Las lecciones políticas de la tragedia de Antuco

El actual ejército chileno nació teniendo como punto de partida un ejército revolucionario, nacional y republicano que fue creado y dirigido por un sector revolucionario de la clase terrateniente criolla, a la cual pertenecieron O'Higgins, Carrera y otros próceres chilenos.

Este ejército inicial fue destinado, por esas clases explotadoras revolucionarias, a combatir, derrotar y destruir el viejo Estado colonial (todas sus instituciones, leyes y particularmente al ejército monárquico) impuesto por los reyes españoles en Chile y en el resto de América. Al mismo tiempo, este ejército revolucionario sería el principal soporte del nuevo Estado, el defensor de las nuevas instituciones y leyes impuestas por medio de una guerra de liberación nacional. Este ejército sería el principal (no el único) instrumento de represión, de dictadura, de las nuevas clases dominantes (republicanos) en contra de las viejas clases derrotadas (monárquicos).

En las filas de este nuevo ejército, sirvieron las clases explotadas, sectores populares de diverso origen: criollos, negros, mulatos, indígenas, mestizos, etc., que trabajaban como campesinos, esclavos, mineros, gañanes, aprendices, etc. La gran mayoría de estos soldados eran campesinos que vivían en condiciones de vida y de trabajo paupérrimas, en un régimen de servidumbre, con relaciones feudales o semifeudales con sus amos y señores, los propietarios criollos, aquellos sectores terratenientes privados de libertad política y libertad económica. Estas clases explotadas fueron arrastradas por sus patrones a la guerra civil revolucionaria anticolonial bajo la promesa de que el triunfo de la república les traería una nueva vida, les daría plena libertad e igualdad y un efectivo mejoramiento de sus condiciones de vida. El hecho fue que los amos se asignaron dentro del nuevo ejército los cargos de mando (generales, coroneles, mayores capitanes, tenientes, etc.) y para sus sirvientes, el pueblo explotado, quedaron los cargos más bajos (sargentos, cabos, etc.) El grueso de la tropa, los soldados rasos, sirvieron como carne de cañón para enfrentar al experimentado ejército español.

Una vez derrotados y expulsados los colonialistas españoles de Chile fueron establecidas las instituciones y leyes que consagraron en el papel lo que ya se estaba ejerciendo de hecho (su dictadura) es decir al Estado terrateniente-comprador. Los explotadores criollos ganaron libertades políticas y libertad de comercio pero los derechos y libertades prometidos al pueblo trabajador quedaron incumplidos. Los explotados bajo el reino colonial continuaron siendo explotados, ahora bajo la república burguesa, sin más libertades y derechos que seguir sometidos a sus mismos amos criollos, agachados sobre la tierra o en sofocantes talleres, trabajando interminables y agotadoras jornadas.

El nuevo ejército, el ejército nacido en la lucha revolucionaria por la independencia (de los propietarios criollos) se transformó bajo la república burguesa. De un ejército civil que aprendió a combatir en la lucha misma, ahora se convirtió en un ejército profesional, para defender los intereses de las clases que ahora dominaban. Se transformó de un ejército de liberación en un instrumento de dominación. Se transformó de un ejército revolucionario en un instrumento de represión burgués-terrateniente en contra del pueblo trabajador.

A las filas del nuevo ejército (ahora profesional) acudieron los hijos de las clases trabajadoras en busca de una forma de ganarse la vida y de ascenso social. Ellos llenaron los cargos más bajos, mientras los grandes propietarios mantuvieron el control, permitiendo que sus hijos, parientes o amigos hicieran carrera ocupando los cargos más altos de mando. En la nueva etapa, la de la República, el ejército pasó a ser una organización del Estado terrateniente-comprador clave para dirimir los conflictos entre las clases explotadoras por el control político del país. Sirvió como herramienta principal para masacrar al pueblo mapuche y arrebatar sus tierras, sirvió efectivamente para arrebatar o anexionar territorios por medio de la guerra a países vecinos como Perú y Bolivia a favor de intereses imperialistas. Ha sido eficaz en reprimir y masacrar a campesinos y obreros que luchan por conquistar derechos económicos y políticos. Ha servido fielmente a los intereses de los imperialistas (antes ingleses, hoy norteamericanos) y de la gran burguesía al dar Golpes de Estado e instaurar sanguinarias dictaduras anti-populares. Ninguna de estas actividades son casuales, todas ellas forman parte de su misión permanente que le ha sido asignada por las clases dominantes.

Para cumplir esta misión los altos mandos -en complicidad con el imperialismo y la gran burguesía- han diseñado un sistema de mando vertical y obediencia ciega, el uso de los castigos corporales y la tortura. Mantienen aislados a los soldados del resto del pueblo haciéndoles creer que son algo especial, ubicados por encima de los seres comunes; fomentan el desprecio hacia la clase obrera, los campesinos y las masas pobres; fomentan el desprecio hacia los valores democráticos del pueblo. En resumen, se fomenta una ideología de corte fascista entre sus filas. Sus altos mandos mantienen estrechos lazos de amistad y subordinación con grandes empresarios (son muchos los oficiales que cuando se retiran van a ocupar importantes cargos en diversas empresas). También hay que agregar que las preferencias políticas de los altos mandos son ultra derechistas, principalmente UDI, y RN los más moderados.

Chile hoy continúa siendo una semicolonia y el ejército, (así como las otras ramas de las FFAA) es un ejército semicolonial, unido por miles de lazos con el imperialismo norteamericano, como son: los pactos militares, el abastecimiento de armas y tecnología, la instrucción militar, los intercambios, los foros, asesorías, etc., etc. Esto indica que el ejército chileno es un engranaje más de la maquinaria de guerra que el imperialismo norteamericano ha instalado a nivel mundial para conseguir sus fines políticos y económicos. Por este motivo no debe extrañarnos la presencia de Chile en Haití luego del Golpe de Estado contra el presidente Arístide por parte de los imperialistas estadounidenses y franceses. Los gobiernos de la concertación y los altos mandos se muestran cada día más dispuestos a enviar tropas especiales armadas hasta los dientes, en misiones de paz a cualquier país de América (Colombia, Venezuela, Ecuador, etc.) donde las masas desbordadas amenacen la "estabilidad democrática" (léase intereses de EEUU). Todos estos servicios son prestados a cambio del TLC o de algún importante cargo dentro de algún organismo internacional controlado por los yanquis.

La Constitución Política del actual Estado burgués señala que la República de Chile está constituida por tres poderes: el ejecutivo (gobierno), el legislativo (parlamento) y el judicial (tribunales). Lo que no dice la constitución burguesa actual (ni tampoco ninguna de las anteriores) es que existe un cuarto poder, un poder que trata de mantenerse oculto y que se mueve sigiloso en las sombras. Este es un poder real -que como la famosa espada de Damocles- se mantiene amenazante sobre las tres cabezas visibles del poder. En realidad el verdadero poder se encuentra en los fusiles de este ejército y las otras ramas armadas. Sin este poder militar los otros poderes "visibles" no podrían existir ni un segundo de tiempo.

Al interior de los cuerpos armados del imperialismo y la gran burguesía, predomina en forma absoluta la dictadura de los altos mandos sobre sus subordinados. Al interior de estas instituciones la democracia es algo absolutamente repugnante. Es necesario agregar además, el hecho de que estas entidades burguesas son profundamente clasistas, ya que los oficiales provienen de clases ricas o acomodadas que forman círculos cerrados. Pertenecen a familias 'honorables'. Jamás veremos formando parte del círculo de oficiales a hijos de obreros o campesinos, a nadie cuya familia viva en la Bandera, la Legua, la Pintana, la Pincoya o cualquier otra población de las clases trabajadoras. Otro círculo aparte son los suboficiales y clases ligados más íntimamente a los sectores populares. Este grupo militar jamás podría aspirar a llegar a ser general aunque tenga la capacidad porque está prohibido, porque no proviene de una 'familia honorable', además hay que agregar el hecho (no tan importante como el señalado anteriormente) de que los aspirantes deben asumir millonarios gastos en uniformes, exámenes, etc., y por supuesto, una familia humilde no puede afrontarlos. Por tanto un soldado profesional raso a lo máximo que puede aspirar es al rango de sargento primero o segundo, no más.
Los conscriptos constituyen el estamento inferior en el ejército. Son jóvenes provenientes en su gran mayoría de familias de trabajadores, de familias obreras y campesinas. Son adolescentes que recién han cumplido la mayoría de edad. Son los más despreciados y sobre los cuales recae la mayor cantidad de abusos o castigos crueles y arbitrarios por parte de superiores que quieren hacer sentir cobardemente su poder amparándose en la obligación de la obediencia ciega sin discusión.

Es precisamente en este sector de soldados donde se han producido la mayor cantidad de muertes por accidentes o simplemente asesinatos, abusos sexuales, etc. Ante tales hechos las familias buscan justicia, pero no la tienen, porque los tribunales militares, las fiscalías, están constituidas por militares que reciben órdenes de superiores cuyo único interés es tapar estas situaciones dejándolas impunes. Cualquier avance real se ha obtenido a través de tribunales civiles.

"Los héroes de Antuco"

La muerte de 44 jóvenes reclutas y un suboficial en la cordillera de la VIII Región no es casual, no es puramente un accidente, ni es tampoco un error de mando, las causas reales son mucho más profundas. Debemos buscarlas en el sistema ideológico y político que opera al interior de las FFAA y que sirve a intereses antipopulares y contrarrevolucionarios. Obedece, en lo esencial, a lo que hemos expuesto anteriormente.

Las clases trabajadoras actuales, las herederas de las clases trabajadoras que lucharon en la guerra civil revolucionaria por la independencia de Chile, no pueden ni deben seguir esperando el cumplimiento de promesas que no se han cumplido.

Son muchas las generaciones de trabajadores que, desde la independencia de Chile, han venido escuchando una tras otra, las promesas de políticos de todo tipo, que, lo único real que han buscado ha sido acomodarse en algún cargo importante dentro del Estado. En esos cargos han engordado y se han enriquecido. Una vez allí, su supuesta lucha por defender principios y valores populares ha terminado en la defensa de sus intereses particulares, en la defensa de los cargos conseguidos por medio del voto popular. En la defensa de sus cargos (con sueldos millonarios), no han vacilado en venderse al imperialismo y a la gran burguesía y en recibir su cochino dinero.

En la historia de Chile están registradas gloriosas páginas de lucha huelguística y callejera que llevaron adelante la clase obrera y muchos otros trabajadores. El pueblo chileno debe seguir su propio camino, debe alejarse de los caminos aparentemente fáciles, pero que en realidad esconden trampas y laberintos sin salida (éstos también esconden tragedias como las del 11 de septiembre de 1973). Debemos aprender de la experiencia revolucionaria de la guerra de la independencia. Debemos seguir el camino revolucionario, debemos construir a través de la lucha un ejército propio que sirva a los intereses populares. Debemos fundar, ante todo, un partido comunista, revolucionario y no electorero.

Han muerto 44 conscriptos (y un suboficial -cocinero-). Cumplían con el Servicio Militar Obligatorio (SMO) en forma 'voluntaria'. No tenían más de 19 años de edad. En su gran mayoría eran hijos de familias campesinas y obreras. Murieron congelados por el "viento blanco" de la cordillera de los Andes, en la zona del volcán Antuco. Murieron por un orden absurda y criminal de sus superiores, que los obligaba a marchar 28 kilómetros en medio de la nieve sin el equipo adecuado y sin la experiencia necesaria para sobrevivir en la alta montaña. Todos llevaban poco más de un mes en el Ejército.

Ante estos gravísimos acontecimientos que han afectado a familias trabajadoras declaramos:

1. Rechazamos terminantemente las manipulaciones comunicacionales de la comandancia en jefe, dirigida por Emilio Cheyre, y del gobierno encabezado por Ricardo Lagos. Su único propósito es distorsionar la verdad de los hechos y aplacar la indignación popular. Se intenta difundir la idea de un supuesto 'accidente' producido por una orden 'errónea', lo que es absolutamente falso.

2. Repudiamos cualquier intento de la comandancia y del gobierno de silenciar las voces de los conscriptos sobrevivientes y de los familiares de las víctimas por medio de compensaciones económicas o de cualquier tipo. Estas compensaciones deben ser entregadas sin condición alguna y sin que ellas entraben o impidan la búsqueda de justicia. También los sobrevivientes deben ser compensados de una forma efectiva (Estudio completo y gratuito, con alimentación y habitación incluida, de una carrera profesional u oficio a total elección)

3. Apoyamos plenamente los esfuerzos de las familias afectadas en su búsqueda de castigo a los culpables, repudiando la intervención de la Fiscalía Militar por su falta de independencia. Denunciamos que por ese camino los juicios se alargarán hasta el infinito y el desenlace más probable será la impunidad de los culpables. Ese ha sido históricamente el propósito de la Justicia Militar en relación a los civiles.

4. Hacemos un llamado a los jóvenes chilenos que han hecho el Servicio Militar a realizar talleres en el que discutan el real papel de las FFAA burguesas en la sociedad en que vivimos. A exponer su carácter antidemocrático. A denunciar la ideología fascista y la dictadura permanente que impera en los cuarteles. A exponer su carácter clasista por el cual los jóvenes trabajadores de las poblaciones y barrios obreros jamás podrán llegar a ser comandantes. Los llamamos a denunciar estos hechos por medio de mitines, rayados, volantes, etc.

Llamamos a los jóvenes reclutas (voluntarios o no) a formar comités secretos para resistir a todas las formas en que se expresa la ideología militar burguesa. Para luchar contra todo tipo de abuso y arbitrariedad. Para eliminar los castigos corporales y psicológicos. Para eliminar la tortura.