Las masas claman por rebelarse

Espontánea, aislada, fragmentariamente y, por el momento, de manera dispersa pero creciente, las masas populares están desbordando. Si comparamos con las protestas de la década de los '80, las actuales todavía están lejos de alcanzar esa masividad y convocatoria. Sin embargo, están desatando la rabia contenida, el descontento individual y el reclamo pasivo.
Las huelgas obreras han comenzado a adquirir -muy incipientemente- un nuevo carácter.

Trabajadores que se toman sus lugares de trabajo, marchan y se enfrentan a carabineros. Obreros de la construcción paralizan o toman ilegalmente las faenas, protestan y se rebelan ya sea por la muerte evitable de sus compañeros de obra, por malos salarios y/o por las malas condiciones laborales. Obreros portuarios en el norte protestando violentamente en la calle, quemando neumáticos, cortando el tránsito, enfrentándose a camotazos y cuerpo a cuerpo con fuerzas especiales y reprimidos salvajemente por la policía. Pescadores artesanales en el sur, cortando el tránsito e impidiendo violentamente el paso de las fuerzas represivas. Pobladores que defienden sus tomas de terreno violentamente enfrentándose a tiros con la policía en algunas ocasiones. Secundarios desatando violentas manifestaciones por su derecho a educarse. Cesantes protestando y enfrentando a las fuerzas del orden en distintos puntos del país. Deudores habitacionales cortando el tránsito, desafiando a la policía y protestando en el centro de la capital. Gran parte de estas expresiones de violencia popular que hemos enumerado, son desarrolladas por masas organizadas y con un alto grado de conciencia política de sus actos. Muchos se justifican en que "es la única forma en que podemos ser escuchados".

Sin embargo, también se dan expresiones más intuitivas de dicha violencia popular. Pobladores atacando una comisaría en La Calera por el asesinato de uno de sus vecinos. Múltiples intentos de linchamiento -expresión intuitiva de justicia en la acción- contra violadores. Allanamientos a casas particulares (por tráfico y micro-tráfico) que terminan con una respuesta violenta por parte de pobladores. Explosivo crecimiento de la delincuencia juvenil. Aumento inesperado del abigeato y el cuatrerismo en las zonas rurales. Incluso los 11 de septiembre de los últimos tres años se han convertido en una autoconvocatoria de las masas juveniles populares para protestar violentamente y enfrentarse a la policía. Hay que hacer una salvedad en cuanto a que una parte importante de la violencia delictual en las poblaciones generalmente se ejerce, en última instancia, contra la clase y el pueblo, por ello no es posible hacer de la delincuencia común un aliado revolucionario. No debemos olvidar que la delincuencia es producto del sistema de explotación, de un orden socioeconómico levantado sobre la pobreza para favorecer una insultante riqueza.

Ambos casos de violencia son protagonizadas, en un alto porcentaje (sobre todo el segundo), por niños y jóvenes adolescentes de extracción social popular, particularmente semi-proletarios.

Frente a estos diversos síntomas que expresan una tendencia al alza, todavía embrionaria, de una situación de desborde popular es necesario destacar tres cuestiones. Primero, la clase obrera tiende a desbordar a sus dirigencias y el marco legal. Segundo, las políticas sociales del gobierno, no están logrando contener una situación objetiva de miseria y angustia en los habitantes de los grandes centros urbanos del país (sobretodo jóvenes) y la protesta que se ha iniciado empieza a caminar lentamente, por ahora, hacia su desarrollo. Tercero, las políticas del gobierno frente al problema mapuche no han logrado sofocar la rebelión de este pueblo, al contrario han agudizado más la situación.

Este conjunto de hechos aislados pero que forman parte de la vida las masas; de situaciones esporádicas pero que han aumentado su frecuencia en los últimos cinco años, tienen sobre sí una tupida red de agentes, organizaciones y partidos gubernamentales o paraestatales, dirigentes de masas corruptos o ciegos de economicismo, que trabajan por contener o, en última instancia, desviar la protesta de sus canales revolucionarios. De todos ellos el más pernicioso es el revisionismo (falsos marxistas), pues busca ligar la lucha popular con el electoralismo mediante un discurso demagógico y de tonalidades más o menos revolucionaroides. Sin embargo, no hay que echar a todos en un mismo saco. Son cientos los educadores populares honestos y desinteresados que han encontrado en dichas organizaciones una fuente de ingresos para mantener a sus familias. Son decenas de militantes honestos y con verdadero interés de servir al pueblo los que se han visto a regañadientes impulsando políticas electoreras y reformistas que en su fuero interno verdaderamente rechazan. Son cientos los técnicos y profesionales sinceros que día a día trabajan en condiciones deplorables, arriesgando sus vidas y con frustración ven que son otros los que a costa del pueblo se enriquecen en base a sobresueldos y jugosas indemnizaciones.

Derrotar al revisionismo y su influencia en el seno del pueblo, es una tarea de igual importancia que la de vencer a los principales enemigos del pueblo: el imperialismo (yanqui principalmente), la gran burguesía y los terratenientes. Tenemos ante nosotros enormes tareas políticas. Se necesita preparar y estimular activistas para ampliar los vínculos con las masas, formar propagandistas y agitadores que quintupliquen la influencia de las ideas revolucionarias apuntando a fusionarlas con el movimiento espontáneo de masas. Se necesitan organizadores que sepan desatar en protesta popular toda la rabia y descontento que han acumulado las masas obreras y populares. Es necesario preparar los cuadros para dar un fuerte impulso al desborde popular que se asoma en el horizonte del inicio de la guerra popular. Es fundamental fundir la ideología científica de la clase, el marxismo-leninismo-maoísmo, con el movimiento obrero.

Asimismo, hacemos un llamado a obreros, cesantes, pobladores, mapuches, campesinos, intelectuales, estudiantes, jóvenes populares, mujeres populares, pobres urbanos o rurales, a organizarse en comités donde discutan sus principales problemas y busquen formas de resolverlos mediante la lucha. Los llamamos a desechar las ilusiones electorales y a no votar ni inscribirse.
Otro Chile no es posible, es inevitable. Las masas claman por su rebelión. Sólo el proletariado revolucionario, a condición de fundar su partido, puede darles una correcta dirección.

  U. R. C. (M - L - M)