|
Las
tareas de los revolucionarios comunistas
La
clase y el pueblo han conmemorado un nuevo 1° de mayo coronando con
ello dos meses de intensas movilizaciones y luchas. Ha sido relevante,
en este sentido, el repunte de la lucha y protesta de las masas contra
el gobierno y la gran burguesía: la huelga y marcha de los obreros
y trabajadores de SOPROLE por mejores salarios; la huelga de los trabajadores
de su Partner en Valparaíso; la lucha de los cesantes de Lota por
el derecho al trabajo; la combativa lucha de los pescadores en Valdivia
contra la injusta repartición del recurso pesquero; la lucha de
los estudiantes de Enseñanza Media y Básica por exigir gratuidad
en el pasaje de la locomoción colectiva y en la PSU; la lucha de
los estudiantes de las Universidades del Consejo de Rectores contra una
Ley de Financiamiento que acarrearía más deudas y perjuicios
a los hijos del pueblo; la protesta de los sin casa y de los deudores
habitacionales; el paro nacional de los trabajadores del Servicio de Aduanas
por un sistema de retiro digno y los del Ministerio de Relaciones Exteriores
por mejoras a los sueldos.
Todo este torrente de luchas, sin embargo,
aún no logra convertirse en un movimiento anti-imperialista consecuente,
combativo y revolucionario. Los comunistas hemos hecho poco todavía
por explicar a las masas y relacionar estas luchas, aún aisladas,
con la condición semicolonial del país. La transformación
de este movimiento de masas espontáneo en movimiento revolucionario
de masas no se produce automáticamente. Es necesaria la actividad
conciente. Esto significa que no podemos sentarnos a esperar, o reducir
nuestro quehacer a la parsimoniosa entrega de propaganda. Todas estas
luchas, que duda cabe, crean las mejores condiciones para la actividad
de los comunistas revolucionarios. Hay que ligarse a las masas, a sus
luchas, y ser inagotables en explicarles el carácter de clase de
este gobierno; hay que combatir la nefasta ilusión en el parlamento,
en los tribunales y en las distintas reparticiones del aparato estatal.
Los obreros en huelga, cansados de legalidad,
quieren pasar a acciones más decididas. Los estudiantes, a nivel
nacional, responden al Gobierno y al Parlamento con marchas, mítines,
funas, con neumáticos encendidos y enfrentamiento callejero. Los
pescadores cortan el tránsito y se enfrentan violentamente con
la represión. Los secundarios populares, dando claras muestras
de valor, se enfrentan sin miedo a la policía. La violencia es
una ley histórica, las masas inevitablemente cumplen con ella.
Las luchas todavía son parciales,
fragmentadas, casi sin dirección y además, duramente reprimidas.
No obstante ello, demuestran que es posible desatar la protesta popular.
Las tareas de los revolucionarios consisten
precisamente en unirse a las masas, organizarlas, movilizarlas y hacerlas
concientes de la necesidad de la demolición del viejo Estado burgués
y la conquista del poder mediante la violencia revolucionaria para establecer
una auténtica democracia; una nueva democracia que nos lleve ininterrumpidamente
a la construcción de una sociedad socialista en Chile. Es la única
forma de servir a la revolución proletaria mundial. Es imposible
avanzar ni un milímetro sin esclarecer entre las masas este aspecto
político fundamental.
Por ejemplo, el gobierno pro-imperialista
de Lagos, quiere pasar a la historia como un gobierno que representa a
un Estado políticamente independiente. Para ello se nos ha presentado
la candidatura de Insulza a la Organización de Estados Americanos
(OEA) como un verdadero desafío a la política exterior de
la superpotencia norteamericana. Nada más falso. Debemos explicar
que la política exterior del gobierno de la Concertación
va de la mano con la política exterior yanqui. No existe candidato
bueno a la OEA, no puede haberlo mientras este organismo sirva los intereses
del imperialismo estadounidense. No es posible que quienes masacran niños,
mujeres y ancianos en Irak, violan los derechos del pueblo, torturan y
encarcelan, repentinamente, mediante la OEA, tengan buenas intenciones
respecto de Haití. La OEA ha sido un vil cómplice de la
política contrainsurgente yanqui para Latinoamérica. No
es de extrañar que un ministro del Interior, como José Miguel
Insulza, que ha ordenado y respaldado la acción represiva contra
las luchas del pueblo en Chile, también lo haga a nivel continental
como secretario general de la OEA pro-yanqui. Las masas latinoamericanas
no tenemos nada que esperar de un socialista como Insulza, o de una OEA
de izquierda.
Los revolucionarios comunistas tenemos arduas
tareas por enfrentar en el presente, pero sólo las masas, con la
clase obrera y su partido a la cabeza, podrán hacer los cambios
revolucionarios que se necesitan.
  U.
R. C. (M - L - M)   
|