy bajos salarios (cesantes de la antigua industria molinera) y al requerimiento de uniformes para los soldados de la guerra del pacífico. Hacia 1913 se inauguraron Paños Oveja Tomé y Fábrica Ítalo-Americana de paños Tomé. Familias completas de tomecitos entregaron su trabajo durante décadas a estas tres empresas.
El Gobierno de la Unidad Popular intervino Paños Oveja. Tras el golpe militar pasó a ser cooperativa de trabajadores hasta que las leyes del capitalismo concentraron las tres fábricas en una sola: Bellavista Oveja Tomé, comprada por la familia Ascuí en 1982, desde donde pasó a manos de los actuales dueños: Otero, Kaufmann y Berczely.
Trabajo explotado
Con su propio dolor los obreros de Oveja Tomé han comprendido que su trabajo entregado por tantos años sólo ha servido para enriquecer a sus patrones, sin que prácticamente nada haya quedado para el pueblo de Tomé.
Los tres dueños de la fábrica, Miguel Otero, Cristóbal Kaufmann y Gabriel Berczely, solicitaron la quiebra argumentando que no pueden pagar las deudas de la empresa, dejando a los trabajadores y sus familias entregados a su propia suerte.
Es una característica de la empresa capitalista explotar el trabajo obrero hasta que éste ya no le es útil, o no aporta a las ganancias esperadas para el burgués. Otero, Kaufmann y Berczely supieron obtener sustanciales ganancias por algunos años, pero en el camino del desarrollo imperialista se vieron absorbidos por la competencia internacional.
Frente a la imposibilidad de competir con los monopolios, las burguesías nacionales presionan a sus trabajadores con los salarios para mantener sus márgenes de utilidad. Bellavista aseguraba en septiembre de 2006 que la remuneración promedio mensual de sus obreros especializados era de $330 mil brutos (diario El Sur). Esto sin embargo era “demasiado” comparado con los salarios en las industrias competidoras de Uruguay, cuyos obreros ganan dos tercios del salario de los chilenos, y con mayor razón comparados con India y China, donde un obrero trabajando en condiciones de semi-esclavitud puede ganar la décima parte de uno chileno.
A pesar de esto, las ganancias obtenidas con el trabajo de los obreros de Oveja Tomé sin duda les servirán a Otero, Kaufmann y Berczely para emprender algún otro negocio donde puedan seguir explotando el trabajo del proletariado.
Sealthiel Matamala, dirigente obrero, ahora comprende que la preocupación de los patrones por sus trabajadores siempre fue un simple discurso: “Dijeron que iban a venir a dar la cara a Tomé, no lo hicieron, por lo tanto, nosotros haremos todo lo que esté en nuestro alcance por sacarle el último peso para poder pagar en algo el daño que nos han hecho estos caballeros”.
Crossville, la otra fábrica textil de Tomé, no está en la misma situación que Bellavista. Crossville es parte del monopolio norteamericano Tom James. Aquí la proporción de remuneraciones es a la inversa, los trabajadores tomecitos ganan sólo una fracción de lo que obtienen los empleados de la casa matriz norteamericana. No sería extraño que ahora Tom James compre la fábrica quebrada, recontratando a los obreros con menores salarios; el capitalismo monopolista se desarrolla de esta manera.
Todos estos hechos, más que impulsar a los trabajadores chilenos a conformarse con lo “mucho” que ganan, deben ser una razón para pensar seriamente en construir un futuro socialista, donde los obreros como dueños de los medios de producción generen con su trabajo riqueza y bienestar no para la burguesía y el imperialismo, sino para todo el pueblo; donde el fin de un actividad productiva no signifique dolor para los obreros, sino alegría por la creación de nuevos y mejores empleos para la sociedad.
El cierre de la fábrica y las promesas del gobierno
Las protestas de los obreros y pobladores de Tomé forzaron al gobierno a gestionar nuevos préstamos con tal de tratar de salvar la empresa y evitar que siga creciendo la oleada de protestas populares en nuestro país.
Tras 15 días de negociaciones, Banco Estado ofreció un crédito por 12 millones de dólares, que permitía a los dueños de Oveja Tomé saldar las deudas con sus acreedores. A pesar de esto la empresa decidió cerrar la fábrica de todas maneras, argumentando el fin del contrato con su principal comprador en EE.UU.
Los obreros saben que su trabajo es productivo y es generador de riqueza, por eso anuncian que se opondrán de todas formas al cierre de la fábrica.
“Queremos decirles que lo más probable es que hayan ganado la batalla pero no la guerra. La guerra se la vamos a hacer, la vamos a dar y lo vamos a dejar de manifiesto cuando estos señores lleguen y presenten un síndico de quiebra, y lleguen a la planta y quieran sacarla a pedazos, ahí estarán los trabajadores defendiendo con su vida”, dijo Mario Sanhueza, presidente de uno de los sindicatos (diario El Sur).
Los trabajadores están seguros que la fábrica puede seguir funcionando. Su trabajo especializado y conocimiento de la producción es garantía de lograr producto de alta calidad. Y esto es cierto en todas las empresas. La burguesía y su Estado también lo saben, y usarán todas las armas legales, comerciales y de fuego para impedir que los trabajadores se hagan dueños de su propio trabajo.
Por ahora, el gobierno apuesta a su conocida estrategia de desgastar el movimiento de los trabajadores. El vocero de gobierno, Francisco Vidal, manifestó que Banco Estado cancelará los sueldos impagos y las indemnizaciones para solucionar el problema inmediato. CORFO está trabajando en un programa de “reubicación” de los trabajadores. La experiencia de Lota, sin embargo, puede anticiparnos en qué consiste aquello. Con estas medidas se espera desmivilizar al pueblo de Tomé y retornar a la “estabilidad” y la “cohesión social”.
Los obreros y sus familias están concientes que estas miserables “ayudas” sólo postergarán el sufrimiento del pueblo de Tomé. Para nadie es un misterio que el descontento popular seguirá creciendo y estallando violentamente cada cierto tiempo en la ciudad.
¿Qué nos queda por hacer?
Hoy la unidad de los obreros y sus familias consiguió estas pequeñas conquistas, necesarias para sobrevivir al desempleo masivo, tal como antes las obtuvieron los aguerridos mineros del carbón. Si bien Oveja Tomé no es la única fábrica que ha quebrado o cerrado frente al comercio internacional dominado por el imperialismo, la lucha de sus trabajadores y sus familias es un ejemplo para muchos otros obreros que, silenciosamente, han sido despedidos o han visto reducidos sus sueldos y beneficios.
La unidad de los obreros en sus sindicatos es una forma básica para defenderse de las arremetidas de la burguesía. Pero luchar por evitar el cierre de una fábrica es insuficiente; se hace necesario mirar más alto y levantar la lucha contra los tratados de libre comercio que terminan en miseria para el pueblo, y contra los representantes de la burguesía que los promueven y defienden.
Será la unidad de los obreros, sus familias, estudiantes y el pueblo en general constituidos en Frentes de Defensa del Pueblo lo único que, en una lucha sostenida y prolongada, conseguirá arrancar concesiones y conquistar derechos cada vez más amplios y duraderos. En esta lucha prolongada habrá que aprender que las concesiones económicas, siempre efímeras, sólo pueden ampliarse y mantenerse con el desarrollo de luchas políticas que culminen en lo único que puede solucionar el problema de raíz: la conquista del poder para el proletariado y el pueblo chileno.
   
Tomé: Historia de explotación y miseria(*)
Tomé durante su historia más de una vez ha debido sufrir los efectos de una economía dependiente.
Originalmente un puerto de salida de productos agrícolas, pesqueros y artesanales de baja elaboración como curtiembres y jabones, tuvo su “época dorada” hacia mediados del siglo XIX con la exportación de trigo hacia California.
Precursores de la burguesía compradora chilena como Cousiño y Urmeneta, junto a otros extranjeros, hicieron fortuna en Tomé con el trabajo de sus habitantes y sus riquezas naturales. Según los archivos, hacia 1840 Tomé tenía 5.000 habitantes pero sólo 40 propiedades formales; los trabajadores de la época debían vivir en algo que no daba para llamarse “vivienda”. La población es víctima de cólera y viruela y son frecuentes los cementerios de emergencia para controlar las epidemias y alejar los focos de infección de las zonas habitadas. Surgen así los lazaretos de Cocholque y Bellavista.
Hacia 1865, Tomé tiene 5.300 habitantes. En ese año Guillermo Délano utiliza parte de las ganancias obtenidas por la actividad molinera para adquirir telares y crear la industria de Paños Bellavista.
En 1866, durante la guerra entre Chile y España, el puerto de Tomé y sus instalaciones molineras son bombardeadas, quedando con serios daños. Ante la decadencia de la exportación de trigo a California la burguesía chilena decide no reconstruir los molinos y abandona definitivamente la zona con la consecuente miseria para el pueblo de Tomé.
En 1870, Tomé tiene 6.000 habitantes, pero la fábrica Bellavista sólo emplea a 150 operarios, de los cuales 93 son mujeres o niños. Tornero, historiador de la zona, habla de la miseria de los trabajadores de la época y de las familias que habitan en conventillos.
El las décadas siguientes se abren nuevas industrias textiles que contaban con la abundante mano de obra barata de la zona y la calidad de sus aguas, adecuadas para la faena. Se inicia un período de desarrollo de la industria que se ve favorecido con la demanda de telas para los uniformes del ejército durante la guerra de 1879.
Después de la llegada del ferrocarril en 1913 nuevas inversiones, principalmente italianas, crearon grandes fábricas textiles que funcionaron durante gran parte del siglo XX, entregando cierta “prosperidad” a la zona.
La crisis de 1980 develó los efectos de la apertura del capitalismo burocrático chileno al mercado internacional dominado por el imperialismo hizo que las grandes textiles quebraran, a la vez de dañar seriamente otras ramas de la industria nacional, como el calzado, la industria metalmecánica, de plásticos y química. Desaparece la fábrica Ítalo Americana de Paños, mientras que Paños Bellavista y Paños Oveja deben fusionarse, dejando en total 5.000 obreros despedidos. Se trata de una época en que muchas familias debieron emigrar en busca de trabajo, mientras otras sobrevivieron gracias a los productos del mar.
Hoy, como otras tantas veces, las leyes del desarrollo del capitalismo muestran sus feroces consecuencias frente a los trabajadores: el desempleo y la miseria cuando el trabajo de los obreros ya no es útil para aportar a las ganancias de los explotadores.
(*) En base a apuntes de la historia de Tomé obtenidos desde:
http://spaudoenchile.blogspot.com/]
http://loqueescribiantes.blogspot.com/2005/12/en-tom-se-repite-la-historia.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Tom%C3%A9
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